Miércoles, 18 Octubre 2017

¿Indicador confiable? mientras el PIB crece Bolivia se empobrece

Escrito por  ALEJANDRO ZEGADA/EL PAÍS EN Jun 10, 2016

¿Cómo explicar que, al igual que en los rutilantes años del neoliberalismo, el PIB boliviano crecía pero el país se empobrecía a pasos acelerados, hecho del que ahora el presidente Evo Morales se jacta?

Recordemos: el PIB boliviano creció en 5,27% el año 1991 y también el año 1998 (5,03%), cuando Jaime Paz Zamora gobernaba y cuando Gonzalo Sánchez de Lozada - Hugo Bánzer “capitalizaban” (información tomada del Instituto Nacional de Estadísticas - INE). Sin embargo, en ambos casos, sobre todo en el último, Bolivia parecía extenuarse.
De hecho, según datos del INE y UDAPE, la tasa promedio de crecimiento anual del PIB en el periodo 1993-1998 fue de 4.66%, y en los años 1997 y 1998 llegó al  5%. Pero poco tiempo después, las empresas privadas exigían perdonazos tributarios y reprogramación de pagos de deudas bancarias, pues en los hechos el Estado boliviano no pagaba sus cuentas y la falta de liquidez era generalizada. ¿Por qué?
Según explican los autores Paul Samuelson y William Nordhaus, lo que el PIB cuantifica en realidad es la producción total llevada a cabo en un país, independientemente de la residencia del productor que la genera (extranjero o nacional). En Bolivia, Petrobras, Repsol y el sector textilero de El Alto son todos cuantificados en el PIB boliviano. Juntos y revueltos.
Un ejemplo brindado por un economista ayuda a graficar esto: “si por ejemplo una cantante, residente en Bolivia, se desplaza hasta España y da un concierto en este país, este servicio se incluirá en el PIB de España y no en el de Bolivia”. Y viceversa.
Así, el PIB toma en cuenta lo producido en Bolivia aunque ésta sea en realidad propiedad de extranjeros; parte del ingreso recibido por el trabajo y el capital en la economía interna en realidad les pertenece a extranjeros. El PIB mide entonces el ingreso de los factores de producción al interior de los límites de la nación, sin importar quién percibe el ingreso.
De ahí que el crecimiento del PIB en un país es totalmente compatible con un simultáneo empobrecimiento de ese país; el PIB en Bolivia puede crecer a tasas altísimas mientras al mismo tiempo el aparato productivo boliviano puede estarse ahogando.

Empresas estatales
y privadas en crisis
El jueves 2 de junio, el vicepresidente Álvaro García Linera atendió a la presentación del libro “Minas, Balas y Gringos: Bolivia y la Alianza para el Progreso en la era Kennedy”, de Thomas Field.
En la ocasión, García Linera destacó el PIB que ahora tiene Bolivia que alcanza a 34 mil millones de Dólares, a diferencia de gobiernos neoliberales que mantenían el PIB boliviano del 20% dependiente de la caridad norteamericana.
“El dato que da nuestro autor Thomas, es contundente, el 20% del PIB boliviano dependía de la caridad norteamericana, hoy día el producto interno bruto boliviano son 34 mil millones de dólares, significaría que el 20% es decir alrededor de 7 mil millones de dólares, dependerían de Estados Unidos”, afirmaba el vicepresidente.

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Es un dato no menor, aunque al final de cuentas sigue mostrando que el PIB como indicador está desconectado de la realidad.
¿Cómo, entonces, puede ocurrir en un mismo día que el presidente de Bolivia afirme que el PIB creció los primeros meses de este año 2016 más del 5% y, a la vez, anunciarse el cierre de la estatal Enatex, 14 empresas privadas o la ESM (Mutún), también estatal, con varios meses de salarios impagos, o Huanuni debatiéndose entre la quiebra o el maquillaje?
A lo que se suma la reciente denuncia de la Confederación General de Trabajadores Fabriles de Bolivia: tras el cierre de Enatex, con más de 800 obreros despedidos, ahora se forzó a los más de 80 trabajadores de la estatal Cartones de Bolivia (Cartonbol) a salir de vacaciones colectivas por cuatro meses.
¿Es síntoma de salud o enfermedad el hecho que, luego de diez años de crecimiento del PIB con el gobierno de Evo Morales, éste acabe entregando cerca de 6.000 millones en contratos a empresas extranjeras para la ejecución de obras y proyectos en nuestro país, desplazando al aparato productivo boliviano que a duras penas sobrevivió el neoliberalismo también extranjerizante?

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Estas preguntas se están empezando a hacer recurrentes entre analistas, empresarios y ciudadanos de a pie, que ven día a día la contradicción entre las cifras oficiales de crecimiento y la realidad.
En suma, pareciera ser que la “nacionalización” ayudó a mejorar los ingresos nacionales de la actividad extractiva primaria, pero las otras políticas económicas ayudan a que ese dinero se dilapide y evapore, destruyendo inexorablemente la base productiva nacional, privada y pública, en beneficio de empresas y países extranjeros.
Recordemos que, según datos del propio Banco Central de Bolivia, alrededor del 96% de los 13 mil millones de dólares que componen las Reservas Internacionales Netas (RIN) están prestados a bancos, agencias y países del mundo capitalista generando retornos de apenas 0,75%.
Lo mismo ocurre con el TGN: Según Boletín Estadístico del Tesoro General del Estado (TGN) 2014 (publicado a mediados de 2015, hasta el momento es la última información disponible en el sitio web del Ministerio de Economía) detalla que entre 2013 y 2014, Bolivia prestó a bancos y países del extranjero un monto de 640.810.019,1 bolivianos (más de 92 millones de dólares) provenientes de la liquidez del TGN, generando rendimientos acumulados de apenas 0,36%.

