La mamá del genio

Escrito por  Mario Blacutt Mendoza Ene 12, 2013

Los tarijeños sienten un gran respeto por la persona inteligente y creen que los grandes puestos de responsabilidad deberían estar ocupados sólo por ellos. Cada generación tiene su propia pléyade de inteligentes, a los que la sociedad tarijeña ofrece sus mejores consideraciones. El respeto a la inteligencia es una característica que diferencia a esta parcela de muchas otros lugares, en las que se idealiza más bien al astuto. No es que en Tarija no haya astutos; lo que sucede es que la astucia de los tarijeños no se expresa necesariamente en la intriga y la canallada, sino que, en la mayoría de los casos, lo hace en el ingenio y la picardía. Lo que me obliga a exponer otra de las singularidades psicológicas muy propias del tarijeño; el ingenio: el ingenio es una de las categorías sociológicas más singulares de los seres nacidos y crecidos en la tierra de los Cabildos.

El ingenio tarijeño es la facultad para discurrir o inventar con prontitud y facilidad, más a través de la intuición que del raciocinio. En ese sentido, el tarijeño es un gran intuitivista
Hay más ingenio en un solo tarijeño que en toda una horda de astutos dados a la intriga
Es gracias a ese ingenio que existe el cuento tarijeño Porque es preciso saber que sólo el ingenio tarijeño –o atarijeñizado como, sin modestias, es mi caso- puede concebir un buen cuento tarijeño
Desde esta perspectiva, bien podría decirse que el tarijeño-tipo es uno de los seres más civilizados de la Tierra, si es que por grado de civilización, escogemos el grado en que un pueblo ha aprendido a reírse de sí mismo y con ello, a hacer reír a los demás
La estampa de lentos, lerdos, tímidos y chabacanos con la que se presenta al tarijeño, es un camuflaje que los más ingeniosos han fabricado para producto de exportación. Pero la realidad es muy diferente; o si no, que lo diga cualquier colla o camba que haya tenido que lidear en la vida real con un chapaco en cuestiones de negocios o de otros asuntos de la vida
Piénsese por ejemplo en un Gringo Limón, un Chiquito Moreno, un Barrabás (“Maní Parao”), un Churra Vásquez o un Toto Vaca, sin contar a los que pertenecen a otras generaciones o más antiguas o más nuevas
Estos modelos de ingenio, y sus pares, pueden competir en una olimpiada de ingeniosidades espontáneas con cualquier rival de cualquier lugar del planeta, con la indudable garantía de traer otra vez el título de “La Tierra del Ingenio” para el departamento del saice y del chancao
Por supuesto que el ingenio no ha sido repartido sólo entre los citadinos; al contrario, todos los habitantes de las provincias de Tarija comparten por igual el gran privilegio. Póngase como ejemplo la copla chapaca. Lúcida, atrevida, veloz; síntesis de tradición fiestera y amable; de pasión y de humor. Inclusive los chaqueños, los que de vez en cuando amenazan con hacer de las arenas un país nuevo, para quienes la samba argentina no es sino una muestra de la tremenda influencia del imperialismo chaqueño en el Norte Argentino

El ingenio será tarijeño o no será

Por otro lado está el inteligente
No siempre identificado con el ingenioso

El inteligente es sistemático y organizado
el ingenioso es una tromba marina en una tienda de vasos

El primero es más bien circunspecto, casi introvertido
el segundo es un alma abierta por los cuatro costados

El primero aquilata, se solaza con lo que hace el segundo el segundo siente un gran respeto por el primero

Pero ambos se complementan:

