Del Libro “Huellas Del Chaco” de Roberto R. Ávila Castellanos El primer Boqueron

Escrito por  Ene 15, 2017

Se rescata el presente trabajo de noticias y entrevistas realizadas en la prensa nacional, especialmente los periódicos  “El Diario” de la ciudad de La Paz y “El Antoniano” de Tarija.
Resultan inexplicables algunas coincidencias que se dan en la historia de los pueblos, para ningún boliviano es desconocido el significado que representa, para el sur del país y norte argentino, el caudillo llamado Eustaquio Méndez, apodado el “Moto” porque no tenía una mano e igual combatía por la emancipación de la colonia española, impuesta en su época. En realidad la acepción castellana es “manco” al no contar con una mano o un brazo.
En otro tiempo más cercano, durante la guerra del Chaco, se dio la inmolación de bolivianos en “Boquerón” y ahí demostraron el infinito amor por la patria, ese hecho, relatado en un capítulo posterior, es un hito al valor y al coraje de los soldados; su conocimiento debiera ser materia obligada para cada habitante de este país.

Trataremos de rescatar a otro manco “Héroe tarijeño” y dejaremos establecido que Boquerón era importante para los bolivianos, desde un tiempo anterior.
Elías Tárraga es el nombre común de un sureño, ó habitante rural del departamento de Tarija; más precisamente del cantón Salinas de la provincia O’Connor (antes provincia Salinas). El joven tarijeño era de tez morena, mediana estatura y una penetrante mirada.
Su nombre, como premonición a lo ocurrido posteriormente, fue elegido de un profeta bíblico; aquel que montó en un carro de fuego y era jalado por caballos, también de fuego; En nuestro caso el carro de fuego era la inminente guerra del Chaco y los caballos de fuego eran los fusiles utilizados.
En un reportajes que le hicieron decía:  Soy huajcho de magre y me juí (el hablar tarijeño cambia la f por la j)) a registrarme a Villamontes al servicio militar dejando a mis hermanos al cuidado de la hacienda familiar.
Mi taita me dijo al despedirse: “Que seya (sea) hasta la guelta muchacho, procura portarte lo mejor que podáis, sé obediente con tus superiores y corajudo pa’ todo lo que te ordenen; ojalá seyais jirme y jiel hasta el jin. A ver si ascendís lueguito nomas. Si volvís de sargento  -¡palabra!- te voy a regalar al Rosillo, con su apero chapeao”.
No lo quisieron inscribir para el cuartel, porque le faltaba un año; insistió tanto que al final lo incorporaron.
Continuando el relato decía que al hacer su servicio militar fue destinado al Regimiento Campos de la Guarnición del Sudeste en el Chaco boliviano.
Un diya, muertos de pena y rabia, hemos sabiu que los  “pata- pelada” habían hecho de las suyas, atacando sin avisar –igualito que los tobas- nuestro “Fortín Vanguardia”, que cuidaban los compañeros de la otra orilla (se refiere al ataque de 300 paraguayos sobre 25 soldados bolivianos, a principios de diciembre de 1928).
Ay juna… desde entonces trabajo les costó a nuestros jefes atajarnos. Todos estábamos ajilaus, escarbando como toros cuando esperan una tambera. Hasta que un diya, ¡Amalhaya!, llegó del fortín de atrás una transitadora (camión) con aviu (comida) y jué entonces que supimos que los enemigos avanzaban pa’ nuestro lao. Se destacaron, de inmediato, patrullas pa ir a reparar (vigilar, mirar), y lueguito nos dieron la orden de ir a su encuentro.
El presidente Hernando Siles había ordenado la toma del fortín Boquerón.
Era el 13 de diciembre, la noche estaba medio garviando (lloviznando) y en la oscurana tan cerrada, no se reparaba ni la palma de la mano. Y asina, trompezando, trompezando, nos agarramos de los cuchillos bayonetas, pa no perder contacto con la columna, prencipiamos la marcha. En aquella noche que nunca mey de olvidar.
