Del Libro “Huellas Del Chaco” De Roberto R. Ávila Castellanos Fin de la guerra.-

Escrito por  Ricardo Ávila Castellanos Jul 16, 2017

Ante el fracaso del ejército paraguayo de tomar los campos petroleros, la decisión es la toma de Villa Montes, era el “último esfuerzo” que les pedían a sus soldados, y un adiós a la guerra. Muchas habían sido las tentativas paraguayas de atacar a este Fuerte boliviano, concentraron todas sus tropas para este objetivo.
Por un sitio llamado Igüiraru, próximo a la laguna de Agua Blanca se inició el ataque de los paraguayos el 20 de febrero de 1935, toda su potencia bélica estaba siendo utilizada, artillería y morteros hicieron temblar y rugir la zona de Villa Montes, luego de semejante bombardeo, empezó el asalto de tropas paraguayas; en principio fueron parcialmente detenidos por la primera línea, que ocasionó grandes bajas al enemigo. Luego de una breve tregua volvió el griterío paraguayo y sobrepasaron la defensa boliviana que estaba al mando del subteniente Félix Méndez Arcos. Fue aplastada la defensa, casi enterrados los unos y destrozados otros. Usaron granadas de mano en el asalto y pasaron por encima de la débil unidad allá apostada. La línea se replegó en la zona atacada hasta fortalecer la defensa y el asalto detenido. Reorganizada la defensa se realiza en fecha 16 de marzo un sorpresivo y violento contraataque que obliga al enemigo a un repliegue inmediato, recuperando la antigua línea. En ese momento se constató un estremecedor cuadro de holocausto, El subteniente Méndez Arcos, el cabo Valentín Berrios Molina y 23 soldados estaban allí, caídos por la Patria. Solamente podían pasar y repasar por allí por sobre sus cadáveres, los restos de tan grandes héroes fueron trasladados a la ciudad de La Paz.

Toda ciudad reserva sus principales calles para nominarlas con sus héroes, por ello la calle principal de Villa Montes lleva, justicieramente, el apellido del oficial de mayor rango  inmolado por la patria, junto a toda su Sección, defendiendo a este pueblo.
El último esfuerzo de los paraguayos no fue como pensaron y a Villa Montes no se pudieron acercar, aunque el “adiós a la guerra” no tardaría mucho en llegar por medio de la diplomacia, el ejército paraguayo ya no podía atacar, restaba su repliegue, a partir de entonces.  
Evidentemente a estos relatos de la Guerra del Chaco, faltan batallas y muchísimos actores; sin embargo, el objetivo era hacer una crónica sucinta, que permita reconocer a todos los defensores de la patria.
Pólvora ha sobrado en el Chaco y sangre se ha derramado en exceso, de ambas partes. El ejército boliviano movilizó doscientos mil efectivos (200.000) de los cuales 25.000 fueron hechos prisioneros de guerra y murieron 50.000; mientras que el ejército paraguayo movilizó ciento cincuenta mil (150.000) efectivos, de los cuales 2.500 fueron apresados y 40.000 murieron en esta confrontación.
El valor del soldado boliviano no puede ponerse en duda y de todas las regiones del país, vinieron al Chaco para defender la patria.
Cuando estaba en marcha una contraofensiva boliviana y mejoraban sus resultados de las confrontaciones, se concluyó la guerra con la firma de un Protocolo de Paz en fecha 12 de junio de 1935. Muchos afirman que la diplomacia internacional jugó en contra de Bolivia y en la guerra no hay norma que justifique, lo importante era terminar este juego de vida y muerte.
El Coronel Miguel Azurduy Estenssoro, aún testigo viviente de esta guerra y héroe de la misma indica lo siguiente: “De haber continuado la guerra por dos meses más, el ejército boliviano hubiera llegado al río Paraguay, pero debido a los intereses que tenía el canciller de la República Argentina, el Doctor Lamas, la cosa cambió. Fueron varios cancilleres de América para lograr un acuerdo de Paz entre los comandos de Paraguay y Bolivia. Se aseguró la reunión en Buenos Aires y fue la ocasión para la firma del armisticio en fecha 14 de julio de 1935.
Al saber de la inminencia de la firma del armisticio hubo un ataque que nunca se vio en la guerra. Todas las armas de ambos frentes disparaban y ya no importaba terminar sus municiones porque terminaba la guerra. A las 12 en punto hubo silencio absoluto; daba la impresión de nervios. A los quince minutos los paraguayos estaban gritando desde su línea a la línea boliviana: ¡hermanos bolivianos!, nos acerquemos al campo de nadie, sin armamento, para darnos un abrazo. De inmediato respondieron desde la línea boliviana: ¡Hermanos paraguayos, salimos ahí al frente para darnos el abrazo!. Así lo hicieron todos y el campo de guerra se convirtió en un espacio de confraternidad, todos cambiaban monedas, medallitas y cualquier objeto que podía ser un recuerdo, sentimos un gran cariño por ellos como si no hubiera habido guerra” recuerda el nonagenario coronel.
“El Paraguay estaba tan mal, que en los días siguientes, al medio día venían ellos a raspar las ollas de nuestro rancho. Estaban muy lejos de sus líneas de abastecimiento, ya tenían muy poca munición y la distancia era muy grande. Así termino la guerra”.

