La cuestión internacional con Chile Sus antecedentes, su situación actual. Soluciones. Sucre, noviembre de 1902 (Segunda parte)

Escrito por  Mar 26, 2017

JEFATURA DEL PARTIDO CONSTITUCIONAL
                Sucre, Octubre 28 de 1902.

Al Señor Dr. Dn. José S. Machicado —Presidente del Directorio del Partido Constitucional. La Paz.
Señor:
Remito a U. el documento adjunto, que contiene la relación de la labor y responsabilidad de los gobiernos constitucionales y del partido liberal y de su gobierno, en la cuestión internacional con la República de Chile. En la última parte están consignadas las soluciones que nuestro partido cree aceptables y que deben servir de base a los estudios y transacciones de nuestros representantes, en el debate y en el empeño patriótico de buscar un término, tomando la realidad de las cosas y viendo si la situación es susceptible de modificaciones que la hagan tolerable, salvando, por lo menos, la dignidad nacional.

El documento contiene términos generales sobre las diversas fórmulas de solución, que se alcanzaron ya o se intentaron, y sobre las que se debe volver con insistencia, antes de llegar a la única que propone el gobierno boliviano y contra la que se han levantado protestas aún en Chile, por creerla deprimente del honor de las naciones americanas.
La fórmula exclusiva de la venta de nuestro Litoral, es desesperante, y, cuando menos, habría que levantar el cargo de que el gobierno de Bolivia es el que la ha propuesto y que no ha buscado o no ha discurrido ninguna otra solución.
El documento, que es el manifiesto del partido constitucional, por cuanto ha sido cuidadosamente consultado en sus bases y conclusiones con sus próceres y los estadistas más conocedores de la materia, no llega a formular la delimitación de fronteras, porque es entendido que, este punto está comprendido, como base capital, en cualquiera solución que se alcance, teniendo como inaceptable, en todo caso, la demarcación fijada por el tratado de tregua, como ocupación militar.
Sírvase U., señor Presidente, convocar a los honorables señores diputados constitucionales, y después de dar lectura al documento que motiva esta comunicación, ponerlo en sus manos, como el voto o el anhelo del partido que representan, y que no es una imposición a sus elegidos, sino una insinuación patriótica y el buen consejo de sus colegas políticos.
En la perfecta independencia de nuestros representantes, sería una suerte y un honor para el partido constitucional, que procedieran de común acuerdo, desprendiéndose de toda preocupación y apartándose de las luchas apasionadas, para servir sólo a la patria, en la cuestión vital de la que penden sus destinos futuros.
Saludo con toda consideración al señor Presidente del Directorio del Partido Constitucional, y une suscribo su atento y—
s. s.
Luis Paz.

I
Los estadistas de Bolivia, desde Olañeta a Santibáñez, a Frías, a Bustillo, hasta nuestros contemporáneos, han buscado siempre una base de acuerdo con Chile para regularizar nuestra vida exterior.
Abierto el diferendo sobre fronteras, promovido por el Congreso de Chile en 1842, en el amplio debate, la diplomacia boliviana arrancó sus demostraciones desde los fundamentos tradicionales de nuestro derecho, en tiempo de los Incas, de la conquista y del colonial, con exhibición de títulos primordiales, y primera ocupación, seguida por actos no interrumpidos de soberanía y de dominio.
En la discusión de las cancillerías, en la que no queda punto por demostrar en favor de nuestro derecho, se ve el espíritu de conciliación que anima a la boliviana, que insinuó a la chilena fijara las bases del negociado, y proponiendo siempre, de su parte, términos de transacción, ya pidiendo el arbitraje, o reconociendo las posesiones intermitentes del territorio litigioso, para acordar el statu quo, que diera paso a una discusión reposada, leal y amigable.
La cuestión fue agotada, después de haberse hecho sobre ella plena luz, principalmente con el testimonio auténtico de los cronistas y leyes de España y con el que dan todos los antiguos historiadores chilenos a una voz, y la constitución política de aquel Estado. Es cuestión fenecida, de las más debatidas por la diplomacia americana, que no da lugar a ningún argumento de parte de Chile.

