Producir en el campo de Tarija

Oct 13, 2017

El estigma del Prosol y un excesivo gusto por acudir a los medios luego de cualquier acontecimiento atmosférico que puede ser presentado como fenómeno desastroso, incluso que llueva en verano o haga frío en invierno ha llegado a desvalorizar la actividad ancestral de los valles tarijeños, que no es otra que la producción agrícola.

El bono productivo solidario comunal (Prosol) ha abierto cierta brecha entre el campo y la ciudad en la última década. A la fecha nadie puede negar que el proyecto, que inicialmente tenía bases de buena voluntad para apoyar al campesino individual y luego al colectivo para que pueda producir mejor y por tanto, vender más barato y que por lo tanto, nos iba a beneficiar a todos, ha descarrilado. En términos de producción no se ha mejorado nada y tampoco en términos de protección, el campo sigue siendo vulnerable. Cualquier tormenta de granizo o una helada temprana o tardía tiene un impacto directo en los precios, que se elevan hasta límites insospechados.
Superadas estas consideraciones previas de difícil consenso, aumentar la producción en Tarija sigue siendo un trabajo bastante dificultosa. Después de una década de ingresos magníficos, no se ha implementado un verdadero plan hidrológico departamental y más al contrario cada institución implicada ha priorizado sus proyectos de riego al tiempo que los campesinos invertían sus pocos recursos en alguna infraestructura más o menos precaria que le permitiera acumular un poco de agua. Parte de esta improvisación es responsable del estado de algunos de nuestros ríos emblemáticos.
Por otro lado, la solidez de nuestra moneda, congelada respecto al dólar, ha hecho de Bolivia un mercado vulnerable no solo al contrabando sino también a la importación de productos desde las grandes firmas continentales que son capaces de inundar con precios bajos y calidad aceptable, desplazando al productor local. En la zona alta del departamento así como en los valles de Potosí y Chuquisaca se ve con mucha preocupación la próxima temporada de verano para la producción de papa, zanahoria, cebolla y ajo. La mejora de las infraestructuras y la inversión tecnológica en países vecinos ha dejado al campesino boliviano retrasado para competir en igualdad de condiciones.
La producción de alimentos ha descendido en el país en los últimos años y se calcula que se importan más de trescientos millones de dólares en alimentos no procesados. Nada hace indicar que sea en Bolivia donde se están industrializando a pesar de las sugerencias que en su día daba el ex ministro de Economía Luis Arce Catacora, convencido de que el futuro de la industria boliviana era la agroindustria. Salvo algunos emprendimientos con sabor tradicional o patrocinada por el Estado, como Lacteosbol, ninguna nueva empresa agroalimentaria se ha instalado en Tarija, más al contrario, las pocas que pujaban por la economía departamental se han visto acorraladas por las agresivas campañas de las marcas propiedad de los gigantes agroalimentarios de Perú o Brasil.
Industrias Agrícolas de Bermejo (IABSA) es uno de los ejemplos del declive del sector en Tarija. En lugar de haberse modernizado y asociado con otros proyectos, como las plantas procesadoras de cítricos, para seguir generando sinergias, han entrado en declive. De 600.000 toneladas de caña que se molían hace años, ahora no se alcanza la mitad. Se han perdido mercados en Potosí, Oruro, Chuquisaca y La Paz y los cañeros se disponen de nuevo a exportar caña en bruto hacia el ingenio de Tabacal, en Argentina.
Más paradigmática es la industria del vino y la uva, la única que puede considerarse verdaderamente emblemática en Tarija y que durante años ha visto la manera de crecer. Mientras los poderes públicos han incentivado la producción de vid a través de diferentes programas, Prosol incluido, los industrializadores y comercializadores han sido castigados con impuestos crecientes y multiplicidad de cargas laborales mientras los mercados se copaban de uva y vino importado legal e ilegalmente. Sin capacidad de invertir para aumentar la producción y sin control en los mercados, la mayoría de las bodegas ha tomado el camino de producir vinos de excelente calidad y ediciones limitadas. Una decisión que tendrá consecuencias entre productores y cuya solución no es, evidentemente, crear otra empresa pública para competir con la industria nacional.
Producir en Tarija es necesario para mantener el campo vivo y asegurar la soberanía alimentaria, pero es necesario hacer un pensamiento y distribuir los esfuerzos en todas las partes de la cadena, fomentando la industrialización de verdad y garantizando la competitividad, de lo contrario, Tarija acabará dilapidando sus pocos recursos que aún le llegan en el contrabando.

Lo más leído hoy