el primero es una escala de armonías
el segundo es un intervalo de ritmos

Ambos, creadores en sus respectivos terrenos

Claro que también están los que pertenecen a las dos categorías; Loro Ortíz y Rolo Rivero, por ejemplo
Pero, por lo general, la tipología se cumple
Para comprobarlo, tomemos -citando sólo a algunos de los muchos casos- a un Clodomiro Aparicio, (el mejor catedrático de matemáticas del mundo), un Edwin Rojas, un Cecilio Oliva, un Arturo Liebers, un René Ortega, un Enrique Palmero, por un lado; o a una Teresa Ríos, una Carmen Quiroga y una Gloria Blacud, por el otro, y constataremos que existe una tipología determinada en esta importante área clasificadora
La tarijeñidad, sin embargo, tiene otra actitud con los cultores de la poética: ningún poeta es digno de homenaje si es que todavía está vivo. Para cada tarijeño, la muerte parece ser no sólo un requisito indispensable de grandeza, sino también la gran detentadora del único óleo capaz de ungir la in-mortalidad. Es por eso que las obras de los que ya han pasado a la historia, también lo han hecho automáticamente a la leyenda como muestras de inconmensurable varia en su aporte a la cultura del universo. Tales son los casos, por ejemplo, de un Octavio Campero Echazú o de un Oscar Alfaro; mientras que los artistas en vida no merecen todavía ese homenaje
Pero, todos los tarijeños se sienten felices de sus inteligentes. Los citan en sus conversaciones, los ponen de ejemplo a los demás, los invitan de vez en cuando a las fiestas de jolgorio o a jugar truco (muy de vez en cuando, puesto que un “inteligente”, por principio, no puede ser “muy dado a esas cosas”) y lo exhiben ante los visitantes. En general, los tienen y estiman como a prendas de gran valor
En este orden de cosas, hay que afirmar que nadie venera a estos pergaminos vivientes con la unción y el fervor que ponen en ello las respectivas mamás
Para las mamás de mayor repunte, el hijo propio -si no le salen ronchas al agarrar un libro y, si, corroborando la categoría de inteligente, saca buenas notas y merece los comentarios de los maestros en el colegio- es la corporización de los cerebros que en el mundo han sido y que en el macrocosmos serán
Notada la vocación inteligencial, la mamá se encarga de que todos (no algunos nomás, todos) se enteren de que ha procreado un genio. El genio, el nuevo aporte a la consagración de la especie, por lo general “ha salido al abuelo”, rara vez al papá (las tarijeñas no consideran, por lo general, que un marido sea muy inteligente)
Atenta a las menores reacciones del hijo-genio en el duro aprendizaje del kinder-garten, a los recovecos cognoscitivos en el nivel primario y a las grandes proezas que realiza en la secundaria, la madre, henchida de orgullo y ternura inmedibles, decide que su hijo no merece menos que ir a estudiar a la Argentina
No señor, no a otro lugar: sólo a la Argentina
Hace cualquier sacrificio para concretar el intento, luego de haber convencido al marido de que el hijo -tan inteligente- no merece un destino similar al del padre. El marido mira a su mujer -a punto de ahogarse en un mar de tormentosos delirios- y sabe que ni la fuerza concentrada de cuarenta volcanes será suficiente para vencer esa energía, la misma que parece brotar de un generador conectado a unos dos o tres terremotos en plena acción
El genio ya está en alguna facultad de “la Argentina”. Como sucede en estos casos, puede ser un gran estudioso, un mediocre o un tarambana declarado. La mamá no sabe en cuál de los estratos está su hijo en la vida real; para ella sólo existe una casta para él: la de los genios. Algunos estarán en la Universidad de Córdoba, otros en la de Buenos Aires y, la mayoría, en la Universidad de La Plata. Los más dedicados serán médicos o ingenieros; los otros se pasarán la vida de jaleo en jaleo bajo el pretexto de que la vida es una sola
Muy pocas mujeres tendrán el privilegio. Para las mamás tarijeñas, la inteligencia en la mujer no sólo quita feminidad sino que atenta contra las leyes de natura. La mamá tarijeña adopta esta actitud debido en gran parte a su propia experiencia y a la de la gran mayoría de sus amigas: nunca se ha dado el caso de que una esposa dominara a su marido por méritos racionales
El genio vivirá en un departamento colectivo; conllevará la responsabilidad de pagar el alquiler del cuarto y comerá del mismo plato con sus mejores amigos. Estudiará o flojeará, de acuerdo al caso; juntos se pasarán los días pensando en el momento en que las vacaciones los lleve de nuevo al vergel dejado, al saice, al bollo, a los buñuelos y a los duraznos. Mientras tanto compartirán una de las grandes emociones periódicas: la encomienda, llegada en una canasta envuelta en una bolsa de harina y amorosamente dispuesta por la mamá
La “encomienda” una verdadera institución en la logia de los estudiantes tarijeños en la Argentina- siempre es un surtido de cosas de comer: desde empanadas blanqueadas, bollos y rosquetes, hasta picadillo en lata y pepitas de leche. A veces, de parte de las mamás más pulcras, rollos de papel higiénico, primorosamente empaquetados
Pasará el tiempo; el genio volverá de vacaciones y asombrará a los miembros de la familia relatando en las tertulilas domésticas los sacrificios para obtener “la mejor nota del curso”. La madre irá de arrebol en arrebol. Recordará épocas de cuando su hijo era niño y “ya daba muestras de innegable genialidad”. En las farras con los amigos, el mismo genio se vanagloriará ante ellos -causando no pocos resentimientos- de su currículum romántico, de su irresistible atracción animal para las hembras y de sus famosas experiencias de haberse acostado “con una puta virgen”
Al final de las vacaciones volverá al país de adopción educativa y tendrá problemas con el severo escepticismo de los aduaneros argentinos, cuando sea conminado a explicar eso de las ajipas y los yacones. La madre se pondrá llorosa ante la partida, pero se consolará ante la innegabilidad de un sacrificio que el destino impone para la realización de la genialidad
A los pocos días, en una reunión de grandes aconteceres, contará a todos los circunstantes los pormenores del cómo, en el último examen final de su hijo, los miembros del jurado, al haber quedado paralogizados por los conocimientos y el talento’, habían decidido ir a la rectoría y solicitar que “por esta única vez” la nota máxima de examen fuera de quince puntos y no de diez, como era, para poder hacer justicia a la condición inteligencial del portento …
En esta breve crónica de lo cierto, afirmo que el típico profesional tarijeño de clase media, con toda probabilidad debe su título y el status que goza, a su madre, ese mitológico ser, mitad mujer, mitad titán, agigantada hasta la infinitud, por la fe más grande que un ser humano pueda tener en otro ser humano: en su hijo, el genio

Del Libro “¡Tarijeños Tambieeeeén”
de Mario Blacutt Mendoza.
Impreso en EFECTO IMPRESIONES La Paz Bolivia