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Bolivia continúa con "estupidez" de prestar miles de millones de dólares al capitalismo internacional

El efecto “doble aguinaldo”
El único justificativo expresado por el gobierno para el pago del doble aguinaldo y otras cargas sociales, incluido también en el mismo DS. 1802, es que un crecimiento igual o mayor al 4.5% del Producto Interno Bruto (PIB) “repercute de manera directa en el nivel de vida, reposicionando un valor indicativo del poder adquisitivo”.
Y recientemente, el presidente Evo Morales manifestó que este año “va a estar garantizado el doble aguinaldo, aunque algunos empresarios puedan protestar”.
Sin embargo, además de que el PIB no es un indicador válido de la realidad económica boliviana, el economista Roberto Laserna considera que “no basta el crecimiento económico para que mejoren las condiciones de vida de los trabajadores. Hay distintos tipos de crecimiento económico y que lo verdaderamente importante es lo que sucede en los sectores económicos que emplean la mayor cantidad de trabajadores”.
Por las características de la economía boliviana, se sabe que los sectores que emplean mayor cantidad de trabajadores son los de la economía popular urbana y rural: pequeñas empresas, comercios, cuentapropistas, agricultores.
Según datos de FUNDEMPRESA, actualizados hasta abril de 2016, en Bolivia predominan precisamente las empresas pequeñas, donde más del 80% son empresas unipersonales.
De igual manera, en los últimos años los datos del INE mostraban que sólo el 0,3% de las empresas  en el país son grandes, 4,8% pequeñas y medianas (Pymes) y 94,9% son microempresas. En otras palabras, solo 3 de cada mil empresas en Bolivia son consideradas grandes (y son las principales contribuyentes de impuestos).
Analistas consideran que sólo esas tres de cada mil empresas estarían en condiciones materiales de asumir el pago de un doble aguinaldo, y que esas empresas son las vinculadas a la explotación de gas y petróleo (Petrobras, Repsol, Total, e YPFB) así como las empresas vinculadas a la intermediación financiera (bancos).
En esta línea, el director del Centro de Documentación e Información Bolivia (CEDIB), Marco Gandarillas, señaló que “el gobierno de Evo Morales sigue mentalmente colonizado en lo que a economía se refiere. Las únicas empresas que podrían pagar dos, tres o cuatro aguinaldos son las transnacionales como Petrobras, Repsol y Total que siguen succionando la riqueza petrolera, y las mineras como Sumitomo”.

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El PIB un indicador
“inapropiado”
El economista sueco Jorge Buzaglo se pronunció en contra de seguir utilizando el PIB para medir el progreso económico de los países y afirmó que los procesos económicos insostenibles “como la masiva fuga de capital, el endeudamiento externo, la des-industrialización, la re-primarización y el extractivismo”, que “pertenecen íntimamente a la lógica del capitalismo global, pueden ser indefinidamente consistentes con el crecimiento del PIB”.
En otras palabras, el PIB puede mostrar un saludable crecimiento cuando simultáneamente se profundiza el carácter primario y extractivo de la economía, y mientras crece la desigualdad, la explotación y la pérdida del valor de los salarios.
Según Buzaglo, la ciencia económica, en lugar de enfocarse en “la generación y distribución de ingresos entre grupos y clases sociales”, durante el siglo pasado se dedicó a “la medición de la producción y el ingreso de una manera que sea utilitaria para financiar las guerras y evaluar el potencial militar de los países”, siendo ése el verdadero origen de la utilización del PIB para medir el poderío económico. De ahí lo inapropiado de esa tasa para medir la realidad económica de países como Bolivia.
De acuerdo con Buzaglo, este tipo de contradicciones surgen debido a que el enfoque de los planificadores de las economías en el mundo sigue la lógica del capitalismo. “La lógica del capitalismo es la acumulación de capital: El crecimiento y la acumulación de capital son fines en sí mismos, y están tallados en el código genético del sistema”, explica.

¿Son confiables los datos oficiales de la economía?

En una publicación de World Economics (organización internacional que afirma estar desarrollando mejores y más rápidas mediciones de la actividad económica), se muestra que Bolivia sería uno de los peores países en cuanto a la calidad de sus datos oficiales respecto al Producto Interno Bruto (PIB).
En su Índice de Calidad de Datos, un ranking de 154 países evaluados, Bolivia ocupa el puesto 150 en baja calidad de los datos, situándose solo por encima del Congo, Mali, Sudán y Haití.
Según World Economics, su Índice de Calidad de Datos se calcula en base a 5 aspectos: año base utilizados (el punto de comparación que usan los países para mostrar el crecimiento de su PIB), los estándares de cuentas nacionales utilizadas, el tamaño de la economía informal, los recursos usados para medir la actividad económica, y la intensidad de la corrupción.
“No se puede confiar en los datos del PIB de la mayoría de los países”, afirma la organización, “los datos están errados en una magnitud que muy pocos se dan cuenta”.
En Bolivia, es el Instituto Nacional de Estadística (INE) el encargado oficial para medir el PIB y otros indicadores económicos, sociales y demográficos.
En los últimos meses se ha dado un debate respecto a si el indicador del PIB en Bolivia (utilizado por el gobierno para pagar el segundo aguinaldo y para mostrar sus logros en materia económica) refleja o no la realidad de la economía.