EPILOGO

Revisando el significado de las palabras, encontramos que “héroe” es el que se distingue por sus acciones extraordinarias o su grandeza de ánimo. Ante tal constatación esta nominación no debiera ser guardada tan celosamente para quienes lo merecen, es héroe el comandante de un ejército, como el fraile, soldado o ciudadano que se ha destacado extraordinariamente en el cumplimiento de su deber, como aquel que murió o fue hecho prisionero por defender la patria. El solo hecho de estar en esta confrontación, vestido con el uniforme de la patria, o la sotana de una congregación, ya no se representa personalmente, lleva inserta la convicción de sus creencias.
Evidentemente todos tenemos la oportunidad de ser héroes de algo; sin embargo la historia solamente recoge como tales a algunos personajes meritorios, algunos tienen la osadía de autocalificarse en actos de heroísmo y resultan siendo ídolos de barro, lo hacen sólo por ostentar algún grado superior o por tener influencia en el momento y lugar oportuno; sin embargo la historia es implacable, juzga a todos, y aquellos que sólo buscaron la figuración, son archivados como oportunistas y falseadores de la verdad.

Poniéndose a pensar en la historia de los pueblos, especialmente del propio terruño, encontramos que se ha estancado en la guerra de la independencia y solamente a los gloriosos guerrilleros les consideramos héroes, nos olvidamos de otras guerras y de otros hechos trascendentales. Esos nombres de grandes luchadores, se diluyen en nominaciones de calles y plazas y seguramente algún monumento que se corroe con el paso del tiempo.
Parece importante para todas las sociedades el promover la identidad  de sus pueblos, a través de sus héroes, de todas las épocas, ese ejemplo fijará una interacción de hombre – tierra, siendo un ejemplo que puede ser igualado, mejorado o superado.
Si hacemos un recorrido por las calles de cualquier pueblo encontramos varias nominaciones con muchos aciertos y posiblemente con humanas equivocaciones, ello es normal, sin embargo insuficiente al paso del tiempo, la memoria es frágil y la historia puede develar situaciones diferentes, que pueden, incluso, cambiar los acontecimientos. Un ejemplo de la ciudad de Tarija: Resulta que un historiador definió la fecha del cuatro (4) de mayo de 1817 como recordación de la Batalla  más gloriosa ocurrida en estas tierras. Esta aseveración fue inferida de un documento, poco claro que no precisaba fechas específicas. Resulta que a ese historiador, le siguieron otros que repitieron lo mismo y la sociedad desfilaba con gran fervor y civismo por el 4 de mayo; el Himno de nuestra tierra indicaba lo siguiente en su segunda estrofa: De los héroes del cuatro de mayo / Tremolamos el bello pendón / Y llevamos la noble divisa / Patria, ley, Libertad y religión.
Resulta que así llegaron los tarijeños hasta el centenario de esa celebración, con actos solemnes y dignos de esa fecha, aunque con mucha mesura porque el Gobierno Nacional no aprobó el presupuesto para este festejo, como lo hizo para otros departamentos del país, Chuquisaca, Cochabamba, Oruro y Santa Cruz. Resulta que para esa ocasión, hicieron imprimir una moneda que llevaba como leyendas lo siguiente: Consejo Departamental de Tarija, 4 de mayo 1817-1927 - Centenario de la Batalla de la Tablada de Tolomosa. Fue una fiesta inolvidable según comentan, pese a las restricciones económicas. A poco más de un mes, específicamente el 17 de junio de 1917, el historiador que lanzó la fecha, don Miguel Ramallo, tuvo la valentía de indicar que los hechos de la gloriosa Batalla de la Tablada, no habían sido el 4 de mayo y tampoco en Tolomosa, sino el 15 de abril de 1817 en la Villa de San Bernardo de Tarija y en las pampas de la Tablada. El obispo tarijeño Pedro Corvera hizo publicar esa “Rectificación Histórica”, con el fin de distribuirla a los círculos de escritores  y científicos de todo el país. Una de las calles de la plaza principal se llamaba 4 de mayo, En el colegio Nacional San Luis estaba el teatro 4 de mayo, ni que decir de