A Cántaro en sus Bodas de Plata

Escrito por  Fernando Arduz Ruiz Oct 22, 2017

Muchas veces suele ocurrir que surgen proyectos planificados para largo tiempo, pero a la hora de la verdad, cualquier escollo se encarga de derrumbarlos a la vuelta de la esquina. Otras veces otros proyectos que ven la luz sin ponerles un tope definido, resultan ser tan duraderos, que exceden todo propósito… pero para esto hay una sentencia que puede explicarlo todo: “el hombre propone, y Dios dispone”: y esta es una verdad incuestionable, porque la vida del hombre es tan pequeña, que nos es imposible comprender la vida de Dios, eterna y sin la prisa del tiempo que se escurre entre las manos.

Nacemos un día, y al siguiente partimos al encuentro del misterio indescifrable que nos depara el Creador. Es como si fuese lo mismo haber vivido uno, diez, cincuenta o cien años: nuestro efímero paso por la tierra no absuelve ni nos da luces de lo por venir, por mucho empeño que pongamos en ello.
Estos pensamientos brotan en mi mente al recordar que hace 25 años –fue un sábado 17 de octubre de 1992- que la palabra “Cántaro” nació entre las páginas de0l periódico AHORA-EL PAÍS, y hoy continúa cobijada en EL PAÍS eN. En aquel momento, quienes emprendimos ese sueño no podíamos haber sospechado que las páginas de Cántaro, transcurridos 25 años, se escribirían con plata.
Es cierto que don Carlitos Ávila (1927-2012), el padre Lorenzo Calzavarini (1939-2012), y muchos de nuestros fieles colaboradores se adelantaron en el viaje sin retorno: a ellos recordamos y agradecemos por el empeño puesto en el ideal compartido que hasta este momento sigue en pie.
Junto con los nuevos incansables colaboradores y los brazos abiertos de EL PAÍS eN, seguimos bregando en la continuidad de este proyecto sin fecha de vencimiento por nosotros conocida –mientras Dios así lo disponga-. En esta importante ocasión, no podemos dejar de recordar la misma historia que, no por ser parte del pasado, deja de estar presente:
Cántaro se inició cuando era normal carecer de tablet, laptop, celular, whatsapp (…what is this?), facebook… es decir, en la edad del bronce en las comunicaciones, ya que los artículos los escribíamos en una modesta máquina de escribir Underwood o Remington que luego tenían que transcribirse en las oficinas del periódico en un artefacto que en aquel entonces era impensable tener en casa: nos referimos a las voluminosas computadoras que seguramente hoy están en los museos de la tecnología.
Cada número de apenas 4 páginas, implicaba muchas horas de trabajo silencioso en un triple proceso: escribir el artículo, transcribirlo en el periódico y finalmente revisarlo, para tratar de detectar los errores de “taipeo” que eran el inesperado condimento que brotaba en el producto acabado.
Ese fue el resultado de largas horas de conversación dentro del grupo CREAR (Centro Regional de Arte): un grupo de jóvenes ansiosos con el deseo de llevar la cultura a la prensa escrita cristalizada en un suplemento cultural. Cuando conversamos con don Carlos Ávila Claure sobre nuestro proyecto, descubrimos que él también tenía el mismo llamado que inmediatamente pudimos concatenar. El nombre de CÁNTARO lo propuso Janeth Mendieta, sin sospechar que antes de cumplir el suplemento su 25avo cumpleaños, ella misma se convertiría en fiel e infalible columnista con un rico sustento espiritual.
De modo que, tras el transcurso del tiempo, hoy quedamos dos sobrevivientes del antiguo CREAR: Janeth y el que esto escribe; uno de los hijos de don Carlos asumió la labor de su padre: Ricardo Ávila, con quien fuimos compañeros de curso en el colegio y un par de semestres en la universidad, sin imaginar que además seríamos compañeros de cántaro; Eduardo Trigo y Roberto Barja –primeros colaboradores en el suplemento del ’92 que siguen en la brecha-; Roberto Ávila y Heberto Arduz, cuyos escritos demuestran que en la producción cultural no hay nepotismo, sino hermandad en la lucha consecuente y colectiva; y una infinidad de colaboradores que cooperan con sus artículos en un caleidoscopio de temas para el enriquecimiento lícito/intelectual de los lectores.
En fin, Cántaro involucra a todo un PAÍS de silenciosos trabajadores de distintos oficios, a quienes nunca tuvimos la oportunidad de decirles “gracias” por su aporte anónimo, incluyendo a los canillitas que dejan el producto final en manos del consumidor.
Gracias a ti, amable lector, a quien están dedicados estos 25 años de plata. Que Dios te dé un Cántaro de bendiciones para que la cultura siga respirando a través de la palabra escrita que tienes en tus manos.

Gracias.