Heberto Arduz Ruiz

Escrito por  Omar J. Garay Casal Oct 08, 2017

El primer día que conocí a Heberto, me obsequió un libro titulado “De la Vigilia al sueño”, uno de muchos otros que son de su autoría, el que por supuesto, leí de principio a fin porque me atrapó desde sus inicios. Todas las historias y relatos tratan de vivencias del autor que su memoria rescató con esmero, detalle y a través de una prosa limpia y meticulosa.

Lo primero que llama la atención en él, son su sencillez y generosidad. Hoy, por lo general, los que escriben no regalan sus libros, los venden. Sin importar si el escritor es o no cotizado y conocido. Mientras que a Heberto por lo visto, no le interesa el dinero, sino que su obra sea leída.
Otros de sus libros, tienen los siguientes títulos: Hombres y letras, Mis Personajes de Fin de Siglo, Rastrojo de Lecturas, Brizna de Fuego, Trivialidades de Tiempo Libre y Sueños Intactos; editados y publicados en los últimos años, que demuestran un inacabado cariño y apego por las letras, como él mismo acaba confesando en el último, al mencionar que “los sueños, en tal sentido, continúan intactos…”
Y es que al estar jubilado como abogado -profesión que ejerció durante algo más de treinta años- ahora se dedica a la actividad de escritor, que lo apasiona. Que por cierto no es su único afán, dedicándose igualmente a la lectura y es, en consecuencia, un perseverante y conspicuo lector. Conoce de literatura nacional y a casi todos los escritores del país, contemporáneos y otros no tanto, como está al día de las mejores obras y autores a nivel internacional.
De allí que la lectura y escritura no son para Heberto, un simple hobby o entretenimiento. Son parte esencial de su vida, pues vive leyendo y escribiendo, hasta me atrevería a aseverar que duerme pensando en una próxima lectura o diagramando y corrigiendo mentalmente su siguiente libro; sin por ello haber descuidado jamás sus obligaciones de hijo, hermano, padre, esposo y abuelo.
Cuando uno lee su obra, tiene la certeza que cuando escribe lo hace inspirado en recuerdos, paisajes, vivencias y, hasta en pequeñas cosas, que para el resto de los mortales resultan sin importancia e insignificantes.
Este oficio, adquirido a lo largo de varios años, le ha dado suficiente experiencia para tratar sin complicaciones diversos temas. Al punto que desde hace bastante tiempo atrás, escribe para el suplemento literario “Cántaro” que se publica quincenalmente en el periódico “El País” de Tarija. Escribe también en la columna de opinión del periódico “El Diario” de la ciudad de La Paz.
Heberto es, además, comentarista y analista de las obras de otros escritores. Sean consagrados o no. Considera a todos ellos colegas y amigos, en esa condición, es una persona sin envidia, generosa, espontánea y franca, al que nunca se escuchó emitir comentario negativo alguno, un exabrupto, agravio o descrédito.
En los tiempos libres, alterna su pasión por las letras, con algo de poesía y música. Sabe y disfruta de Neruda, Mistral, García Lorca y tantos otros, con la misma intensidad, que goza de la música clásica y moderna, ámbito este último, en el que tiene como preferidos a los ingleses Beatles, Rolling Stones, Begees, a los cantantes estadounidenses Elvis Presley, Frank Sinatra, Bob Dylan y al trompetista Neil Armstrong. En cuanto a la música latinoamericana, se declara un ferviente admirador de los “Iracundos” y, en el campo de lo nacional y popular, de la música proveniente de la Culta Charcas, personificada por Don Fidel Torricos.
Asimismo, como el resto de los mortales, siente placer por la buena mesa, además de ser un excelente catador y degustador de vinos. Complacencias que adquirió en diferentes lugares de Bolivia y muy particularmente en La Paz, Cochabamba, Sucre y Tarija, conocidos por su variada, extensa y sabrosa gastronomía y donde se elaboran finas y exquisitas bebidas. Sitios por los que anduvo junto a sus hermanos, madre y padre, este último, militar de carrera, condición que lo obligaba a cambiar año tras año de destino.
El brasilero Paulo Cohelo en el prefacio de uno de sus libros, al comunicarle su vocación de escritor a su madre, humorísticamente describe a este como “un señor que usa gafas y no se peina bien, pasa la mitad del tiempo enojado con todo y la otra mitad deprimido, vive en bares discutiendo con otros escritores con gafas y deprimidos, habla de forma difícil de entender, detesta en secreto a otros escritores….”
Pasando por alto este festivo modo de describir a un literato, contrariamente diríamos de Heberto: es un escritor culto, pulcro, cauto, detallista, generoso, sencillo, apasionado, agradecido y sin egos. Pertenece a una gran familia, en la que todos destacan en las letras, el dibujo y la música.
Para concluir, recuerdo a Álvaro Mutis, quien refiriéndose a Gabriel García Márquez expresaba que “tenía una devoción sin límites por las letras, desorbitada, febril, insistente e insomne”. Reproduciéndolo puedo afirmar que las dos pasiones de Heberto -lectura y escritura- son para él, vicios incontrolados y adictivos, de los que ya no podrá desentenderse ni despegarse nunca.

Tarija, septiembre de 2017.