¿QUIÉN FUE EL AUTOR DE LAS PRIMERAS MONEDAS BOLIVIANAS?

Escrito por  Feb 02, 2014

Por Juan  Isidro Quesada E.

Cuando ocurren las primeras invasiones a Charcas por parte de los ejércitos porteños en 1811, la mayoría de los funcionarios realistas de Potosí debieron abandonar la ciudad, en parte obligados por el General Goyeneche y en parte ante el temor de ser perseguidos por quienes ellos consideraban como insurgentes a la persona del Rey de España. La razón no les era ajena cuando ocurren más tarde los fusilamientos del Intendente Sanz, del Brigadier Córdoba y el militar Rojas. Hecho éste que conmovió a muchos de los habitantes de la región, en especial a los que vivían en las populosas ciudades de Chuquisaca y Potosí, debido a la importancia política y social de quienes habían sido muertos afrentosamente.

En esta última ciudad, la mayor parte de los ciudadanos que habían quedado en ella pertenecían al estamento social de los mestizos, en su mayoría partidarios de la Junta establecida en 1810 en Buenos Aires, que si bien gobernaba en nombre del prisionero Fernando VII era a todas luces partidaria de la independencia de esa Corte.
El avance del ejército porteño encontró a la importante Ceca potosina, en 1811, abandonada de sus principales empleados cuyos oficios eran considerados imprescindibles para la acuñación de las monedas que allí se efectuaban y que generaba la más importante industria de la ciudad. Refiere el historiador y numismático argentino Arnaldo Cunietti-Ferrando que en 1813 este abandono significó para el General Belgrano un serio trastorno. La Asamblea Constitucional de ese año establecida en Buenos Aires, le había comisionado para que acuñara nuevas monedas, de similar valor a las hechas con la efigie del Rey que en ese momento era la de Carlos IV por no tener troqueles con la cara de Fernando VII. Esta ausencia le obligó a utilizar nuevos funcionarios en base a los que habían quedado en Potosí.
“Los patriotas –dice Cunietti-Ferrando- comprobaron que sólo habían quedado veinte empleados calificados en condiciones de poner en actividad el establecimiento y, frente a esa situación, decidieron ascender a oficiales subalternos, muchos de ellos no suficientemente capacitados para desempeñar los cargos. Don Pedro Venavídes fue promovido a Talla Mayor en reemplazo de los dos antiguos ensayadores realistas que habitualmente estampaban sus iniciales en las monedas, sólo se pudo contar con la colaboración del fundidor José Antonio Sierra, cuya letra J apareció entonces en .las flamantes piezas.” (Todo es Historia, N° 556, Buenos Aires, noviembre de 2013, pp. 50-55.)
Respecto al primero de los nombrados, Pedro Venavides o Benavides, tuvo ya en la época republicana de Bolivia activo trabajo en la Casa de Moneda de Potosí, según lo referido al autor por el historiador Cunietti-Ferrando.
Pero antes diremos algo sobre su biografía. Había nacido en Chuquisaca muy probablemente el 22 de febrero de 1772, como hijo de padre no conocido. Pero posteriormente, en su partida de matrimonio, reconoce ser hijo natural de Manuel Benavides y Josefa Figueroa, probablemente esta última descendiente natural y mestiza de los Figueroa y Mendoza, Mayorazgos de Cororo. En 1809 ingresó como empleado en la Casa de Moneda potosina en la oficina de Talla en donde bien pronto se destacó. Era bien hábil en la confección de troqueles. Así en 1812, con pocos años en el oficio, ascendió a segundo jefe de Talla, después del Talla Mayor realista Nicolás Moncayo. Y así es como en 1813, ante el abandono de los principales empleados al que nos hemos referido, Belgrano lo nombra Talla Mayor de la Moneda con el sueldo anual de mil doscientos pesos. (Referencia de A. Cunietti-Ferrando en carta al autor del 17-VIII-2013)
Pero antes, Pedro Venavides había casado en Potosí el 24 de junio de 1811 con doña Josefa Gainza. Nacida en Cochabamba en 1796 era el producto de la unión ilegítima de dos personas de alto rango social en esa ciudad pero de costumbres ya muy liberales como era moda en esos finales del siglo XVIII en ciudades de cierta jerarquía. Fueron sus padres don Clemente Gainza o Paniagua de Loaiza (hijo legítimo de don Miguel Paniagua de Loaiza vástago de una estirpe que descendía de importantes fundadores de la Plata o Chuquisaca, y de doña Manuela de Gainza, descendiente del Gobernador Intendente de Cochabamba don Domingo de Gainza y de doña María Josefa Maraños y Vargas. Su madre fue doña Catalina Subieta por quien le venía sangre mestiza al descender de un español radicado en Oruro en la primera mitad del siglo XVIII, quien había tenido hijos con indias de ese lugar. Doña Josefa acompañó a su marido en todas las vicisitudes por las que pasó la azarosa vida de su esposo. Así es que permaneció viviendo en Tucumán varios años hasta que se produjo la batalla de Ayacucho, tras la cual toda la familia regresó a Potosí. No fue feliz doña Josefa en su matrimonio debido a las infidelidades de su marido, con el cual vivió prácticamente separado los últimos años de la vida de éste. En su viudez, tuvo una exitosa panadería a una cuadra de la plaza principal de Potosí, en casa que aún se conserva y en la cual nacieron varios de sus nietos.