II
Pero toda solución se hizo imposible, y tal era el punto en que nos hallábamos, la premiosa situación que habían preparado los sucesos y el estado de ambos contendientes, cuando merced a sentimientos que despertó y a las facilidades que proporcionó una situación extraordinaria en América, pudo arribar el General Melgarejo al tratado de 1866.
Ese tratado, al fin importaba un acuerdo, y dados los antecedentes de la pertinaz resistencia chilena, partió, en transacción, bastante equitativa, nuestra cuestión territorial. Pero si bien ese primer factum diplomático puso término a la larga contienda sobre límites entre Bolivia y Chile, él no satisfizo a las exigencias públicas, por contener una cláusula extraña, que menoscababa la soberanía de uno y otro país.
Persuadidos de ello, los dos gobiernos, convinieron en seguir negociando pacífica y amigablemente, con objeto de revisar o abrogar el tratado de 10 de agosto de 1866; sustituyéndolo con otro que consulte mejor los recíprocos intereses de las dos repúblicas hermanas, a fin de quitar todo motivo de cuestiones futuras, y bajo la base inamovible del grado 24 y de las altas cumbres de la gran cordillera de los Andes. (Convenio de 5 de diciembre de 1872.)
El tratado de 6 de agosto de 1874, vino a realizar este convenio de las dos partes contratantes. Quedaron por él, claramente definidas nuestras fronteras con Chile, y esa fue la obra de remate de los trabajos de nuestros estadistas, que cerró la gran controversia y regularizó nuestra vida exterior.
III
Sin tomar en cuenta la causa ocasional de la guerra, cuyo origen no nos corresponde apreciar en este documento, ella estalló como una gran calamidad para la patria, y respondió el pueblo boliviano levantándose como un solo hombre.
El primer paso de la guerra, fue la ocupación militar de nuestro Litoral, y se anunció como conquista, rompiendo, por primera vez, el derecho americano. Chile buscaba la expansión territorial y dominio en el Pacífico: el golpe preparado se dirigía sobre Tarapacá, y el Litoral boliviano de por medio, caía, inevitablemente, en la usurpación.
Los orígenes de la guerra están relacionados en el debate diplomático de las cancillerías y han sido ya recogidos por la historia de los pueblos contendientes. Nuestros estadistas tomaron el hecho producido, y comprendieron, desde el primer momento, que la guerra nos conducía al desastre seguro, y sin pronunciar la palabra paz, frente al enemigo contra el que habían llevado todos sus contingentes de sangre y de dinero, pensaron en ella como en el único recurso salvador.
En el empeño de contener al fuerte, después de haber salvado el honor nacional en los campos de batalla, acudieron al medio de ampararse en el derecho, demostrando, con toda evidencia, la justicia de su causa, emplearon la protesta ante la flagrante usurpación; pero creyeron que no debía derramarse por más tiempo la sangre de su pueblo, con la seguridad de ser vencido, y que había llegado el caso de buscar soluciones de paz.

IV
Por primera vez se consultó a los representantes del país, reunidos en la convención del 80, después del gran desastre de los ejércitos aliados en Tacna. Una fracción se pronunció por la guerra a todo trance. Otra, calificada desde entonces de pacista. previo en términos decisivos, mayores desastres, y aconsejó el predominio de la acción diplomática sobre la bélica, sin que se descuidara la segunda a los efectos de la defensa y como garantía para la eficacia de las mismas negociaciones. Entre estas dos corrientes opuestas, que definieron los programas de los partidos políticos, se llegó a un término de transacción para formar mayoría y acordar el voto parlamentario que mantuvo el predominio de la acción bélica sobre las tendencias a la paz, sin dar de mano, entre tanto, a las iniciativas subsidiarias de una negociación.
Fue más claro, con tendencias a la paz, el voto de las Cámaras ordinarias de 1882.

V
El Congreso Nacional de 1883, entró de lleno en el gran debate con el informe de la comisión unipersonal de relaciones exteriores, presentado por el Senador Mariano Baptista. Es el documento generador, que abrió la nueva discusión sobre el conflicto internacional, sintetizando los antecedentes históricos y fijando sus verdaderos fundamentos, para llegar a’ soluciones posibles y salvadoras de la vida y del honor de la patria. El tiempo trascurrido, el estudio sereno de la opinión pública y los acontecimientos han llevado la luz de su vivo comentario sobre ese documento fundamental, recogido por la historia como fuente que ha surtido a las negociaciones posteriores. Conviene repetir la conclusión de ese informe, presentado y sostenido a nombre de un partido político.
“Negociar directamente la paz, provocando el inmediato concurso del gobierno aliado, sin que esta sugestión coarte la libertad de sus deliberaciones al respecto, ni embargue tampoco la nuestra; con la única condición, ineludible para Bolivia, de asegurársele una propiedad territorial bastante en el Litoral del Pacífico”.
“Una palabra aun para justificar este nuestro. sine qua non: si el éxito no da derechos, los produce en los tratados que le subsiguen, y cuando se habla de ellos, conviene declarar que Bolivia, privada de todo su Litoral, ha menester de una compensación, sin la cual no podría progresar, ni aun vivir como Estado. El derecho a la vida y a la expansión subordina todos los derechos, o más bien, ningún derecho se explica ni existe sin ese derecho generador. Debemos hacer constar que este es el resignado, pero incontrastable non possumus de los representantes del país)”.
El debate ardiente y apasionado que provocó este informe, dio por resultado que el gobierno y el partido guerrero, cedieran ante las patrióticas sugestiones, reconocieran la impotencia para seguir en las operaciones bélicas y aceptaran la necesidad de negociar la tregua.

