Del Libro “Huellas Del Chaco” de Roberto R. Ávila Castellanos A la ofensiva

Escrito por  Mar 26, 2017

Mientras sucedían los primeros enfrentamientos, se seguía con las exploraciones en la ruta Carandaiti - Picuiba - Garrapatal.
Desde el 15 de enero de 1933, se desplaza el Regimiento Paucarpata, al escenario mismo de la guerra. Se van a la primera línea, a luchar por la patria, empieza la gesta del capitan Eulogio Ruiz.
Mucho preámbulo para entrar a combatir, muchos oficiales se encuentran desde 1925 en el escenario de la guerra, explorando y abriendo caminos y ya habían combates, paso “laguna Chuquisaca o Pitiantuta” y los hechos de Toledo, Corrales y Boquerón solo fueron conocidos por el sistema de comunicaciones del ejército boliviano. Sabían que al estar en el escenario de la guerra, la orden de ir al frente no tardaría en llegar, para sus expectativas.

Entre el 20 al 27 de enero de 1933 participan del primer ataque al fortín “Fernández”, lugar donde hostigaron con una estrategia frontal, la misma que se reconoce como un error táctico en virtud al terreno de combe. Lo ordenado  por el general Hans Kundt no dio los resultados esperados y el ataque no prosperaba; de todas maneras el combate era real y peligroso para los recién incorporados,  y los éxitos estaban restringidos por el mayor número de efectivos que tenían los paraguayos en la retaguardia. En esos ataque frontales el olor a pólvora y la acústica de los disparos inundaba el monte, la fauna chaqueña era la primera en desaparecer de esos escenarios. El orgulloso tigre salía espantado si por casualidad estaba en el área.
Entre el 11 de febrero al 12 de marzo, del mismo año, participa en la Batalla de Toledo. Durante estas acciones el Capitán Ruiz participó en patrullajes y reconocimientos, distinguiéndose por su coraje y don de mando.
Al igual que en la anterior acción, las estrategias empleadas de ataques frontales no dieron resultado y el repliegue era la acción que culminaba el ataque.
El capitán Ruiz, en virtud a su desempeño  fue reconocido por su liderazgo e inmediatamente le dieron otras responsabilidades. Empezó a comandar el “Escuadrón divisionario Capitán Eulogio Ruiz”, que contaba inicialmente con sesenta y seis (66) efectivos. No es necesaria una explicación cuando a un oficial, le dan un grupo propio para seguir en las acciones de la guerra. Resulta un ascenso por méritos propios, El alto mando confiaba en Eulogio Ruiz, como un jefe que merecía tener su propia división.
A partir de su escuadrón divisionario participa en las exploraciones y acciones llevadas a cabo. Su conocimiento del Chaco, le daba la solvencia y era un apoyo indiscutido para sus camaradas en la guerra. De esa manera participó en el segundo ataque al fortín paraguayo “Fernández”. Las acciones bolivianas demostraron coraje y valentía; sin embargo la diferencia numérica y de armas con el ejército paraguayo era muy grande, y por ello no prosperaron estas acciones, aunque llegaron muy cerca de este fortín.
Pese al repliegue, estas acciones fueron felicitadas por orden del día de fecha 16 de abril de 1933 “El Comando. de la División felicita... por la actitud honrosa, con que estos han sabido cumplir su misión, cual corresponde a los defensores de Bolivia, se felicita al señor Capitán Eulogio Ruiz Paz  por haber cumplido satisfactoriamente la misión que se les encomendara, Firmado Coronel Quintela, Comandante División”.
A continuación ya no había descanso para nadie en el ejército boliviano, al ser menos, en cantidad de efectivos, tenían que participar en más acciones; así combatieron en el tercer ataque boliviano al fortín Fernández del 11 de mayo al 2 de junio de 1933.
El ejército boliviano, en esta acción, tenía las  siguientes unidades y efectivos:

UNIDADES    EFECTIVO
RZ3 “PAUCARPATA”, Tcnl. René Pareja    326 hombres
RI 12 My. Francisco Manchego    305 hombres
RI 17 Tcnl. Enrique Vidaurre    344 hombres
RI 20 Tcnl. Walter Méndez    344 hombres
Escuadrón Divisionario Cap. Eulogio Ruiz      87 hombres
Batallón Montaña KK. Nro. 9 Daniel Sossa    112 hombres
Batallón Montaña KK. Nro. 12 My. Arenas    112 hombres
4 Secciones de morteros (8 piezas)      90 hombres
Reemplazos     104 hombres
TOTAL    1824 hombres
Es importante mencionar que el ejército paraguayo contaba tres mil (3.000) efectivos para la defensa por lo tanto las diferencias eran notorias. Pese a todo, los bolivianos se atrevían a atacar, estaban a la ofensiva. En contraposición los paraguayos se mantenían en una defensiva activa, mientras acumulaban mayor cantidad de efectivos en la primera línea.
