Comercio bermejeño lucha por sobrevivir a la crisis económica

Escrito por  GUSTAVO MÁRQUEZ/EL PAÍS EN Oct 04, 2016

En medio de la crisis económica que agobia al departamento de Tarija, Bermejo se aferra al comercio como última tabla de salvación. Un sector clave para la economía de la ciudad fronteriza, que con su movimiento mantiene las constantes vitales en medio de la informalidad tributaria y el sistema de intercambio establecido con la también golpeada Argentina.

El Convenio Bilateral Fronterizo entre Bolivia y Argentina da la opción a bolivianos y a argentinos de poder internar mercadería a sus países para el consumo propio, sin embargo, en la zona conocida como “Las Chalanas” lo que más se ve es un intercambio bilateral con fines comerciales, catalogado como “contrabando hormiga” que burla los controles y la normativa nacional vigente sin esconderse demasiado.
Además de los mismos comerciantes, quienes se benefician de esta actividad son los propietarios de las chalanas, los dueños de los gomones, los transportistas y los estibadores, todos pertenecientes a sus respectivas asociaciones. Sin embargo, a diferencia de años anteriores, el movimiento se ha visto reducido, ya que se inicia a horas 05:00 y culmina al final de la tarde. En “los buenos años” el intercambio no cesaba en toda la noche.
Mientras del lado boliviano los argentinos pasan el río con bolsas en las que hay ropa, zapatillas, compradas generalmente al por mayor, del otro lado lo que más se trae son artículos para el hogar como aceite, papel higiénico, comestibles, y también harina, pero también grandes bienes como material de construcción o colchones.
Doña Cecilia Subelza es una comerciante de 46 años que vive de la venta de ropa deportiva. Ella comenta que si bien la prensa y las autoridades aseguran que Bermejo tiene un problema con el contrabando, es de todas formas una manera de ganarse la vida, más si se toma en cuenta que no hay otras alternativas laborales para generar dinero.
“El ingenio está que rinde y no rinde, las instituciones públicas están despidiendo gente, no hay empresas que den trabajo, entonces yo creo que se tiene que dejar a la gente trabajar. Mal que bien aquí los comerciantes estamos generando ingreso, y han caído los recursos pero seguimos aportando al país”, explica.
Una ciudadana argentina que es comerciante, explicó que vienen al lado boliviano a comprar especialmente ropa y zapatillas debido a la calidad y al bajo costo que representa en relación al que se maneja en su país, donde revenden la mercadería al por menor. “Yo creo que está bien que se mantengan las relaciones de intercambio comercial entre nuestros países –indica-, por ahí dicen que es ilegal pero dígame usted, ¿acaso no hay derecho a ganarse unos mangos más de forma honrada?”.
Asimismo explicó que con unos 2.000 pesos argentinos se puede comprar más de una docena de zapatillas por ejemplo, tomando en cuenta el cambio de la moneda, lo que se convierte en un buen negocio que cada vez tiene más adeptos del lado argentino, pues vienen comerciantes desde el mismo Buenos Aires para abastecerse, especialmente de ropa y calzados que lleven marcas como Adidas, Nike o Puma.
Para Gerardo Martínez, abogado de profesión, la situación es clara: a Bermejo no le queda más que dedicarse al comercio. “Es sabido lo que está pasando aquí, pero al menos ahí en la banda donde usted fue a hacer sus entrevistas, se está generando un ingreso paliativo para la economía local. Lo que se dice de que no se tributa y es contrabando, es cierto, pero ¿acaso las autoridades esas vienen a dar otras soluciones? Yo pienso que si bien hay comerciantes que se están llenando de dinero, están moviendo la economía bermejeña”, opinó.

Productos  argentinos  enviados  a Cercado

Un comerciante consultado, quien descendió de los gomones con mercadería comestible, explicó que muchos comerciantes de Tarija Cercado llegan a abastecerse hasta tres veces por semana a “la banda”. Al ser un negocio ilegal, explicó que las ganancias que se generan recompensan el riesgo que se asume, aunque en muchos casos sufren incautaciones. Un funcionario del Senasag que pidió el anonimato, explicó que el principal problema que tienen es la falta de personal para los controles.