Imprimir esta página

Libros de la Biblia 2 Crónicas

Escrito por  Ene 15, 2017

Janeth Mendieta León

Tema: Herencia espiritual de Israel
Fecha: 450-430 a.C.
Autor: Posiblemente Esdras
Lugar: Israel después del exilio
Una vez que Salomón es coronado rey de Israel, le pide a Dios sabiduría y ciencia para gobernar a su pueblo, y Dios le da también riquezas, bienes y gloria (1:7-13).
En el primer libro de Crónicas David prepara los materiales y personal para la construcción del templo, en el segundo libro de Crónicas Salomón lo construye en lo alto de una colina en Jerusalén, en el monte Moriah (capítulos 3-4). El trabajo dura 7 años e Israel tiene uno de los templos más hermosos del mundo antiguo con techos y pisos de oro; este templo tiene 27 m de largo, 9 de ancho y 13,5 de alto. En el interior al fondo está el lugar Santísimo donde descansa el arca del pacto y dentro de él están los diez mandamientos.
El templo fue construido en 7 años y 6 meses, y quedó acabado el 959 a.C., en el año undécimo de Salomón (5:1). En este templo los judíos ofrecían sacrificios a Dios, pero la gloria de Salomón es breve porque en los años posteriores se apartó de Dios, y por influencia de sus esposas condujo a la nación a la idolatría. Reinó Salomón sobre todo Israel durante 40 años y murió y fue sepultado en la ciudad de David su padre (9:30-31).

Le sucede en el reinado su hijo Roboam. Los israelitas, cansados de las cargas impositivas que sostienen al gobierno, y del reclutamiento para la construcción de ciudades, palacios y fortalezas, le piden a Roboam alivio, y éste les contesta que su gobierno será más severo que el de su padre (10:1-15); entonces los del norte deciden separarse e inician su propia nación a la que llaman Israel y nombran su propio rey (10:16-19). Solamente la tribu de Judá se mantiene leal a Roboam.
Casi 200 años la nación del norte sufre con reyes impíos. En el año 722 a.C. Asiria los invade y aniquila el reino.
La nación sureña de Judá sobrevive a la nación del norte por casi 150 años, y esto se debe a que de sus 20 reyes, 8 fueron buenos, pero los reyes malos hacen descarriar al pueblo y por ello Dios decide castigar a Judá (36:15-16). Nabucodonosor, rey de Babilonia, invade Judá y arrasa con ella. El templo, símbolo judío, es saqueado y después destruido. Los sobrevivientes son tomados cautivos y deportados a Babilonia (36:17-21).
Después de 70 años de cautiverio, muchos judíos regresaron a Jerusalén y empezaron la reconstrucción del templo después de que el imperio persa derrotara a Babilonia (36:23).
En el Antiguo Testamento el templo era el foco central de alabanza. Desde el Nuevo Testamento en adelante Cristo es nuestro centro. “Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra” (2Cr 7:14).