Durante este tercer ataque al fortín “Fernández”, más precisamente, en el avance de Platanillos a Muñoz, el 21 de mayo 1933, en el kilómetro 18, el Capitán Eulogio Ruiz es herido en el antebrazo izquierdo por uno de los proyectiles del enemigo. Esto no fue óbice para seguir combatiendo y dar las órdenes precisas a sus soldados. Por este ejemplo de valor, coraje y decisión le correspondió el ascenso al grado de Mayor; Existen reportes que el día 25 de mayo estaba al frente de su escuadrón divisionario, cumpliendo y haciendo cumplir las órdenes para tratar de ocupar el fortín “Fernández”.
La acción desarrollada en el ataque a Fernández, durante 22 días de lucha, no dio el resultado esperado de apropiarse de este fortín,  y culminó con la orden de repliegue del día 2 de junio de 1933.
A partir de ese entonces el mayor Ruiz ya es conocido por sus acciones mal llamadas en la guerra como “cuatrerajes”, en realidad eran acciones ejecutadas por los, ahora llamados, comandos o satinadores. Se internaban a la retaguardia del territorio ocupado por los paraguayos, realizando ataques relámpagos diezmando a patrullas, para rescatar pertrechos y armamentos. Si se complicaba la acción,  salían huyendo por diversas direcciones para juntarse en un lugar definido previamente.
Misiones de mucho peligro, que solo eran para algunos elegidos, entre ellos Eulogio Ruiz Paz, a quien apodaban como “el panzón Ruiz”. Tenía otros apodos que surgieron de esta historia: Al dar parte de sus acciones en la retaguardia enemiga, el mayor Ruiz indicaba el número de bajas que había dejado en el enemigo; como estas noticias se hacían frecuentes, empezaron a surgir envidias, dudas y comentarios antojadizos; por ejemplo: indicaban que “el panzón” se internaba en el monte, buscaba un lugar seguro, vulgarmente se “enmontaba” y después de varias horas de reposo, retornaba indicando un número de bajas enemigas, para impresionar a los jefes y oficiales.
 La duda planteada corrió como rumor muy rápidamente entre los camaradas y todos estaban esperando el próximo parte del mayor Ruiz, él también lo sentía, aunque guardaba muy profundamente su sentimiento ante tamaña osadía del pensamiento, ya se estaba preparando para vencer en esta batalla contra la intriga.
La ocasión no podía ser más propicia que cierta tarde cuando, alrededor de una parrillada, estaba reunida la oficialidad en pleno. Ahí llegó nuestro personaje y, como era normal, al dar cuenta de sus acciones, mediante parte al comandante, relató los detalles de su misión, indicando finalmente que habían causado veinte (20) bajas al enemigo.
El rostro del jefe militar, que era el coronel David Toro, se confundió con una mueca de duda y no faltaron algunas risas contenidas de los oficiales, que no creían en las palabras vertidas, el ambiente era delicado y tenso a la vez, todos esperaban un desenlace desfavorable para Ruiz Paz.
Como midiendo el tiempo, sin precipitarse y esperando el momento oportuno para romper el silencio, el mayor Eulogio Ruiz pidió permiso y ordenó a un soldado: “¡Estafeta!, vacié el morral delante del comandante… querían pruebas… ahí están”. Así lo hizo el soldado y todos vieron veinte pares de orejas cortadas de los paraguayos, se indispusieron y no pudieron comer algunos oficiales. Pasado el momento de tensión, volvieron las miradas de admiración ante el joven militar. A partir de la fecha la palabra de Eulogio Ruiz era respetada y nunca más volvieron a dudar de él. Había vencido en la batalla por su honor.
Por esta acción realizada, le pusieron como apodo “El corta orejas” y otros le llamaron el “Pila Mikuy” que es una voz quechua cuya traducción es “come paraguayos”. Su fama llegó hasta el enemigo y corrieron órdenes para atraparlo cuando fuera posible, lo que nunca ocurrió. Es importante destacar que esta acción sanguinaria y salvaje no volvió a ocurrir en la guerra, era una cuestión de honor.
