Anécdotas de Fidel Torricos Cors

Escrito por  Mar 26, 2017

Heberto Arduz Ruiz

En una reunión en la que participaban Antonio Paredes Candia, Fidel Torricos Cors y Luis Ríos Quiroga, en la Feria del Libro efectuada en plaza San Francisco de la ciudad de Sucre, ante una amenaza de lluvia Paredes le pidió a Fidel que se lo compre plástico del Mercado Central. Cuando volvió le entregó un rollo grande; por lo que Paredes le preguntó la razón por la cual había comprado tanto material, a lo que Fidel le explicó que había que cortar. Paredes le dijo que con qué cortarían, pues con la filosa lengua de Ríos Quiroga, concluyó.
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En el domicilio de Hugo Poppe Entrambasaguas solía reunirse el grupo autodenominado Academia de la Mala Lengua y en una ocasión le solicitaron a Fidel que tocara una pieza tradicional chuquisaqueña. Conforme acabó de ejecutar se levantó de su asiento el escritor y bibliógrafo Gunnar Mendoza, se acercó al pianista y le besó las manos, maravillado por la calidad interpretativa. Aseguró Fidel a los cófrades que fue el mejor homenaje recibido en vida.
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En el centro citadino aparecía de cuando en cuando una vecina conocida como Cococha, ya que debido a una dolencia de artritis reumatoidea apenas podía caminar y salir a la calle. Para sorpresa de todos, una noche después de las veintiún horas la vieron circular en tiempos de la vigencia de una medida dictatorial. Fidel, presuroso, la llamó a su farmacia ubicada en la plaza principal y le dijo: qué hace usted si hay toque de queda. Ella repuso que a su edad no conocía qué medida gubernamental era esa. Sin pérdida de tiempo, con su típico sentido del humor, Fidel le contestó: le voy a enseñar lo que es el toque de queda, usted me la toca y se queda.
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A sus escasos ocho años de edad interpretó composiciones musicales al oído, provocando la admiración de los presentes. Al conocer esta aptitud natural sus familiares invitaron a don Mario Estenssoro Vásquez, destacado musicólogo, intérprete de piano y violín, además de ponderado crítico musical; quien gratamente sorprendido tras escuchar la interpretación del pequeñuelo se ofreció a gestionar una beca de estudios en Europa. En la ocasión se encontraba presente Bertha, hermana mayor de Fidel y por cariño la llamaba mamá; irrumpiendo ella en el acto en llanto y don Mario supuso que era de emoción. No fue así sino que creyó que con la beca lo perdería para siempre; extremo que indujo a Fidelito a abandonar las prácticas del piano durante varios años, retomando después a los veinte años de edad, pero siempre al oído. Esta situación fue corroborada por el maestro Atiliano Auza León, compositor e historiador musical, residente en la ciudad de Tarija, y en amena conversación nos ratificó que su paisano nunca aprendió a leer música.
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Matilde Casazola Mendoza hace la presentación pública de dos cuecas compuestas por su persona, en la interpretación vocal y acompañamiento de guitarra; obteniendo enorme éxito. Fidel asiste en calidad de invitado especial. Alguien del público le pide que toque una de las dos nuevas cuecas que estrenó la cantautora y poetisa. Fidel hace un gesto que llama la atención, poniendo el dedo índice en su sien y cual si hubiese activado un chip o sensor mental, interpreta con tal habilidad que todo el público se puso de pie y lo aplaudió. Siempre fue así, en cada interpretación de bailecitos, cuecas, caluyos y los infaltables pasacalles demostró su maestría y afloró en plenitud su alma colmada de sones auténticamente chuquisaqueños y, por ende, bolivianos.
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Una noche en que se encontraba preparando una poción en el pequeño laboratorio anexo a su farmacia, alguien golpeó el mostrador y a viva voz preguntó:
–Doctorcituy, ¿cómo se llama eso para poner enema?
–Cu… señora, le respondió desde el gabinete interior.
La pregunta naturalmente se refería a un pequeño artefacto denominado irrigador, usado antiguamente en medicina con fines terapeúticos para lavar la cavidad estomacal y limpiar los intestinos.