Oscar López Rivera, poco tiempo antes de ingresar a prisión, donde estuvo 36 años Oscar López Rivera, poco tiempo antes de ingresar a prisión, donde estuvo 36 años

Semana importante para una libertad con sabor agridulce

May 20, 2017

El pasado miércoles 17 de mayo, el líder independentista puertorriqueño, Oscar Lopez Rivera, y la denunciante, activista por la transparencia y líder de la comunidad LGBT, Chelsea Manning -ambos presos bajo cargos muy cuestionados-, fueron liberados.

López Rivera, el emblemático luchador contra el colonialismo estadounidense en Puerto Rico. Estuvo 36 años preso y antes rechazó la libertad en 1999 porque no liberaron a compañeros de lucha

Aunque sus historias personales son muy distintas, tienen en común que las luchas de ambos son dignas del mayor reconocimiento, además del hecho de haber sido víctimas de un sistema vergonzoso, por donde sea que se mire.
Lopez Rivera, nacido en Puerto Rico en 1943, se unió en 1976  a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional (FALN), para luchar contra el colonialismo estadounidense que hasta el día de hoy somete a la isla. En 1981 fue arrestado por EEUU y acusado de “conspiración sediciosa” por sus actividades con las FALN.
Durante su juicio, Lopez Rivera y otros activistas de las FALN argumentaron a la corte que sus acciones eran parte de una guerra anti-colonial contra EEUU, declarándose prisioneros de guerra y pidiendo que sus casos sean entregados a una corte internacional. El pedido fue rechazado, y Lopez Rivera fue eventualmente sentenciado a 55 años de prisión, condena casi 20 veces más larga que la otorgada a otros por “ofensas” similares.

Las luchas independentistas en Puerto Rico no aflojan

El expresidente Bill Clinton, le ofreció un indulto en 1999, pero el líder independentista rechazó la oferta en un acto de solidaridad con otros activistas puertorriqueños que no recibieron clemencia, y porque además se rehusó a renunciar públicamente al derecho de los pueblos colonizados de resistir a través de la lucha armada.
El activista, ahora de 74 años de edad, tuvo que cumplir 36 de sus 55 años de condena -12 de ellos en confinamiento solitario- antes de poder salir de las cárceles estadounidenses. Con ello, es oficialmente el prisionero político latinoamericano que más tiempo ha estado encarcelado en EEUU.
Puerto Rico sigue plagado de muchos de los problemas contra los que luchó Lopez Rivera antes de su encarcelación. El más notable hoy es el pago forzoso de 73 mil millones de dólares de “adeudados” a Wall Street, que está siendo impuesto a través de un plan de austeridad diseñado en Washington, con resultados devastadores.
Aunque el trago ha sido amargo, nunca se ha dejado desanimar. “Nunca renunciaremos, siempre iremos hacia adelante. Somos un pueblo hermoso, y pienso que podemos unirnos. Quiero visitar cada municipio y escuchar y ver qué es lo que podemos hacer ahora”, dice Lopez Rivera, incansable. “Agradezco al mundo entero, y pido amor para el mundo entero”.
Por otra parte, Manning (29 años de edad), quien reveló cientos de miles de registros de incidentes militares de las guerras de Afganistán e Irak que, entre otras cosas, exponían los abusos hacia reos y las horrorosas cifras de civiles muertos, fue sentenciada a 35 años de prisión, la condena más severa jamás impuesta por un caso de filtraciones en EEUU.

Bradley pasó a ser Chelsea Manning, como se la conoce ahora. Gracias a ella el mundo conoció los horrores contra los pueblos afganos e iraquíes durante las invasiones norteamericanas, de cuyos ejércitos fue parte
Después de siete años en la cárcel y dos intentos de suicidio, finalmente fue liberada, el mismo día que Lopez Rivera. Sus amigos y simpatizantes han logrado reunir un fondo para que pueda pagarse sus gastos legales y de vida, y numerosos artistas y músicos han hecho una compilación en su honor.

Bradley Manning, cuando ejercía de militar norteamericano. En prisión intentó varios suicidios, pero recibió apoyo del pueblo norteamericano
Es que el poder siempre se ensaña contra quienes luchan por justicia en una humanidad tremendamente inhumana. De vez en cuando, sin embargo, se filtra entre las grietas de sus fríos muros una pequeña flor de esperanza. En este caso, dos. Pero que esta pequeña alegría no apague la indignación necesaria para seguir esta lucha que no tiene final.