Libros de la Biblia Jeremías

Escrito por  Janeth Mendieta León Oct 22, 2017

Autor: Jeremías
Fecha: 627 – 586 a.C.
Tema: Juicio
Lugar: Jerusalén
A Jeremías, último profeta antes de la caída de Jerusalén, se le conoce como el profeta llorón por su profunda pena por la nación que no se arrepentía. El ministerio de Jeremías se desarrolló durante el reinado de los últimos 5 reyes de Judá.
Hijo del sacerdote Hilcías (1:1), es llamado por Dios por medio de dos visiones: en la primera, Dios le explica que está “viendo” la ejecución de su propósito en la tierra. La segunda visión es una olla hirviendo, que es un símbolo oriental de una gran guerra. A través de este símbolo, Dios revela la invasión por parte de Babilonia.

Dios le promete a Jeremías estar cerca a lo largo de muchas pruebas personales: “…No temas delante de ellos, porque contigo estoy para librarte, dice Jehová” (1:8). El ministerio de Jeremías comienza en el reinado de Josías.
Jeremías reprende a Israel caracterizándola como una novia infiel; formula el juicio de Dios en contra del pueblo por su lujuria y por los dioses extraños, llamando al arrepentimiento. Judá también ignora la advertencia (3:6-11).
Israel y Judá son invitados a arrepentirse, pero son necios y no saben hacer el bien, abundando la injusticia. Los líderes son infieles a Dios y el pueblo apoya a sus líderes. La palabra de Jehová por medio de Jeremías dice: “He aquí que mi furor y mi ira se derramarán sobre este lugar, sobre los hombres, sobre los animales, sobre los árboles del campo y sobre los frutos de la tierra; se encenderán, y no se apagarán” (7:20).
Jeremías llora y se lamenta sobre Judá y Jerusalén (8:18-22; 9:1-11). En el capítulo 25 en el reinado de Joacim, Jeremías dice: “…hasta este día, que son veintitrés años, ha venido a mí palabra de Jehová, y he hablado desde temprano y sin cesar; pero no oísteis” (25:3).
El profeta vaticinó que Nabucodonosor, rey de Babilonia, destruiría las ciudades del norte, quedando en cautiverio por 70 años, y pasado ese tiempo, castigaría al rey de Babilonia y a la nación por su maldad, convirtiendo esa tierra en desierto para siempre (25:8-12).
Dios le dice a Jeremías que registre sus palabras en un rollo para que el pueblo revise todos los mensajes de una sola vez. Jeremías dicta las palabras de Dios a un escriba de nombre Baruc, y le dice que lea el rollo en voz alta en el templo. Cuando las noticias llegan al rey Joacim, éste quema el rollo pedazo a pedazo, pero el rollo quemado es reemplazado por otro, que junto con su suplemento anterior, sería el libro de Jeremías (capítulo 36).
En el noveno año de Sedequías, rey de Judá, Nabucodonosor y todo su ejército sitiaron Jerusalén (39:1) y capturaron al rey de Judá y mataron a sus hijos (39: 5-6).
Desde el capítulo 46 al 51 se exponen las profecías de la destrucción de Egipto, Filistea, Moab, Amón Edom, Damasco, Cedar y Hazor, Elam y Babilonia.
En el reinado de Sedequías, Nabucodonosor vino con su ejército y quemó y destruyó los muros de Jerusalén. Quemó la casa de Jehová y la saquearon llevándose todos los tesoros, todo lo que era de bronce, oro y plata de un valor incalculable (52:12-22). A los líderes y gente que había quedado en la ciudad la llevaron a Babilonia, dejando a los pobres del país para viñadores y labradores. Los 40 años de actividad profética de Jeremías terminan con la destrucción de Jerusalén.
Jeremías no logró convencer a su pueblo que se volviera a Dios. Los israelitas decidieron deshonrar el pacto y Dios tuvo que castigarlos. El pecado tiene consecuencias: está escrito en el pacto; actualmente decimos “lo que se hace, se paga”, en Romanos 6:23, la Biblia dice: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. El libro de Jeremías nos permite aprender precisamente sobre la paga del pecado.