VI
El pacto fue suscrito, ratificado, aprobado y canjeado el año 1884. “Mientras llegue la oportunidad de celebrar un tratado definitivo de paz”, se acordó la tregua indefinida, se declaró terminado el estado de guerra, y se restablecieron las relaciones comerciales entre Bolivia y Chile.
Con los extraordinarios acontecimientos políticos que se produjeron en Chile el año 1891, pareció presentarse una ocasión favorable para iniciar las gestiones de una paz definitiva, y nuestro gobierno avanzó hasta la declaración de beligerancia en favor del partido congresista, para amparar los intereses económicos de Bolivia y fijar las bases de un tratado, habiendo obtenido la promesa de puerto en el Pacífico o de compensación territorial (aunque de un gobierno irregular). No faltó pues, como no ha faltado nunca la diligente acción de nuestra diplomacia.
Desde entonces, como lo declaró nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, Dn. Emeterio Cano, al Congreso de 1894, “la política interna de Chile, los cambios en el personal de su Cancillería y la complicación de sus arreglos con el Perú, han determinado nuevos aplazamientos, durante los que no ha faltado acción solícita por parte de Bolivia, que “persigue un arreglo dentro de las conveniencias legítimas, del respeto al derecho ajeno, sin renunciar a las lícitas compensaciones del territorio”, que le den acceso libre sobre la costa. Queda así explicada su necesaria concurrencia en los últimos, arreglos chileno-peruanos, que definan la suerte de los territorios de Arica y Tacna, sobre cuyos rendimientos aduaneros están, según el pacto de tregua, situados el pago y servicio de las obligaciones reconocidas en favor de acreedores chilenos.”

