Desarrollo sostenible: ¿qué hace la inversión extranjera directa?

Escrito por  Alejandro Zegada/ El País eN Jul 19, 2015

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD) en su Informe
Sobre las inversiones en el mundo 2014, intentó cuantificar las inversiones mundiales necesarias para alcanzar el desarrollo sostenible, en todos sus ámbitos. La cifra arrojada alcanza los 3.9 billones (billones españoles, o sea millones de millones) de dólares anuales, y que la brecha actual para alcanzar este nivel llega a 2.5 billones de dólares anuales.

Entre los ámbitos del desarrollo sostenible existen tres objetivos específicamente medioambientales: la mitigación y adaptación al cambio climático, la biodiversidad y el mantenimiento de los ecosistemas, y los servicios de agua y saneamiento.
Según el informe de UNCTAD, las inversiones necesarias para esos objetivos son también astronómicas: hasta el año 2030 se debe invertir entre 680.000 millones y un billón de dólares adicionales a lo que se invierte actualmente.
Por su parte, la Comisión Económica Para América Latina (CEPAL), detalla que la contribución actual del sector privado en mitigación del cambio climático alcanza solamente  al 40% de la inversión necesaria en los países en desarrollo, y hace un llamado para que este sector aumente su contribución, puesto que en los países desarrollados alcanza el 90%.
“Dentro del sector privado hay diferentes fuentes de financiamiento. Los bancos y los fondos de pensiones tienen activos totales acumulados en países en desarrollo que alcanzan montos de 8.8 billones y 1.4 billones de dólares, respectivamente”, afirma la CEPAL.
Mientras tanto, de acuerdo con el informe de UNCTAD, las empresas transnacionales “disponen de activos por un total de 7 billones de dólares en economías en desarrollo (incluidos 2 billones de dólares en América Latina y el Caribe) y cuentan asimismo con 5 billones de dólares en efectivo”.

Inversiones de la IED
La CEPAL considera que “una parte muy considerable” de las inversiones necesarias para lograr la sostenibilidad deben estar dirigidas al sector de infraestructuras, y no solo la generación de energía sino también las infraestructuras de transporte o de riego.
El problema es que actualmente la Inversión Extranjera Directa (IED) en Latinoamérica se centra en los sectores de Servicios, Manufacturas y Recursos naturales, además con gran disparidad entre países. Por ejemplo, en Brasil y México más del 80% de la IED va a Serivicios y Manufacturas y sólo un 10% a Recursos naturales. Mientras tanto, en países Colombia cerca del 60% de la IED va al sector de Recursos naturales.
El caso de Bolivia es aún peor: el 69% de esta inversión está orientada al sector hidrocarburos. Además, la cantidad de empleos generado por la IED es sumamente baja, pues entre 2003 y 2013, por cada millón de dólares provenientes de IED se crearon apenas 1,1 puestos de empleo directo. Esto se debe precisamente a que los sectores que captaron esa inversión fueron los extractivos, que requieren de altos capitales, demandan poca mano de obra.
El agravante al problema es que la estructura de la IED en Bolivia, enfocada a estos sectores, está promoviendo la “reprimarización” de la economía, lo que equivale a decir que se profundiza la dependencia de sectores relacionados a la extracción de recursos naturales y monocultivos para la exportación.
Esta situación, si es que no se ingresa a una economía industrializada, “genera un bajo valor agregado y poca generación de empleo en comparación con economías diversificadas, mostrando la importancia que tiene en el país la implementación de políticas de diversificación de la matriz productiva, para mejorar el empleo y la distribución del ingreso”, advierte la Fundación Jubileo.
De cualquier manera, “son los gobiernos los responsables de diseñar una infraestructura con criterios de sostenibilidad”, según el criterio de la CEPAL

Renovables y
tecnologías limpias
La polémica por la apertura de las Áreas Protegidas a la exploración y explotación de hidrocarburos en Bolivia ha tenido gran repercusión en parte debido a la potencial presencia de empresas transnacionales en este tipo de zonas, la que ha generado la susceptibilidad y desconfianza entre poblaciones indígenas, activistas, investigadores y ONGs.
Esta susceptibilidad puede justificarse, también en parte, porque la IED en Bolivia se enfoca a sectores extractivos, mientras que en países vecinos la IED tiene gran relevancia también en las tecnologías limpias y energías renovables.
Por ejemplo, según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en 2013 la inversión en energías renovables para Brasil fue de 3.000 millones de dólares y para Chile  fue de 1.600 millones de dólares.  La misma fuente indica que Brasil alcanzó a mediados de 2014 los 5.000 MW de capacidad de generación con energía eólica con una inversión estimada de 7.000 millones de dólares, más del doble de la registrada el año anterior.
En economías más pequeñas el PNUMA destaca los casos de Uruguay, con inversiones de 1.100 millones de dólares, Costa Rica (600 millones de dólares) y Nicaragua (100 millones de dólares).  
“En el Uruguay se alcanzó en 2014 una capacidad de 490 MW provenientes de energía eólica, un sexto del total generado en el país, y se estima que a finales de 2015 se llegará a 1.200 MW”, destalla el informe.
Según GTM Research, la energía solar fotovoltaica es actualmente la fuente de mayor crecimiento, y estima que en 2014 se instalaron en la región 805 MW de nueva capacidad fotovoltaica (frente a 131 MW en 2013 y 2.313 MW proyectados para 2015).
“El país más activo en la producción de energía fotovoltaica es Chile”, destaca la publicación, “donde se instalaron 308 MW en 2014 y se proyecta 1 GW más para este 2015.  El proyecto más grande en construcción es Luz del Norte, en Copiapó (Chile), a cargo de la empresa estadounidense First Solar, que tendrá una capacidad de 141 MW cuando esté listo, en diciembre de 2015”.
La CEPAL explica que la expansión de las inversiones en nuevas energías renovables “se ha basado en una combinación de apoyo estatal, condiciones de mercado favorables e inversión extranjera directa”.
Tomando estos datos en cuenta, puede valer la pena replantearse el rol que debería jugar la IED en Bolivia, de manera que contribuya más al desarrollo sostenible y menos a la “reprimarización” de la economía del país.

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