Luego de un largo recorrido albeaba ya el diya, las secciones estaban preparadas para el combate. Yó pertenecía a la sección de mi teñente Ustariz, a quien Dios le conserve la vida. ¡Pucha! Que corajudo había siu el arribeño, y sufriu pa andar por el monte. Tuitos tenemos de él mucho respeto y gratitud, antecitos que se oyeran los primeros disparos, nos junto en redondilla a mi primo Gareca, al finao Castillo y a mí, que éramos los comandantes de escuagra, y nos dijo entonao: “El enemigo está cerca y espero que todos cumplamos con nuestro deber”. ¡Es su orden mi teñente!, le contestamos. Después entre nosotros nos hicimos la siguiente rejlección: En jin… claritu hay ser, vamos a ver en qué termina esto.
Serian las seis de la mañana, cuando ya se sintieron los primeros disparos, seña fija que se armaba la grande, estábamos en nuestras posiciones y se reparaba el puesto paraguayo con una cocina jumeando que era una maravilla; mancuando, empezaron  a jregarnos los paraguayos, la orden de avanzar era terminante. Mientras más tupius eran los disparos que llegaban, más aprisa era nuestro avance, y palabrita, si no hubiéramos siu vaquianos en la instrucción que nos han enseñau, obligándonos a tendernos de trecho en trecho, no lo estaríamos contando ahora.
Llegó un momento en que los “pata peladas” que estaban bien parapetaus, empezaron a guapiarse fierito mismo. En nuestras jilas ya habían algunos jinaos, sobre todo en la escuagra de mi primo Gareca, que recibierón una orden jregadita y cayeron tuitos, unos heridos y otros muertos.
De los comandantes de escuagra, no se libro nadie, el primero en cayer (caer) jue Gareca. Castillo jregau se quedó bajo de un quebracho, chorreando sangre; luego de recomendarnos que volvamos a recogerlo para que conozca el fortín enemigo antes de morir.
Velay lo que es el destino, seguramente he lerdeao en tenderme, no me acuerdo. Redepente (de repente) nomás he sentiu una explosión y mi mano izquierda estaba colgando al igual que los dedos de mi mano derecha; jelizmente el dedo que trabaja con el gatillo del jusíl estaba güeno todavía. Seguía avanzando cuando he sentiu calientito dentro de la chamarra. Apuradito he reparau una herida en la barriga. ¡Juera! Dije, aquí sí que me han bandeao; mey tanteao por atrás y, jelizmente, nada. Había siu un raspetón nomás, que sinó ¡juera!, ya no contaría el cuento.
Los “pata pelada” que estaban guapeando, se sosegaron un poco y cuando estábamos cerca de ellos, juyeron a la disparada, dejando en nuestro poder un montón de cosas. Después decían que eran valientes, yo los vide como guapos trotadores, cuando escapaban.
Diay, yo mey tirao a dos pilas que hacian juego detrás de un árbol, sacando la cabeza de rato en rato. Es decir pareciditu a la novena lección de los ejercicios de tiro, con cuyo recuerdo hey lograu hacer un impacto en cada  cara.
Me acuerdo claritu, cuando  el mayor Galleguillos me preguntó ¿Te han herido, hijo? -Sí, mi mayor- conteste. “Te felicito, has derramado sangre en defensa de la Pátria ¡Viva Bolivia!”. Hay jué cuando, sin querer, se me anegaron los ojos de lágrimas, y lloré juerte. Reciencito supe que eso de derramar nuestra sangre por la Patria, había siu una cosa, que aprieta juerte el corazón.
La pucha, que buenos jefes que me han tocado, pa sacarse el sombrero mi teñente y mi mayor.
A Castillo lo trajeron al fortín, cabalito como él quería, después de eso ha falleciu, parecía contento.
Una emoción imborrable para toda su vida fue cuando el teniente Uztarez le pidió la bandera boliviana que llevaba en su morral y la colocaron en un palo, en cuenta de la intrusa, soplaba una brisa y la tricolor -rojo, amarillo y verde- estaba como dueña de casa,  imponía su presencia al flamear en ese fortín.
Sobre el trato que le dispensaban en la ciudad de La Paz, donde curaba sus heridas, indicó no tener queja alguna, ya lo había visitado, varias veces, el general Kundt y le mandó de regalo un terno nuevito, según su relato, con dos estrellas de sargento primero. En realidad le formalizaron su ascenso y en su humildad lo consideró un regalo; aún no asumió el acto de heroísmo  que protagonizó junto a otros soldados bolivianos.