VII
En 1895 se abrieron las negociaciones de paz, siguiendo el Gobierno de Bolivia las grandes líneas de la voluntad nacional.
“Necesario era poner término al Pacto de Tregua, decía al Congreso el Ministro de Relaciones Exteriores, Sr. Emeterio Cano, cuyas ominosas estipulaciones, de carácter transitorio,’ pesan sobre Bolivia...
“Si en la dirección de negocios internacionales, no nos ha sido posible, descansando en el poder de las fuerzas y elementos del país, incorporar a la comunidad boliviana los territorios que pasaron al dominio del vencedor, nuestro patriotismo obtiene, en compensación de ese Litoral entregado sin reservas y con carácter definitivo por el pacto de tregua, una salida para su comercio, sin la tutela y las restricciones del señor del suelo”.
“¡Allí en las orillas del mar Pacífico, en ancha o estrecha faja de tierra propia, se ostentará majestuoso el emblema de la soberanía boliviana!”
Los tratados del 95 fueron fruto de labor paciente, de esfuerzos patrióticos y de influencias y prestigios de los estadistas que condujeron las negociaciones, y que pudieron así confirmar en pactos solemnes las bases fijadas el año 91.
Se interesaron vivamente en esos tratados las cancillerías del Perú y de la República Argentina, al extremo que sus representantes en esta Capital, desplegaron todas sus influencias y causó cierta perturbación la idea de una probable alianza con la Argentina.
Eran dos los convenios celebrados con la cancillería chilena: el de paz y comercio, y el de transferencia territorial.
El único argumento que presentó la oposición, fue que Chile no honrara su palabra, que procediera de mala fe.
“Los términos en que se reataba Chile a la transferencia territorial, no podían ser más categóricos y basta redundantes. Desde el proemio del pacto invocó para sancionarlo una necesidad superior de Bolivia. Reiteró para la adquisición el móvil de su futuro desarrollo y prosperidad: reconoció natural, es decir de derecho, su libre acceso al mar.
“Leamos los artículos que siguen: si, prestando todo homenaje al derecho peruano, por negociación directa o por plebiscito, Chile adquiere los territorios de Tacna y Arica, se obliga a transferirlos, es un artículo: se compromete a empeñar para ello todos sus esfuerzos, separada o conjuntamente, es otro artículo: se ha de firmar este compromiso al mismo tiempo que el tratado de paz y de comercio, es otro tercero. En esta forma de obligación, tres veces inscrita, no es posible entrever nada de ambiguo o de dudoso. Lo repetimos: hay superabundancia de conceptos, precisamente en los puntos que fueron objetados de oscuros”.
Pero, nuestra cancillería dirigió sus sugestiones a nuestro representante en Santiago para que tallara aún más en lo que estaba tan recargadamente definido, y con tal espíritu se firmó el protocolo de 28 de mayo.
“Allí se repite que “para dar mayor precisión al espíritu y al significado de lo concluido sobre transferencia de territorios, Chile tiene el propósito de asegurar un puerto en el Pacífico, de condiciones apropiadas y suficientes para responder a las necesidades del comercio exterior de Bolivia; estipulación que estaba registrada en el artículo 4o. del tratado; pero el protocolo añade, ese artículo tiene carácter supletorio. No bastando esa calificación se pone esta otra: el artículo es de mera previsión. Todavía se echa mano de nuevas locuciones: base fundamental de la obligación chilena, es adquirir Tacna y Arica. Adelántase la insistencia sobre el anuncio del artículo 4o. Es una previsión extrema; no plantea una alternativa. Queda tal vez algo no suficientemente acentuado. Recálcase todavía más: Chile, perseguirá las negociaciones concernientes a Tacna y Arica con la mayor actividad posible”.
Concluida así la tarea del Gobierno, sometió los convenios al estudio del Congreso, y como en el amplio debate, todavía se suscitasen dificultades, el Ministro de Relaciones Exteriores, acordó con el Plenipotenciario de Chile, la facción de un protocolo que reprodujera, marcara y sellara lo que estaba dicho en documentos anteriores, para satisfacer las desconfianzas. Este protocolo es el de 9 de diciembre. “Díjose en el que se trataba de fijar los alcances y las obligaciones consignadas: que los tratados de paz y transferencia eran un todo indivisible, por estipulaciones recíprocas e integrantes las unas de las otras. Chile deberá emplear todo recurso legal para la adquisición de territorios, sería ineludible su obligación de entregárnoslos en toda la extensión que señalaban los pactos. Chile debía poner en ello todo empeño. En cuanto a la zona y puerto subsidiarios debían satisfacer ampliamente las necesidades del comercio e industrias de Bolivia).
Así fueron aprobados los convenios diplomáticos, por voto casi unánime. Los tratados de comercio, de paz y transferencia de territorios fueron ratificados en diciembre del mismo año 95, y canjeados en abril del 96.

VIII
El Gobierno de Bolivia, explicó por interpretación corriente, la cláusula 4a. del protocolo de diciembre, en términos claros, que no dan lugar a duda. El Gobierno de Chile aprobó el protocolo; pero se convino después en llevarlo a la deliberación de las Cámaras.
Nuestro Gobierno pasó a conocimiento del Congreso de 1896 la cláusula explicatoria y el protocolo de 18 de mayo, que fija las bases de liquidación a los créditos reconocidos, y el Ministro de Relaciones Exteriores, señor Gano, al dar cuenta del estado de las negociaciones decía: “Son ya del dominio público las gestiones de la Cancillería chilena, ejercitadas por su Legación en Lima, para decidir conforme al tratado de 20 de octubre de 1883 la suerte de los territorios de Tacna y Arica”.
“Por la simple lectura de los protocolos, que ya han alcanzado vasta publicidad, obsérvase una rara coincidencia. Al mismo tiempo que el Congreso boliviano discutía la fe de Chile, el Representante de la Moneda despliega en Lima, al servicio de su país, todos sus esfuerzos a fin de alcanzar soluciones ventajosas para los intereses políticos y comerciales de Bolivia.”
Amplio fue el debate, de revisión de todas las negociaciones que se abrió en el Congreso de 1896, hasta haber tratado de desvirtuar el fondo de los pactos. Fueron aprobados los protocolos complementarios que cerraron la serie de pactos celebrados para dar término A nuestras gestiones, y quedaron fijados o repetidos los puntos esenciales de la solución internacional.

