Economías del Banco del Sur deben dejar de mirar al norte

Escrito por  Alejandro Zegada/El País eN Jul 19, 2015

Tras siete años de lentas negociaciones, se tiene previsto que el Banco del Sur comience a funcionar este 2015. El momento podría ser el preciso, pues la bonanza de los precios de las materias primas que exporta Bolivia (y en general la región) ha llegado a su fin, haciendo urgente la implementación de nuevas políticas de desarrollo menos dependientes del extractivismo y de las economías del norte.

En este sentido, lo interesante del Banco del Sur es que el origen del capital disponible es totalmente latinoamericano. El capital inicial será de 8 mil millones de dólares, que podrá ampliarse a 20 mil millones de dólares con los aportes de Brasil, Argentina, Venezuela (con 4 mil millones de dólares cada uno), mientras que Paraguay, Uruguay, Bolivia y Ecuador deberán aportar con 8 mil  millones de dólares en conjunto.
Actualmente, los proyectos en los países de la región todavía son financiados mayoritariamente por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial (BM), que desembolsaron 153.030 millones de dólares en el periodo 2008-2014.
Mientras tanto, la Corporación Andina de Fomento, el Banco del ALBA, el Banco Centroamericano de Integración Económica y el Banco de Desarrollo del Caribe, sólo desembolsaron la mitad del BM y el BID (82.465 millones de dólares) en el mismo periodo, lo que muestra el predominio de esas instituciones consideradas del “norte”.
Si bien el Banco del Sur podría ayudar a disminuir esta brecha de financiamiento, es evidente que la diferencia es aún sustancial.
Por ello, el economista mexicano Ulises Noyola, considera que “el éxito de los proyectos regionales dependerá de la cooperación y convergencia de los países miembros que poseen diferentes intereses, prioridades y disputas en la región”.
“La evolución positiva del Banco del Sur exigirá mayores aportaciones de los países miembros dada la fragilidad financiera de América Latina que está imposibilitada a mantener las necesidades de financiamiento en los períodos cruciales de crisis. Ello permitirá a los países latinoamericanos acceder a fuentes alternativas de financiamiento, situación que evitará la condicionalidad de los préstamos otorgados por el BID y el BM”, destaca Noyola.
El país llamado a liderar este proceso por su importancia económica, poblacional y política, es Brasil. Sin embargo, en los últimos meses se ha visto que el vecino país está más enfocado en cambiar su status en el sistema mundial como gran potencia.
De ahí que se ha conocido por la prensa internacional de sus relaciones con el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura y el BRICS, donde contribuye con grandes desembolsos económicos con el fin de aumentar su presencia a nivel internacional.
Según un informe del BID del año 2014, el comercio intrarregional de Brasil con los miembros del Mercado Común del Sur (MERCOSUR) apenas representa 10% del comercio total de ese país. Noyola considera que esto es “insuficiente para estimular la convergencia de los países suramericanos”.
Adicionalmente, el establecimiento de acuerdos comerciales entre el MERCOSUR y los bloques de las economías latinoamericanas pequeñas como la ALBA y la Comunidad del Caribe, parece estar cayendo a segundo plano para dar paso a los acuerdos de envergadura para las economías más grandes de la región.
Para el economista mexicano, la verdadera agenda económica de Brasil consiste en  “reforzar las relaciones del MERCOSUR con grandes bloques como la Unión Europea, Estados Unidos y China para impulsar las exportaciones de materias primas ante los resultados económicos negativos en 2015”.

 

Potencial para cambiar el modelo de desarrollo

 Está previsto que el Banco del Sur financie 5 rubros principales: a) apoyo a sectores clave de la economía; b) apoyo a sectores sociales como vivienda y salud; c) expansión e interconexión de la infraestructura regional; d) reducción de las asimetrías de los países miembros.
De ahí que el financiamiento de actividades enfocadas en la “diversificación de las estructuras productivas es primordial para reducir las relaciones de dependencia de las economías latinoamericanas”, destaca Noyola, en un contexto donde las economías regionales son altamente extractivas y basadas en la exportación de materias primas.
Según el BID, Venezuela, Ecuador, Bolivia, Colombia, Paraguay, Chile, Perú, Guyana, Suriname y Uruguay poseen más del 80% de sus exportaciones concentradas en materias primas, lo que evidencia una alta vulnerabilidad de estas economías a los shocks externos y crisis internacionales.
Para ayudar a cambiar este patrón de desarrollo, se debe apoyar proyectos de integración que fortalezcan las cadenas de valor regionales, pero tomando en cuenta que el tipo de infraestructura construida determinará el tipo de desarrollo de la región.
En este sentido, el Banco del Sur deberá “cambiar la tendencia de la mayor parte de los proyectos de infraestructura pertenecientes a la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA) financiados principalmente por el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil”, afirma Noyola.
El economista mexicano advierte que “la mayor parte de los proyectos de la IIRSA consisten en obras de infraestructura y corredores que impulsan la exportación y explotación de los recursos naturales de Sudamérica. Las empresas multinacionales brasileñas explotan la biodiversidad regional, creando fricciones y disputas con los países fronterizos que poseen recursos naturales estratégicos”. El mismo caso se replica con las nuevas instituciones financieras multilaterales creadas por el BRICS. Un ejemplo es “la reciente propuesta de Brasil al Banco de Desarrollo del BRICS de financiar un corredor ferroviario interoceánico con salida al Pacífico para aumentar la competitividad de las materias primas exportadas hacia China”, indica Noyola.

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