#MarParaBolivia

Mar 21, 2017

La magnitud de la crisis fronteriza entre Bolivia y Chile es tal que se corre el riesgo de que eclipse el acto formal de entrega a la Corte Internacional de Justicia de La Haya del legajo con la réplica a los argumentos expresados por el país transandino en su contramemoria,

donde una vez más niega la evidencia no ya del expolio marítimo sino también de las promesas tantas veces repetidas por los distintos mandatarios a lo largo del tiempo de garantizar una salida soberana de Bolivia al mar.
La escalada de tensión ha llegado al primer nivel y son los dos presidentes quienes se han cruzado mediáticamente. Evo Morales y Michelle Bachelet, que en el pasado tuvieron una relación fluida y cordial, se encuentran ahora entrampados en el argumentario más rígido, sobre todo Bachelet, empujada por sus halcones y la poderosa diplomacia chilena que todavía no ha encajado el golpe propiciado en septiembre de 2015 cuando el Tribunal de La Haya reconoció que existía un problema multilateral de afectación mundial y no solo un pleito bilateral.
La escaramuza objeto de la trifulca es una más en la historia complicada de una frontera caliente. Camiones chilenos que intentan ingresar a Bolivia sin mayores controles, atraídos por los altos precios que todavía se manejan, funcionarios de la Aduana y militares bolivianos que se lanzan a la captura, carabineros que aparecen en la delgada y difusa línea fronteriza terrestre y que, esta vez, se salda con una detención masiva y una rápida puesta a disposición de la Justicia.
Las más altas autoridades de Bolivia se han manifestado contundentemente ante lo que es una detención ilegal de funcionarios públicos y servidores de la patria. El Ministro de la Presidencia René Martínez que funge como Canciller en funciones, el Vicepresidente Álvaro García Linera y el propio Presidente Evo Morales han hablado sin matices de secuestro.
Al otro lado, Michelle Bachelet, no tan acostumbrada a estas lides, convocó una conferencia de prensa para tildar de simples rateros a los funcionarios bolivianos, asegurando que ya se habían robado un camión y que querían robarse otros nueve. Una acusación a todas luces gravísima y que deberá fundamentar a la brevedad como le recordó el ministro René Martínez minutos después.
Se prevé que casi en simultáneo Bolivia entregue el legajo en la Corte Internacional de Justicia y los nueve connacionales sean puestos ante un Tribunal chileno. Sin duda el marco es de una violencia inusitada en las relaciones diplomáticas, por muy deterioradas que estas se encontraran ya antes del incidente.
Por otro lado, el incidente, aún con declaración de Bachelet, ocupó segundas y terceras informaciones en la prensa chilena durante toda la jornada de ayer, por lo que está claro que el remitente de la acción es otro.
Queriendo o sin querer, el Gobierno chileno lanza un mensaje de estar dispuesto a todo para defender su integridad, un mensaje que ya ha sugerido con los últimos movimientos en su equipo jurídico/político, donde se han integrado militares y estrategas de corte defensivo.
Por su parte, para el Gobierno boliviano el desafío es inédito. Conviene no perder la calma y actuar con prudencia y con muchísima determinación, defendiendo los valores constitucionales de diálogo, paz y legitimidad. Hoy es el día de volver a poner la anhelada demanda marítima en los ojos del mundo mientras que las maniobras desesperadas en un contexto político interno se descreditan por sí solas.

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