IX
Dando cuenta al Congreso, al año siguiente, nuestro Ministro de Relaciones Exteriores, señor Manuel María Gómez, decía: “El canje de territorios que debe operarse según esos tratados, constituye la más anhelosa expectativa del país.
“Ocupado el Litoral boliviano y subsistente, al respecto, el tratado de tregua, Chile tiene abierto el compromiso de compensar el territorio detenido con un puerto en el Pacífico, que satisfaga ampliamente las necesidades del comercio de Bolivia…
“Bien sabéis, Honorables Senadores y Diputados, que, mientras que por parte de Chile no se cumplan las condiciones esenciales de nuestros convenios, conservamos nuestro derecho sobre las regiones de nuestro Litoral, sin que la actual ocupación pueda legitimar, ni consolidar el derecho de propiedad definitivo ante los principios del Código internacional”.
“No tenemos motivo que nos induzca a dudar de la actitud de aquel Gobierno. Lejos de eso, recibimos seguridades que nos prometen una solución satisfactoria”.
El mismo año, el Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Señor Carlos Moría Vicuña, hizo ante el Congreso de aquel país, la más esforzada defensa de los tratados del 95. Confirmando el pensamiento y la actitud del Canciller chileno en favor de los pactos, el nuevo Ministro acreditado en Bolivia, Señor Manuel Salinas, al presentar su carta credencial dijo: “Fruto de esta política, que se inspira en altas conveniencias internacionales y que ha encontrado franca acogida de parte del Gobierno de V.E. son los pactos de mayo de 1895, ya sancionados por los parlamentos y promulgados por los dos gobiernos de Chile y de Bolivia
Estima mi Gobierno que ellos están llamados a cimentar sobre sólidas bases la paz y amistad entre ambos pueblos, a armonizar recíprocamente sus intereses y a encarrilar por una vía de creciente prosperidad sus relaciones comerciales y económicas; y en el sincero anhelo de que comiencen a producir sus efectos, tiene el propósito de recomendar vivamente al poder legislativo la aprobación del protocolo complementario del 9 de diciembre de 1895 y del protocolo aclaratorio del 30 de abril de 1896, ya aprobados por el Gobierno de Bolivia.”

X
La complicación de las relaciones diplomáticas entre Chile y la República Argentina y el conflicto que amenazaba entre ambos países, vino otra vez a perturbar las deliberaciones del Congreso boliviano en sus sesiones de 1898, pues la oposición cifraba toda su esperanza en un casus belli entre esas dos potencias, que impondría de hecho, la alianza de Bolivia con la República Argentina.
Se agregaba a esta impresión de ánimo, las nuevas desconfianzas que suscitó el protocolo Billinghurst-Latorre, suscrito el 16 de abril de aquel año, para reglamentar las estipulaciones del tratado de Ancón, que no modificaba, en manera alguna, los pactos celebrados entre Bolivia y Chile, pues subsistía el compromiso contraído por esta nación, de emplear todo el esfuerzo preciso para obtener directamente y en acto plebiscitario, los territorios de Tacna y Arica, a fin de transferirlos a Bolivia en cambio de su Litoral. En este sentido, el protocolo Billinghurst-Latorre, se proponía realizar la condición esencial contemplada por los pactos de mayo y de diciembre.
El Congreso boliviano mantuvo, en todo su vigor, los convenios celebrados con Chile, pero marcó su inclinación a seguir las corrientes y la suerte de la política internacional argentina.

XI
La opinión y la responsabilidad oficial de nuestro partido abarcaron las soluciones definitivas, aceptadas por el adversario. En situación pérdida reanudamos nuestros esfuerzos y llegamos todavía a una situación viable con los pactos de 1895; al consumarse ya, el partido, liberal sustrajo el poder y abandonó los rumbos que pareció haberse trazado en su oposición. No busco acertadamente la cooperación argentina, cuando era patente que debiera obtenerla, hasta dentro de una confederación; entregó a Chile cuanto nuestro esfuerzo había logrado salvar en el Litoral boliviano, antes y después de la derrota, y confió a la guarda de industriales la soberanía boliviana.
Sin embargo, espectamos en silencio el desenvolvimiento de los sucesos, esperando la cuenta amplia de las actuaciones, para estudiarlas y meditarlas, y dar, en consecuencia a sus autores, un voto de indemnidad o de censura, o iniciarla acusación que les corresponda, reservándonos, en cualquiera de esos casos, los empeños patrióticos, dentro de los recursos legales, para modificar o aminorar en lo posible, las desastrosas consecuencias de los pactos consumados o por consumarse.