Tres fueron los más famosos cuatreadores bolivianos de la guerra del Chaco: Víctor Ustarez, Eulogio Ruiz Paz y Germán Busch. Las acciones de este trío célebre, enorgullecen a todo boliviano al conocer sus hazañas en la guerra. También son reconocidos: el mayor Enrique Eduardo Guillen, el mayor Rivas y Ramón Urdidinea.
Lamentablemente, como narramos anteriormente el “Charata” Ustarez murió al salir de Boquerón y en un enfrentamiento cara a cara con el enemigo. Su cuerpo quedo en Boquerón. Su nombre se ha inmortalizado en un puente sobre el río Pilcomayo, que une a Villa Montes con San Antonio. La estructura nominada “Capitan Ustarez”, quedó para siempre en el Chaco. Esa estructura fue construida con una novedad tecnológica en Bolivia, el uso, por primera vez, del Hormigón Pretensado. Cuando se ingresa al chaco boreal, desde Tarija, necesariamente se cruza por este puente que simboliza a un luchador, como pocos en la guerra del Chaco. Tan hondo caló el heroísmo del “Charata”, que nadie dudó de esta nominación.
El Coronel Santiago Pool B. en una de sus memorias indica: “... y hubieron guapos en la guerra del Chaco, hombres a toda prueba y valientes hasta la temeridad: Eulogio Ruiz Paz, temido por los paraguayos, por sus constantes cuatrerajes de los que siempre salió vencedor; Román Urdininea, Chaqueño y sin nervio, hombre que ocasionó desastres en las filas enemigas, Víctor Alarcón, gran señor de la selva, sereno, capaz y valiente. Este es un trío de héroes a los que no puede olvidar la Patria y menos las futuras generaciones, por ser un solemne ejemplo de verdadero Patriotismo”.
El mismo Eulogio Ruiz indicaba de una historia singular: “En el sector de Nanawa, luego de varias maniobras militares de uno y otro bando, sin que puedan sacarse ventajas, y en medio de un combate, se escuchó una voz paraguaya dirigida al oficial boliviano que estaba al frente, eran para el Teniente Lopera. Fue desafiado a un duelo singular en el campo de “nadie”. Aceptado el reto y luego de ordenar a sus respectivas tropas el alto al fuego, ambos oficiales salieron al encuentro armados de revólveres. Al encontrarse frente a frente, a media distancia de las posiciones, el boliviano Lopera dijo con voz firme: ¡Aquí estoy, Qué quiere!, el oficial paraguayo de apellido Ferrel contestó: “Quiero abrazar al valiente Oficial, que tengo al frente y es capaz de dar su vida por sus soldados” ambos enfundaron sus armas y se confundieron en un abrazo ante el aplauso de ambos frentes; eran dos valientes ejemplos de coraje. ¡Honor y mérito a estos oficiales!”.
Luego del singular suceso volvieron a tronar las armas en el chaco.
Un Destacamento era un grupo táctico para realizar misiones especiales. En efecto desde que el Capitán Ruiz conformó el Escuadrón divisionario “Ruiz”, se lo empleo para misiones de reconocimiento de fuerza y patrullajes, la dependencia fue de la División 8, posteriormente se conformó el Destacamento “Ruiz”, que dependía del II Cuerpo del Ejército.
El destacamento “Ruiz” contaría posteriormente con un efectivo de aproximadamente 418 hombres, por lo que se advertía un óptimo manejo de personal en campaña. El número de combatientes fue aumentando. Sus hazañas no pasaron desapercibidas y es por esto que forman el Regimiento de Caballería del Segundo  Cuerpo de Ejército, su primer comandante, por méritos demostrados es  justamente Eulogio Ruiz Paz. Esto sucedía el 25 de septiembre de 1933.
Con este regimiento, se destacaron a tal punto que lo consideraban como de los mejores regimientos de caballería de la guerra. y eran requeridos en varios sectores. Con posterioridad este regimiento se llamó R.C.6 “Castrillo” y llegaría a ser conocido por los paraguayos como uno de los regimientos de mayor despliegue de fuerzas, con combatientes experimentados.
Durante el mes de noviembre estuvo hostigando a los puestos adelantados paraguayos, después participó de los contraataques en el frente de batalla; y al repliegue de las fuerzas bolivianas, hasta cuando sobrevino el amargo mes de diciembre de 1933.