No sabemos bien cuales fueron las actividades de Pedro Venavides en Potosí, aparte de la confección del troquel de nuestras primeras monedas patrias, en esos meses en los cuales la ciudad fue ocupada por las tropas porteñas al mando del General Belgrano. Pero conoció a este prócer quien de inmediato aquilató sus cualidades intelectuales y manuales. Así en esa Ceca confeccionó las medallas otorgadas a los oficiales que tomaron parte en las batallas de Tucumán y Salta, ocurridas a mediados de 1812 y febrero de 1813.
Las vicisitudes de esa guerra tan cruel que se desarrolló en la vieja provincia de los Charcas en la segunda década del siglo XIX, hizo que se retiraran las tropas porteñas de Potosí a raíz de las derrotas de Vilcapujio y Ayohuma. Pedro Venavides abandonó la ciudad dejando a su esposa a punto de tener a su primer hijo varón. Así fue que éste nació el 16 de diciembre de 1813 y se le puso el nombre de Eulogio. Pero este niño no debió vivir mucho tiempo; la altitud de Potosí no era buen clima para los recién nacidos. Doña Josefa Gainza debió partir luego, eludiendo la vigilancia realista, hacia Tucumán en donde se encontraba su marido.
En Tucumán éste fue incorporado al Ejército del Norte a cargo de la administración de sus fondos pecuniarios. También Belgrano, ante la imposibilidad de llegar a Potosí en esos momentos, le encargó la confección de monedas de plata, de bajo valor, hoy rarezas numismáticas, improvisando así en aquella ciudad una pequeña Casa de Moneda
Así tuvo que permanecer Benavídes en el Norte argentino acompañando esa parte del ejército argentino mientras éste permaneció en Tucumán. Y en esta ciudad quedó su familia y nacieron el resto de los hijos.
Al reunirse en 1816 en Tucumán el Congreso Constituyente de las Provincias de Sudamérica, que el 9 de julio de ese año sancionó la independencia de esas provincias que comprendían las actuales repúblicas Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. Con tal motivo se le encargó a Benavídes la confección del sello de ese Congreso (septiembre de 1816) como lo ha descubierto el ya mencionado historiador Cunietti-Ferrando.
Concluida la Guerra de los Quince Años o por la Independencia, la familia Benavides regresó a Potosí, libre ya de la opresión de las fuerzas realistas. Para don Pedro fue el retorno a su trabajo en la famosa Casa de Moneda.
A partir de entonces se le encomendó la realización de varias obras importantes. Así confeccionó la primera moneda de Bolivia independiente. Pero su obra más importante por el uso que se le dio hasta hace pocos años, fue la diagramación de una medalla que fue usada por todos los presidentes de Bolivia. Si bien ésta es de oro y  luego se la rodeó de brillantes para entregársela a Bolívar, ese mismo troquel sirvió para hacer otras de plata y bronce que se otorgó a héroes que habían luchado en la famosa y cruenta Guerra de las Republiquetas en las cuales participaron no sólo blancos y mestizos. También muchos indios tomaron en ella parte a favor de esa independencia a cuyo frente fueron muchos los curacas que murieron en esa defensa. Es a raíz de este hecho que las autoridades del país ordenaron a don Pedro la confección de una medalla como premio a los indígenas que se habían distinguido en esa lucha. Esa medalla, hoy en día también tesoro numismático, decía así: “La Patria reconocida a sus naturales beneméritos hijos”.
Pero es la medalla que se regaló a Bolívar y que éste legó a Sucre y luego, por pedido de éste, pasó a los ulteriores presidentes bolivianos (y que vemos en todos los retratos que se exhiben en la Casa de la Libertad de Sucre) la que reviste más importancia. Es el signo nacional de la autoridad que investían como mandatarios de esa república y que desgraciadamente ha dejado de usarse. No es el signo de una clase dominante. Fue confeccionada por un mestizo como es casi la totalidad de la población de Bolivia y, nos atrevemos a decir, de casi todos los pobladores de la América española con raíces históricas. Se ignoró así la verdadera razón histórica de ella, al desconocerse que en esa lucha por la independencia y la libertad todo el pueblo boliviano aunado, mestizos, blancos e indígenas, contribuyó a ella. Este es el signo que represente esta importante medalla para la vida política de Bolivia.