XII
Suspendidas las gestiones diplomáticas, por la revolución del 98 y 99, apenas constituido el nuevo gobierno, mandó Chile, como escogido ad hoc, a su Ministro Dn. Abraham Koning, que se ha hecho célebre en la diplomacia de América con su nota de 13 de agosto de 1900.
Nuestro Canciller dejó correr el tiempo necesario para que se pronuncie la opinión nacional y la de los países vecinos, antes de dar respuesta a ese documento, que recibió la condenación universal por sus doctrinas como por su forma, que rompió las reglas de la cortesía diplomática.
El Ministro de Relaciones Exteriores dio respuesta recién el 15 de octubre, satisfaciendo las aspiraciones del patriotismo y tranquilizando la ansiedad pública, en, un documento sobrio e intenso, que levantó el nombre de la diplomacia boliviana.
Todo el relato y toda la argumentación incontestable con que el Ministro de Relaciones Exteriores respondió al negociador chileno, estaba basado en el trabajo inteligente, perseverante y patriótico del partido constitucional; asumiendo, de su parte, la responsabilidad en el punto histórico en que tomó la dirección de las negociaciones, vinculándose así a la labor de veinte años de nuestros hombres públicos.
Conviene que los representantes del pueblo tengan presente estas declaraciones que contiene la respuesta de nuestro Canciller.
“V. E. tiene la idea de que solamente en obedecimiento A opiniones de otro tiempo, se ha consignado entre las bases propuestas por esta Cancillería, la aspiración del pueblo boliviano de poseer a perpetuidad una zona de territorio sobre el Pacífico, y se esfuerza en demostrar con tal motivo, que no existen ni ese puerto, ni ese territorio, por cuanto que, los que posee Chile en la costa, los necesita y cualquiera concesión comprometería la continuidad del territorio chileno. La respuesta es .muy sencilla: Bolivia esperará que Chile defina sus derechos territoriales, concluyendo sus arreglos con la República del Perú, y cuando sean conocidas sus fronteras, por ese lado, transferirá a Bolivia el último puerto que quede al Norte, y la zona necesaria para el tránsito a Bolivia. “Esta cesión no comprometerá familias chilenas, ni la continuidad del territorio chileno”...
“Es evidente que en las conferencias que precedieron al Pacto de Tregua de 1884, se convino que una salida al Pacífico que produjera la solución de continuidad en el territorio chileno, sería inaceptable por su propia naturaleza; pero se salvó tácitamente para estipulaciones futuras la cesión de una zona de territorio, ubicada en la extremidad Norte de las posesiones de Chile. Por esta, consideración, se celebró un pacto de tregua en lugar de un tratado definitivo de paz. Desde entonces la Cancillería de Chile, ha mantenido a Bolivia con la esperanza de adquirir un puerto”…
“Cuando en el año 1895, se quiso arreglar amistosamente las cuestiones emergentes de la guerra del Pacífico, territoriales y de indemnización, los tratados respectivos no fueron propuestos por Bolivia. Ellos se redactaron en Chile por la Cancillería chilena, y Bolivia se limitó a aceptarlos. Entonces se estipuló por tratado reservado de 18 de mayo de 1895 entre el Ministro de Relaciones Exteriores señor Luis Barros Borgoña y nuestro Plenipotenciario Dn. Heriberto Gutiérrez, que si la República de Chile adquiría el dominio permanente de los territorios de Tacna y Arica, los transferiría en iguales condiciones a Bolivia, en su defecto se obligó a entregar la caleta Vítor u otra análoga con más cinco millones de pesos.
“Diez días después se celebró otro protocolo entre los mismos negociadores, y se convino en él, que entrando en los propósitos de las altas partes contratantes, asegurar a Bolivia un puerto en el Pacífico, de condiciones suficientes y apropiadas para responder a las necesidades del comercio exterior de esta República, era entendido que ambos gobiernos propenderían a la adquisición de los territorios de Tacna y Arica, y el señor Ministro de Relaciones Exteriores de Chile expuso, de su parte, que trataría en primer término de obtener la solución prevista por el artículo 1o. y que las estipulaciones del artículo 4o. se referían al caso eventual de que Chile no adquiriese los territorios de Tacna y Arica por arreglos directos o a virtud de plebiscito.
“En el protocolo de 9 de diciembre de 1895, celebrado entre el Plenipotenciario de Chile, Dn. Juan Gonzalo Matta, y el Ministro de Relaciones Exteriores de Bolivia, aquellas estipulaciones fueron confirmadas, con la única circunstancia de que de todos los tratados concluidos entre Bolivia y Chile se hizo un todo indivisible, y en lugar de la caleta Vítor, se habló de un puerto que satisfaga ampliamente las necesidades del comercio de Bolivia”
“Lo que debe llamar la atención de V. E. es que el día 30 de abril de 1896, un año después, el Gobierno de Chile aprobó por protocolo especial, el que acabo de mencionar, con las siguientes aclaraciones:
“Que por caleta capaz de satisfacer las necesidades del comercio, se entendería la que tenga fondeadero para naves mercantes, terreno para construir edificios fiscales y establecer una población”.
“Que el Gobierno de Chile se obligaba a solicitar de las Cámaras la aprobación de estas convenciones”...
“Algunos años después, en febrero de 1898, se celebraron en Santiago nuevas conferencias oficiosas, entre los señores Joaquín Walker Martínez, Dn. José Paravicini y el Ministro de Bolivia Dn. Emeterio Cano. Entonces se propuso de parte de Chile, entre otras bases, la de que su Gobierno sustituiría al de Bolivia en la garantía del ferrocarril de Uyuni a Oruro y garantizaría el servicio de intereses del capital que se emplease en prolongar este mismo ferrocarril hasta La Paz, o puerto Ballivián”.
“De parte de Bolivia fueron varias las proposiciones, y por su novedad merecen llamar la atención las siguientes:
“Que Chile se haría cargo de la garantía del ferrocarril de Uyuni a Oruro.
“Que entregaría veinticinco millones de pesos, aplicables a la construcción de ferrocarriles.
“Otra proposición reducía esta suma a veinte millones.
“Otra, en fin, a seiscientos mil pesos anuales durante veinte años”…
“Que el plebiscito se realizará, no cabe la menor duda, puesto que está estipulado en el acto de Ancón y el Perú lo exige. Y si como Y. E. asegura en su nota, el éxito tiene que ser necesariamente favorable para Chile, razón de más para que aquellos protocolos se hubiesen mantenido en todo su vigor, puesto que la previsión principal tiene que realizarse A satisfacción de Chile”.
“Nunca mi Gobierno pensó que se desconociera la utilidad y ventajas de la posesión de un puerto. Este hecho fue reconocido no ha mucho por el Gobierno y pueblo chilenos”.
“Que un puerto sobre el Océano sea útil para una Nación es una verdad de evidencia incontestable. En América todos los Estados están dotados de una costa más o menos extensa; la única excepción es el Paraguay, que en cambio posee un río navegable que le permite comunicar libremente con el mundo civilizado.
“En Europa se puede citar otra excepción, la Suiza, lo que la ha sometido a una situación política especial garantida por los Estados que la rodean.
“Hay pues un derecho natural, por encima de todas las convenciones, que asigna a toda Nación, por lo menos, una pequeña costa para sus relaciones políticas y comerciales.
“Contra este derecho, Chile pretende adjudicarse la costa perteneciente a Bolivia, excluyéndola del Océano y condenándola a un aislamiento excepcional en América. Esta sola consideración ya sería bastante para que las proposiciones de V. E. no fueran equitativas”
“Toda la historia de Bolivia, desde su independencia, todas sus dificultades internacionales han provenido de la única causa de no haber tenido libre e independiente comunicación.
“El tratado celebrado en los primeros días de su independencia para la adquisición de la provincia de Tarapacá, el de confederación, celebrado más tarde con el Perú y las guerras consiguientes, no obedecieron a otro fin que al de agregar a Bolivia, una costa suficiente en el Pacífico y por consiguiente a proporcionarle la anhelada independencia comercial.
“He aquí la dolorosa y triste experiencia que .se trata de rematar con la exclusión a Bolivia del Pacífico y clausura definitiva dentro de sus montañas”.
“No es aventurado por consiguiente asegurar que el Litoral boliviano, con estas riquezas, representa, por lo menos, un valor de cien millones”.