Ordenanzas y normas dictadas a nivel local y grandes homenajes realizados por autoridades de la época. Se les caía la cara a los tarijeños, y como en todas partes hay testarudos, las autoridades seguían festejando esa fecha, hasta cuando el Rector del Colegio Nacional, don Alejandro del Carpio, restauró el viejo Salón 4 de mayo y lo reestrenó con la inscripción Salón 15 de abril, organizó además el festejo en la fecha correcta, lo que mereció el aplauso general de todo el pueblo. A partir de ese entonces fueron cambiando toda referencia de una fecha incorrecta, calle, ordenanzas, también el himno, que felizmente en la línea “De los héroes del quince de Abril” mantenía las mismas sílabas y no varió en absoluto la música, conservando la identidad con la verdad.  
Lo relatado precedentemente también es historia, errar es humano y corregir es grandeza, por ello la “monedita acuñada” es el testimonio de un horror histórico.
Los pueblos sin raíces, no merecen llamarse pueblos.
Si dieran a elegir entre guerra y paz, hay que trabajar por la paz, para hacerle guerra a la pobreza y a la discriminación, sin arriesgar el mayor y mejor capital de la patria, que es la vida.
En el Chaco los bolivianos, perdimos 50.000 vidas y los paraguayos perdieron 40.000 vidas por 243.500 kilómetros cuadrados; es decir que por cada 2,7 kilómetros cuadrados se ha perdido una vida humana; más allá de ganadores y perdedores de territorio, hemos perdido todos, porque las vidas no se reponen.
Por supuesto hablamos de héroes y las historias resultan egoístas  y mínimas ante la magnitud de lo sucedido. Por ello hay que inclinarse ante el Chaco convertido en un sacrosanto cementerio, que guarda en sus entrañas, a los héroes que han sido enviados a defender la patria desde todos los confines de la geografía nacional. No sólo la defendieron con las armas, sino con sus propias vidas.
Al final el límite acordado, que más parecía una derrota, es el que protege abundantes tesoros hidrocarburíferos para Bolivia, aunque en ese tiempo no lo sospechaban, a no ser las empresas transnacionales que ya extraían petróleo en esa época. De todas maneras se ha realizado la más horrorosa negociación de tierras versus vidas y estas últimas no tienen precio.
Ojalá nunca más vuelva a ocurrir, los héroes deben salir de otras batallas, con disparos de ciencia, de artes, del deporte, o de cualquier ámbito de la actividad humana con gladiadores propios contra el mundo.
Que la paz llegue a cada uno de los corazones y todos militemos por la causa común de la vida. Con todo nuestro esfuerzo, con todo el coraje y valentía que sean necesarios.
El Chaco tiene hoy grandes riquezas y es la querencia de todo boliviano. Existe como parte de la patria por los aborígenes, por los frailes, por los inmolados, por cada ciudadano; agradezcámosles siendo héroes para el trabajo y el progreso en el ámbito de cada actividad. Tus hijos y los hijos de tus hijos sabrán reconocerlo.
La construcción de la paz es un proceso complicado en cualquier caso; peor aún si, en medio, existe un conflicto bélico de proporciones. En Villa Montes dieron un ejemplo digno de imitar: al concluir la guerra del Chaco los jefes militares, junto a la Alcaldía Municipal, asignaron un lote de terreno situado sobre la “Plaza de la Pileta” para la construcción de la nueva iglesia, de la que se encargaron los sacerdotes Octavio Battini, al inicio, y Juan Scanerinni en su prosecución, habiendo contratado 20 albañiles en la ciudad de Tarija para este emprendimiento. Recolectaron veinte toneladas de cartuchos vacíos o casquillos en el área de las trincheras del “anillo de hierro” (defensa de Villa Montes) para que construyan las campanas de la torre. Mandaron dicho material a Buenos Aires y fueron fundidas por Juan Bellini tres campanas de 519, 387 y 247 kilogramos, en la campana mayor hay una inscripción que dice: “A los caídos del Chaco”.
Por demás simbólica esta decisión, aquel material que hizo tronar al Chaco durante la guerra, hoy envía dulces tañidos que llaman a la paz y la oración. Que así sea por siempre.