Sobre el presidente de la República, don Hernando Siles, indico que había sido buenito y en su última visita le había convidado, de sus propias manos, una copa de gelatina. Para Elías Tárraga era un honor que lo visiten tantas autoridades y no se cansaba de agradecer por las atenciones recibidas. En verdad el honor era para las visitas que compartían con alguien que dio ejemplo de amor a la patria, y un coraje interminable ante un heroísmo sublime sucedido en las cálidas tierras del Chaco,
Elías Tárraga era llamado el gran inmolado, perdió la mano izquierda, más tres dedos de la mano derecha y le quedaron cicatrices en el vientre.
Mi mayor Patiño (recordando el apellido) me dijo que tanto quería entrar que ahora no tengo una mano. Yo le conteste que era el destino, no hice más que cumplir el deber. Ahora quiero volverme a Salinas porque hace dos años que no veo a mi pagre.
Empezamos el presente capítulo  hablando del “Moto” Mendez y ahora podemos hablar, con conocimiento, del “Manco” Tárraga”. Boquerón fue el lugar indicado y la Patria, en el Chaco, la razón de este acontecimiento.
Quedan registros y huellas de algunos homenajes que le hicieron; luego vendrían otros hechos heroicos antes y durante la guerra, con otros personajes, y Elías Tárraga va desapareciendo de la frágil memoria de la patria. Queda una tarea pendiente: la de recuperar, para la historia de Tarija y de Bolivia, su vida posterior y que, por siempre, persistan los valores de amor a la patria, cumplimiento del deber, coraje, sencillez y entrega por la defensa del territorio.
 En Elías Tarraga debieran realizarse los homenajes para los héroes anónimos de la guerra del Chaco, aunque oficialmente la toma de Boquerón  de 1928, fuera calificada de “escaramuza” o “refriega”.
Mientras tanto, solo queda prendida la imagen del “Manco Tárraga” cabalgando en las hermosas llanuras de Salinas, con su sombrero chaqueño, en su caballo “Rosillo” y su  apero chapeao, con la cabeza levantada y el torso erguido, con las riendas envueltas en su antebrazo izquierdo, llevando consigo el amor a la patria y defendiendo a cada instante nuestro territorio. Al subir a una loma hace relinchar su caballo al obligarle a pararse y lanza al viento un grito que se escucha hasta el infinito: ¡Viva Bolivia!, ¡Yiiii pi ji jiiiiiiiiiiii!.
    
PRELUDIO DEL ENFRENTAMIENTO

Corre el año 1921, cuando egresa Eulogio Ruiz Paz del Colegio Militar, a sus 24 años estrena el grado de subteniente y su primer destino es en el batallón “Colorados de Bolivia”, en la misma ciudad de La Paz. Son cuatro años que palpita los acontecimientos del país en el mismo Palacio de Gobierno y madura el interés supremo de defender su tierra amada; por ello busca marchar al Chaco donde su destino está marcado, no sin antes obtener el grado de teniente efectivo.
El general alemán Don Hans Kundt, Jefe de Estado Mayor General del Ejército Boliviano, asciende al grado de teniente a Eulogio Ruiz Paz en fecha 04 de noviembre de 1924 y en el mes de abril del siguiente año lo destina a la Guarnición del Sudeste.
El 03 de diciembre de 1926 es destinado al Regimiento “Campero” 5º de infantería y en ese destino, a fines del año 1928, el 15 de diciembre, es ascendido al grado de capitán. En esa misma fecha es transferido al Regimiento “Campos 6º de infantería.
El último cambio de destino antes del inicio de la contienda bélica, se da el 5 de septiembre de 1931, cuando es trasladado al Regimiento Paucarpata 3 de zapadores.
Siempre en primera línea adentrándose al Chaco para hacerlo definitivamente boliviano. Junto a él entraron al Chaco varios oficiales, como el teniente “Charata” Ustarez y el Tcnl. Angel Ayoroa. A estos valientes que estaban siempre al frente se los conoció como “Señores de la  selva” por el dominio del monte y su facilidad de desplazamiento.