XIII
Aún no había acabado de recibir el señor Villazón el aplauso por su respuesta al Ministro Koning, cuando se anuncia al país su estrepitoso retiro del Gabinete, del que él mismo dio cuenta en un manifiesto, en los términos siguientes:
“En respuesta (a la nota Kóning) y en una extensa comunicación se puso de manifiesto los muy fundados motivos que había tenido la Cancillería boliviana para insistir en la adquisición, de un puerto y zona territorial sobre el Pacífico.
“Esos documentos han sido juzgados por la opinión de los pueblos de América y por la prensa extranjera.
“En estas condiciones y bajo sinceras inspiraciones de una política de paz fueron formuladas nuevas bases, siendo las principales, sobre las publicadas, las siguientes:
“Fijación definitiva de las fronteras, incluyendo en la parte de Bolivia la mitad del lago de Ascotán y toda la laguna de Chilcava.
“Indemnización de £ 2.000,000 en lugar de $ 6.000,000.
“Las demás cláusulas eran las ya propuestas»...
“El gobierno creyó discutibles estas proposiciones, y para el efecto trató de preparar la opinión del pueblo. Con este antecedente, las negociaciones habrían podido desarrollarse en tal forma sin que en ningún caso se dudase de la lealtad y rectitud de la nación boliviana. Previo acuerdo con el Presidente de la República, aquellas condiciones fueron puestas en conocimiento de las Cámaras, las cuales, las rechazaron a primera impresión, no faltando tampoco algún Senador que pusiera en duda la probidad y patriotismo del Ministro.
“Estas circunstancias y otras dificultades que en estos mismos asuntos se habían originado han determinado al Ministro a presentar su dimisión.”
El país no alcanzó a comprender tan súbito cambio de opiniones en el señor Villazón.

