La baja productividad frena el desarrollo de Bolivia

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS eN Feb 21, 2016

En la Europa precapitalista, “la miseria campesina condujo a la proletarización masiva del campesinado y a la formación del capital industrial, a la creciente extensión de las manufacturas, y posteriormente a las empresas industriales”.

Así fue como se industrializaron y se desarrollaron esos países, destaca Eric Toussaint, profesor de la Universidad de Lieja (Bélgica) y portavoz del Comité para la Anulación de la Deuda del Tercer Mundo (CADTM).
Sin embargo, “para numerosos países de la Periferia solamente se reprodujo la primera parte del proceso. La segunda parte se realizó de manera parcial e insuficiente. ¿Por qué?”, se pregunta el experto.
La teoría económica neoclásica considera que la clave está simplemente en el crecimiento, que se logra a través de un elevado nivel de ingreso, que a su vez genera un ahorro suficiente que permita los niveles de inversión necesarios para ese objetivo.
Sin embargo, el teórico alemán Ernest Mandel demostró en 1968 que el problema no está tanto en la insuficiencia del capital-dinero (ahorro) sino en las condiciones socioeconómicas del conjunto de la economía-mundo y en la estructura de clases de los países subdesarrollados, siendo factores que traban la movilización y las inversiones productivas.
En este aspecto coincide Touissant, quien observa que “la acumulación primitiva del capital-dinero prosigue en el Tercer Mundo. Aunque una parte de ese capital se pierda para el país, hay en el Tercer Mundo capitalistas locales que podrían financiar un proceso de industrialización. No obstante, en la mayoría de países no lo hacen, o muy parcialmente”.

Desventajosa inserción en el mercado mundial
Según el experto, los países pobres fueron incluidos en el mercado mundial por el interés del capital occidental (Europa, Estados Unidos, Canadá, a los cuales se agregó Japón a partir de fines del siglo XIX) en las materias primas complementarias a sus procesos industrializadores, generándose así una división del trabajo enmarcada en el mercado mundial capitalista.
“Una parte de la plusvalía producida en el Tercer Mundo es realizada en el mercado mundial” por la burguesía extranjera “y no por la burguesía local”, agrega Touissant.
Touissant observa que además, la deuda y “otras formas de transferencia de la Periferia hacia el Centro” como “la fuga de capitales, el saqueo de los recursos naturales (incluido el material genético), la fuga de cerebros”, entre otros, impide la acumulación de capital industrial.
“Señalemos que esta pérdida de acumulación primitiva del capital industrial es ampliamente superior a la  Ayuda Oficial al Desarrollo, que en realidad constituye una ayuda a las empresas del norte industrializado”, advierte.

La ley del valor en la globalización
La globalización, diseñada especialmente para facilitar la movilidad del capital, acentúa las diferencias de productividad y de intensidad de trabajo entre los países.
Toussaint explica: “el trabajo del país que posee la productividad de trabajo más elevada será valorizado fuertemente, es decir que el producto de una jornada de trabajo en eses país será intercambiada contra el producto de más de una jornada de trabajo de un país menos industrializado”.
A su vez, “si un país cuya productividad es inferior a la media mundial produce mercaderías exclusivamente para la exportación, el valor de esas mercaderías no será realmente determinado por el trabajo suministrado, el país sufre una pérdida de valor por la exportación: recupera a cambio de la cantidad de trabajo suministrado para esa exportación el equivalente de una cantidad de trabajo menor”.
Esto ocasiona que ese país se empobrece relativamente en relación a los países más desarrollados.
En una investigación de 2012, los economistas bolivianos Carlos Gustavo Machicado, Osvaldo Nina y Luis Carlos Jemio, encontraron que la productividad total de los factores (PTF) permite explicar el bajo crecimiento de Bolivia durante 20 años y en toda su historia económica moderna.
Según define el expresidente del Banco Central de Bolivia, Juan Antonio Morales, la PTF es “el aporte al crecimiento que no resulta directamente del aumento de la cantidad de factores productivos, como el capital y el trabajo”.
Así, la PTF mide la eficiencia con que los factores de producción son transformados en producto final. Según los investigadores, si se hubiese cerrado la brecha de productividad con países de economía avanzada, se hubiese producido una mayor acumulación de capital, ya que la productividad  y la inversión actúan sinérgicamente.
La productividad no es, entonces, un tema tangencial. “Debido a la diversidad de valores de las mercancías y de la productividad de los países integrados en el mercado mundial capitalista, los países menos desarrollados” se ve obligados “a una especialización que les es desfavorable”, advierte Toussaint.
Y si a pesar de todo intentan comprometerse en la producción de mercancías industriales avanzadas, “están condenados a venderlas a pérdida en el mercado interior, puesto que la diferencia de costes de fabricación con respecto a los países industrializados supera la diferencia entre el valor en el mercado nacional y el valor en el mercado de los países exportadores”.
La trampa de la ley del valor está servida. Toussaint considera que la única forma de afrontar este problema es que los países subdesarrollados se protejan “mediante barreras arancelarias y no arancelarias, y ayuda a los productores nacionales. Es lo que hicieron y continúan haciendo Corea del Sur, Taiwan y China”.

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