Los diversos destinos y su carácter sencillo, amable y amiguero, le permitieron compartir con muchos oficiales y también originarios. Por ahí conoció al personaje llamado  “Cabo Juan” quién, con su origen toba le enseño a conocer el chaco en toda su dimensión; a tener respeto por las caraguatas y cardonales, a reconocer las especies de árboles que crecían en esos lados, sobre la dureza del quebracho y la blandura del toboroche; a saber dónde buscar y encontrar  agua buena. Algo que nunca olvidaría es la utilidad en salud de varias hojas y raíces, además de reconocer sus posibilidades comestibles. De igual manera conocer el hábitat de alimañas y animales que compartían en estas regiones. Al “Cabo Juan” se le reconoce haber guiado expediciones dirigidas por el capitán Ustarez, los oficiales Cuellar y Eulogio Ruiz y el Mayor Germán Busch.
Los años previos a la confrontación bélica, fueron de preparación continua; una experiencia inigualable, un complemento total a su formación militar- ahí empezó a cabalgar y conocer al chaco- . En esos momentos aprendió a reconocer las ventajas que le brindaba esta tierra, y también a cuidarse de los peligros que abundaban.
Abriendo caminos, sendas y picadas se llegó prácticamente al frente de los fortines paraguayos.
El plan de penetración ejecutado por el gobierno boliviano refutaba el criterio del paraguayo Francisco Solano López que indicaba, en sus proyecciones geopolíticas que: la frontera paraguaya debía estar “ni más allá, ni más aquí que el río Parapetí”.
La finalidad del plan de penetración o exploración al sudeste estaba sustentada en tres (3) objetivos básicos que eran; la penetración, la ocupación y el enlace. La penetración estaba a cargo de las unidades militares;  la ocupación debía materializarse en núcleos defensivos (fortines) y el enlace seria efectivo cuando haya caminos estables para su comunicación, útiles para movilización de tropas y pertrechos militares, en tiempos de confrontación.
El Regimiento Paucarpata, que iniciara  la penetración el día 11 de noviembre de 1931, alcanzó a los 40 Km con el Teniente Coronel Miguel Candía. Luego con el capitán Eulogio Ruiz llegaron a la laguna Picuiba, el 22 de noviembre. Allí fundaron el Fortín Paucarpata 1 a 210 Km. de Carandaití,
El Plan de Penetración de Bolivia, con la fundación de nuevos fortines, desde las Cordilleras de Charagua  y Aguarague hacia el corazón del chaco, fue distribuido en tres rutas:
1).- Norte, partiendo de Charagua, cruzando el rio Parapeti, Huirapitindi, 27 de Noviembre, hasta fortín Ingavi, empalmando el camino a Roboré. El camino fue terminado antes de comenzar la guerra.
2)   Centro, parte de Carandaití, Picuiba, Garrapatal, hasta el Fortín Camacho. La exploración a cargo del Mayor Elogio Ruiz Paz llegó a Camacho en agosto de 1932: el camino fue recién concluido  en el segundo año de guerra.
3) Sud, parte de Carandaití, proximidades de Capirenda, hasta Campo Jurado, empalmando allí con el camino Arce - Ballivián. El camino fue concluido en Campo Jurado a principios de 1934.”
Con sacrificios de su salud personal, los jefes, oficiales y soldados del ejército boliviano, fueron ampliando el territorio nacional en estas tierras chaqueñas donde reinaba el tigre chaqueño. A decir de algunos historiadores “jalonearon el territorio nacional”.
El hermano del Capitán Eulogio Ruiz, Don Manuel Ruiz Paz, participó, como contratista de caminos, hacia el Chaco;  A Punta de dinamita y monumental esfuerzo humano,  realizaron la apertura del camino Tarija-Entre Ríos, Entre Ríos – Villa Montes, Tarija – Villazon en 1921, que fueron importantes para el traslado de tropas al escenario de la guerra. En verdad que la confrontación sorprendió a los constructores y mientras se desarrollaban los conflictos bélicos, seguían construyendo estos caminos.
Algo que se ha transmitido oralmente desde tiempos de guerra, es que los prisioneros paraguayos trabajaban manualmente en estas construcciones.
Toda esta exploración y conocimiento del Chaco, permitió que estos oficiales se preparen territorial y psicológicamente para la confrontación que estaba próxima a iniciarse.