XIV
Por retiro del señor Villazón fue llamado a la Cartera de Relaciones Exteriores el señor Federico Diez de Medina. No obstante la causa que ocasionó la dimisión del anterior Canciller, su desacuerdo con el Congreso, su sucesor aprovechó la primera ocasión para manifestar los mismos propósitos, de llegar a la paz con Chile mediante la compensación de dos millones de libras. En su circular a las legaciones de Bolivia en el extranjero, de 25 de Enero de 1901, en contestación a la circular diplomática del Ministro de Relaciones Exteriores de Chile, señor- Errázuris Urmeneta, se leen las conclusiones siguientes:
“Hízose notar al Plenipotenciario de Chile, que la cantidad por él fijada, aparte de ser exigua en su tasa, pues apenas correspondía a los productos de un año del Litoral perteneciente a Bolivia y ocupado hoy por Chile, constituía una mera suma de dinero, no relacionándose con propósito alguno real y de verdadero interés para Bolivia; y que era preciso buscar una base que, siendo efectiva, respondiera tanto a procurar una justa compensación, como a la satisfacción de una imperiosa necesidad sentida por el pueblo boliviano.
“En consecuencia, se dijo: puesto que Bolivia hubiera de renunciar al puerto que le es necesario como una indispensable condición de su progreso y de su desarrollo comercial, preciso sería que le fueran proporcionados otros medios capaces de reemplazar esa falta, y suplir en lo posible, la ausencia de un puerto que, Chile decía estar en la imposibilidad de entregar a Bolivia.
“Pensóse entonces, que ese medio, acaso el único, podría ser la construcción de ferrocarriles y carreteras, que unieran a Bolivia, no sólo con el Pacífico, sino también con las apartadas regiones del Oriente y N. O., lo cual constituye en verdad, una de sus más premiosas necesidades.
“Y como cantidad mínima, precisa para satisfacer esa necesidad, fue designada la de 2.000,000 libras esterlinas.
“Tal cantidad fue pues, señalada, no como suma de dinero que hubiera de recibirse en pago de los territorios cedidos, sino, como un medio de reemplazar la falta de puerto con el establecimiento de necesarias vías de comunicación; como compensación de un elemento de progreso que se suprimía, por otro que podía ser proporcionado.
“Después de una detenida discusión, convino el señor Kóning en la fijación de- esa suma, proponiendo que fuera pagada en 5 anualidades, y ofreciendo consultar a su Gobierno. El señor Villazón puso, a su vez, el hecho en conocimiento del Congreso.
“Como este rehusara pronunciarse sobre el particular, el señor Koning resolvió volver a Chile”…
El señor Villazón, en su manifiesto, que hemos copiado antes, dice: “Previo acuerdo con el Presidente de la República, aquellas condiciones fueron puestas en conocimiento de las Cámaras, las cuales las rechazaron a primera impresión.” Con lo que contradice la última afirmación del señor Diez de Medina.
Pero en ambos documentos, en el manifiesto del señor Villazón como en la circular del señor Diez de Medina, todas las referencias son impersonales, y en la ambigüedad con que son presentadas, no se sabe si las últimas proposiciones fueron hechas por nuestra Cancillería o por el Representante chileno, y tiempo después, el señor Koning se encargó del esclarecimiento de este punto esencial en las negociaciones.