Fernando Ardúz celebra sus primeros 40 años de música

Escrito por  Roberto Patiño / El País eN Dic 19, 2014

Con la fe inquebrantable en Dios y gratitud a la familia, el maestro de la guitarra, arreglista y director de la Orquesta de Cámara de Tarija celebra hoy 40 años de práctica musical clásica con un recital que brindará desde las 19.00 en el Auditorio de la Casa de la Cultura.

Sus primeros recuerdos sobre su atracción por la música se remontan a su niñez, cursaba tercero de primaria y con algunos amigos jugaba a armar un grupo electrónico, una batería armada con cajas de cartón y ollas, escuetos palos que simulaban las guitarras. “Era en Sucre ya por esos años me nació el gusto por la música”, rememora.

Por razones de salud de su padre, la familia tuvo que volver a Tarija, empezó secundaria y su progenitor virtualmente puso a su disposición una guitarra. Contaba con 14 años, la aprendió “de oído”, aunque un conocido Never Castellón le dio sus primeras clases. 

A los 15, un amigo, Hugo Leytón, le presentó a quien cambiaría por siempre el rumbo de sus pasos, a don Ernesto La Faye (1915-1988), un músico cochabambino que vino a radicar a Tarija. Con él comenzaron los años de aprendizaje en serio, se adentró en el mundo del pentagrama y el estudio de la música clásica. 

En 1974, con 16 años de edad, ofreció su primer concierto y que marca el punto de inicio de los primeros 40 años de vida artística. Junto a otros dos alumnos de La Faye fue en el Paraninfo Universitario donde selló su ingreso al mundo de la guitarra.

Luego del bachillerato, su atracción por los números le hizo pensar que estudiaría alguna ingeniería (cosa que realmente hizo tomando algunas materias), pero su vocación dio un vuelco y se decidió por la música, aunque sus padres tenían la esperanza de que no lo haga.

Lo que hasta antes de conocer a don Ernesto era un simple pasatiempo, empezó con él a tomar sentido en la necesidad de convertirla en una carrera que lleve a una profesión, pero éste era un anhelo imposible de realizar en Tarija.

Con el apoyo incondicional de sus padres, se fue a La Paz para estudiar 4 años en el Conservatorio de esa ciudad (1979-1982). Sin embargo, allí no enseñaban la guitarra y, aunque siguió practicándola, tuvo que aprender otro instrumento que posteriormente lo ayudaría en la conformación de una orquesta de cámara, el violín.

Gracias a uno de sus hermanos que radicaba en España se fue a ese país para adquirir un título en la carrera musical que comprendía ocho años. Pero, luego de una evaluación, ingresó directamente al quinto curso y 4 años después obtuvo el título de Profesor Superior de Música especialidad Guitarra en el Conservatorio de Madrid (1983-1987), que poco después tomó el nombre de licenciatura.

40 años 

“Realmente es un tiempo que, cuando miro atrás, me parece mucho más corto, tengo recuerdos de cuando estuve aprendiendo, realmente me atrajo muchísimo la música. En todo este tiempo estoy satisfecho porque he podido transmitir parte de ese mi interés y vocación por la música a otros jóvenes, por ejemplo tengo un ex alumno que estudia la licenciatura en Argentina, Gabriel Torrez Gorena, un excelente guitarrista joven que está dando muy buenos frutos, también Mateo Puña que estuvo presentando su trabajo él solo”, afirma agradecido con la vida.

“La familia cumple un papel importantísimo en la vida de las personas, si tenemos la suerte de recibir amor, después sabremos cómo darlo, transmitirlo. Gracias a Dios y a mi familia de la que he recibido todo el apoyo, de mi esposa, mis hijos y nietos. Realmente los valores familiares son importantes rescatarlos y que la persona le dé la importancia que se merece. El amor en la familia es fundamental para que la persona pueda crecer y desarrollarse con el convencimiento de que la vida merece la pena ser vivida”, concluyó.

Ardúz y sus veleidades con la música progresiva 

Corría el año 1973 y Fernando Ardúz, antes de conocer a Ernesto La Faye armó un conjunto en el que uno delos integrantes cantaba imitando a Leonardo Favio y realizaron algunas presentaciones, lo que dio origen a otro grupo ya con características electrónicas.

“Nos juntamos un grupo de amigos y formamos un conjunto electrónico, al principio se llamaba “Sombras del tiempo” y luego cambiamos a “Barro” Con ellos hicimos la música que en esos tiempos se denominaba progresiva. Empezó a sonar Carlos Santana y me fascinó su música”, cuenta Ardúz. 

Realizaban presentaciones, participaban de festivales locales y tuvieron la oportunidad de viajar a Villazón a un concierto en el que ganaron un segundo premio “sin tener instrumentos electrónicos propios” subraya. 

Y, como continuaba sus estudios con el maestro La Faye tampoco dejó la música moderna progresiva y lo incorporaron a un grupo denominado “Opus Dei”

“Al ver que teníamos la inclinación por la música electrónica, el profesor nos apoyó y entre los mismos estudiantes formamos un conjunto que se llamó “Albatros”. 

Tocábamos temas de varios grupos de moda del momento, Deep Purple, Uriah Heep, Santana y otros”. Actualmente estos ritmos se denominan genéricamente como rock.

Tiempo después, él y sus condiscípulos aprendieron a tocar flauta dulce –don Ernesto era flautista- y así nació el grupo musical “Pro-Arte” con instrumentos de viento, guitarras y percusión, interpretando exclusivamente los arreglos de música clásica y folklórica realizados por su maestro.