Miércoles, 18 Octubre 2017

La Razón, ta jodiu

Ago 13, 2017

 

En El País eN nos declaramos muy a favor de la libertad de prensa y de la de expresión y más aún cuando se trata de humor gráfico.

El humor no tiene límites, basta con que a una persona en sus plenas facultades mentales le haga algo reír y al resto no como para considerarlo humor; negro, malo, pero humor al fin.
Por ejemplo, hubiera sido divertido dibujar al vicepresidente manejando los hilos de una dirección de periódico mientras esta azotaba al presidente de YPFB hasta verlo caer con la boca cerrada. Hubiera sido divertido dibujar a Evo Morales fustigando a cierto periodista en entrevista diciéndole que es de la derecha. El amigo Jimmy seguro le hubiera puesto guiñando un ojo y al perrito diciendo ‘¿Ahora ya no dirán que somos masistas?’
El humor es jodido. El mejor es el que emputa mucho a unos y parte de risa a otros muchos.
¿A quién le puede hacer gracia dos chapacos bailando cueca con un pañuelo en llamas el día que ardían 7.000 hectáreas a las puertas de Tarija? ¿Quién se puede reír de la incertidumbre que vivía una provincia entera?
Entiéndannos, no es que no seamos de reír los chapacos, lo que pasa señores de  La Razón, es que su dibujo no tenía ni puñetera gracia.
Es posible que no entiendan por qué no nos ha hecho gracia, pero tampoco vamos a perder tiempo y espacio explicándoles por aquí. Tampoco vamos a hacer gracietas sobre su estrecho concepto de Bolivia, capaz de entender el absurdo plurinacional y no la singularidad de la autonomía. No vamos a decirles que los provincianos son ustedes, que siguen pensando en su ombligo. No.
Lo que sí vamos a decirles es que no somos opas. Que el dibujo no es opinión sino editorial. Que en Tarija ya todos sabíamos que el Gobierno reaccionó tarde. Que los que bailaban mientras se quemaban los pañuelos no eran los chapacos, sino Evo Morales en el Chaco. De eso sí nos hubiéramos reído todos. ¿Salió poco claro el dibujo?
Queridos compañeros de La Razón, Tarija merece bastante más respeto y también ustedes, que también lo sabían. Y si le vieron la gracia en otro lado, estamos prestos a que nos lo expliquen. Igual al final, nos reímos todos.

incendio

La carcajada del fuego                                                                                                                El País eN