Un compendio de Literatura Universal

Escrito por  Heberto Arduz Ruiz Oct 08, 2017

Al posar los ojos, ojear, ante las vidrieras de una librería de la zona sur de la ciudad de La Paz, encontramos títulos como éstos: La chica del tren, Ladrona de libros, Más allá del invierno, en fin, algunas novedades literarias. Pero, a unos dos metros a la izquierda, ante la vista surge imponente un grueso volumen bajo el epígrafe de 1001 libros que hay que leer antes de morir, suma de relatos e historias de todos los tiempos; edición dirigida por Peter Boxall y José Carlos Mainer para la adaptación española.

En una de las solapas de la obra se puntualiza que sus páginas ofrecen un “conciso acercamiento crítico a los textos y a los escritores que han poblado el mundo de lo imaginario”. Invalorable guía tanto de lo selecto como de lo popular que se ha escrito de un confín a otro del mundo, en diferentes épocas, clasificadas éstas en Hasta el siglo XVIII, siglo XIX, siglo XX y siglo XXI.
En la introducción que formula el editor precisa que: “Cada novela es una obra que hay que leer antes de morir y aunque la muerte siempre es una posibilidad distante es también siempre inminente, acecha en las sombras a cada instante”. Los trabajos que acoge tan singular compendio, sólo merecen 300 palabras por cada uno, resumiendo su contenido; actividad plasmada en los aportes de más de cien colaboradores. Y Boxall destaca lo contagioso que significó en lo personal el amor a los libros y la verdadera pasión, amistad y placer que se filtran en el ánimo del lector.
El vasto repertorio se abre con Las mil y una noches, en un apretado comentario. Sheherazada cada noche relata al rey Schahriar un cuento, teniendo sólo una noche más de vida, pero la fascinación emerge y la salva maravillosamente de la muerte. Las narraciones que sobreviven a los tiempos son Simbad, Aladino, Alibabá y los cuarenta ladrones, entre muchos otros hasta superar con uno el millar.
A modo de ejemplo del material que recoge el volumen, sin emitir de nuestra parte ningún criterio valorativo y más bien mostrar el amplio espectro que abarca, citamos algunas obras concebidas en varios periodos de la existencia del hombre en la superficie terrestre. Verdaderos íconos del quehacer literario. André Gide y su libro Los alimentos terrenales, por la temática que encara pareciera haber sido escrito en nuestra época. El autor pretendió exponer su propia homosexualidad y los conflictos que derivan.
En este plano del interés actual otro tanto sucede con la obra Michael Kohlhaas, del escritor Heinrich von Kleist, en torno a la justicia y el derecho como marco de garantía ciudadana. El portugués José Saramago, Nobel de Literatura, se ocupa de Caín como héroe y al Dios del Antiguo Testamento lo convierte en villano. Por el delito cometido es condenado a vagar en las dimensiones de tiempo y espacio, con la particularidad de que participa en una serie de relatos bíblicos.
Los títulos anteriores fueron tomados al azar. No libremente elegidos, que con seguridad habrían sido otros. Sólo sirven de indicio.
En cuanto a las expresiones literarias del mundo hispánico, se encuentran consignadas a partir de Miguel Cervantes Saavedra, Francisco de Quevedo, Ramón Pérez de Ayala, Camilo José Cela, Adolfo Bioy Casares, Domingo Faustino Sarmiento, Rómulo Gallegos, Pío Baroja, Miguel de Unamuno y Juan Ramón Jiménez, entre otros más.
Un aspecto que embellece la publicación, aparte naturalmente del motivo central de la reseña de los 1001 libros, está relacionado a las ilustraciones; sean pinturas, carátulas de libros editados y fotografías extraídas del cinema, en buena parte, otorgan una tónica muy simpática desde el ángulo esteticista que busca la literatura.
El volumen que glosamos, caro lector, corresponde al año 2006 en su séptima edición. O sea que varios lectores a estas alturas debieron llegar en alguna medida a las fuentes prístinas: los libros que se comentan, aunque en nuestro medio es muy difícil tener acceso a algunos títulos. ¡Paciencia!