Algo que la historia no registra es la presencia del mayor Eulogio Ruiz en Asunción del Paraguay, donde la formalidad lo señalaba como ayudante del agregado militar, sin embargo la misión tenía una alta dosis de espionaje en la época del inicio  de la guerra y en el corazón mismo de Asunción del Paraguay, mientras se sucedían escaramuzas en el frente, se movilizaban los cancilleres de América y tomaban  posicionamientos bélicos los presidentes Salamanca y Ayala.  
Mientras permaneció en la capital paraguaya el mayor Eulogio Ruiz asistió a una recepción de gala a nivel diplomático, donde asistían, como invitados, prominentes ciudadanos de la capital; entre ellos el hacendado Samuel García en compañía de su esposa Ramona Argüello y solamente sus hijos jóvenes,  entre ellos Dora García Argüello que contaba con 20 años de edad, una escultural figura, rasgos definidos y muy bien cuidados, y una mirada que penetraba  hasta lo más profundo. La familia había logrado su prosperidad gracias a la hacienda familiar con la producción de cítricos; especialmente naranjas que las exportaban al Uruguay obteniendo importantes ingresos.
Al acercarse la joven Dora al Ministro de Defensa del Paraguay preguntó en voz baja: “Esos militares de saco blanco… ¿De donde son?”. La respuesta no se hizo esperar “Esos son los Bolivianos… la guerra será contra ellos”.
“Gracias por la información – replica Dora – pensé que eran muy diferentes”.
Para Eulogio Ruiz Paz no pasó desapercibido aquel rostro y figura que no dejaba de sonreírle cuando se encontraban las miradas.
“Puedo conocer el nombre de la mujer más bella de esta noche” le preguntó Eulogio, al estar a su lado. Sofocada por la sorpresa contesto: “Dora… me llamo Dora, Dora García Argüello. ¿Y usted?”.
“Eulogio es mi gracia y mis apellidos son Ruiz y Paz, soy de la ciudad de Tarija”.
“Eulogio y Dora, suenan bien… ¿no le parece?” -dijo la paraguaya-.
En ese instante apareció don Samuel García y con cara de preocupación, aunque con gran educación, se llevó a su hija; Al poco rato la familia García Arguello abandonaba la recepción.
Fue un flechazo de amor para Dora y Eulogio y una vez ubicados por la ansiedad de encontrarse, se reunieron varias veces y pasearon prácticamente a ocultas de una sociedad que tenía la efervescencia de la guerra y no toleraría esta relación, al igual que la familia de Dora. Lugares apartados y discretos de Asunción, y los ríos Pilcomayo y Paraguay, fueron los testigos del amor, en el inicio de la guerra; Entre tanto Eulogio recogió variados datos sobre la organización militar del Paraguay.
Pensar en formalizar un compromiso en esa ciudad, no cabía en esta situación y deciden marchar a Bolivia y enfrentar la guerra que se iniciaba. Así sucedió un día de esos, cuando Dora salió para hacer una diligencia en la ciudad, sabiendo que ya no volvería. Junto a Eulogio se dirigieron a la Argentina y de ahí ingresaron a la zona de conflicto. En uno de los pasos fronterizos, un gendarme argentino, al verlos tan acaramelados y luego de revisar sus documentos les dijo: “El amor de un boliviano y una paraguaya son el ejemplo a sus gobernantes para evitar esas masacres de la guerra”. Dora dejo a sus padres y hermanos y abandono su patria por el amor a Eulogio, sabiendo que era para toda la vida.
Para Eulogio era un cuatreraje del amor, solamente que el botín era alguien para amar y honrar en su nuevo hogar.
Dora fue la compañera en la guerra, y boliviana por decisión, dejando sus restos en el cementerio general de Tarija. También fue el puntal del hogar en “El Pajonal”, una comunidad cercana al Poblado de “Entre Rios” de la provincia O’Connor del Departamento de Tarija.
No era la primera mujer de Eulogio Ruiz, ni tampoco la última. Antes ya había reconocido a un hijo, fruto de de una aventura juvenil, y había tenido anteriores matrimonios. De flor en flor, se puede  describir su tránsito amoroso en la selva de su vida.