El fantasma todavía está ahí

Jul 08, 2017

Cuando una acción, un equipo o un trabajo empiezan a desmejorar sus resultados, es  necesario realizar cambios de fondo, de enfoque, más que de personas o de acciones coyunturales.

En Bolivia la realidad económica ha cambiado, pero las acciones e ideas de fondo no terminan de adaptarse. Cierto es que la anunciada austeridad en YPFB es un primer paso, aunque discutido desde varios frentes, pues también supone la postergación de la industrialización, algo que de haberse concretado oportunamente podría incluso haber evitado todo el problema.
Los temas de fondo (no de coyuntura), siguen ahí. La salida del Luis Arce Catacora del Ministerio de Economía por razones de salud, efectivamente no ha cambiado nada en lo que respecta a la forma en que se entiende la economía nacional. El sucesor, Mario Guillén, es un continuista confeso.
“Nosotros continuaremos con la implementación del modelo económico del país con esta estabilidad económica que hemos tenido en los últimos 11 años, con la redistribución de ingresos y principalmente garantizaremos nuestros bonos sociales”, dijo a poco de posicionarse el mes pasado, y reafirmó su “compromiso inquebrantable para continuar con el modelo económico social, comunitario y productivo”.
Algunas continuidades de Guillén se dan por inercia y de manera implícita, como el no plantear la abolición de los mecanismos bajo los cuales la liquidez del Tesoro General del Estado y de las Reservas Internacionales (y el ahorro jubilatorio) continúan nutriendo las economías capitalistas más desarrolladas del planeta: “el imperio” a tasas de interés que apenas superan el 1,5 por ciento.
Otras son un poco más notorias, como la cada vez menos defendible adhesión al Producto Interno Bruto (PIB) como indicador de que la economía boliviana es estable y sólida, o el discurso de que los ingresos que genera la actividad hidrocarburífera en el país tienen cada vez “menos peso”.
Basándose en el PIB, precisamente, está es una de las principales armas contra el verdadero “motor interno” de la economía, ese incipiente sector empresarial privado: el doble aguinaldo. En 2016 las empresas bolivianas se salvaron de tener que cargar nuevamente con este peso, gracias a que el PIB creció en 4,43%, insuficiente cifra para activar el pago.
Y aunque sus efectos nocivos sobre el aparato productivo boliviano y sobre la estabilidad y calidad del empleo son cada vez más notorios, el Decreto Supremo 1802, promulgado el 20 de noviembre de 2013, sigue ahí, esperando su momento para volver a dar su zarpazo.
Es este decreto el que establece que el segundo aguinaldo, denominado “Esfuerzo por Bolivia”, sea otorgado cuando el crecimiento anual del PIB supere el 4,5 por ciento.
Guillén, sin querer ser héroe ni villano, prefirió ayer viernes no hacer ninguna proyección sobre el pago del segundo aguinaldo este año, porque consideró que es un tema muy sensible y complicado, por lo que “hay que esperar nomás (los datos) del INE”.
Hoy por hoy, muchos de los trabajadores que celebraron el primer doble aguinaldo no parecen deseosos de que el PIB vuelva a crecer a más del 4,5%, porque los hechos han mostrado que ello pone en riesgo su propia estabilidad laboral.
Aunque todos deseamos que la economía boliviana se recupere, pensamos que lo urgente es potenciar a los sectores internos que realmente generan empleo, para que algún día Bolivia realmente deje de depender de los precios internacionales de las materias primas.