Relatos de la vida La muerte y el imaginario

Escrito por  Luis Fernando Ortiz Lema Oct 22, 2017

PARTE I

Nuestra mente que siempre esta despierta a todo lo que se pueda concebir y que tenga un principio racional o base de una situación objetiva de una cotidiana realidad en nuestra percepción mental, y que en ocasiones sobrepasan lo material que llega a los límites que representan mentalmente una cosa en forma indiscutible al concepto del IMAGINARIO, transporta mentalmente a la realidad o de lo que verdaderamente ocurre como algo sobrenatural.

Dentro de los espacios de la realidad de nuestra existencia entre el inicio con nuestro nacimiento y su extinción, muchos se han ocupado de escribirla, relatarla o darle un sentido que se acerque a la realidad, es aquí donde encontramos ese espacio intangible del imaginario que ha recorrido manteniendo en el tiempo una secuencia con su propia existencia, para traernos a un contexto, como en un sueño para percibir algo que es parte de nuestra vida, compañera inseparable: la muerte.
Acaso sean pocos los elegidos, u otros que, con un grado de percepción extrasensorial, o dotado de un don sobrenatural, tienen la capacidad de comunicarse o encontrarse con el “más allá” en otra dimensión, dentro de lo inconcebible, develando misterios ocultos, a lo que nuestra imaginación nos lleva a cuestionar nuestra existencia y que desde su nacimiento recorre inexcusable el camino hacia la muerte.
Fantasías han sido relatadas, abriendo aún más la incógnita de nuestra presencia que al percibirla y vivirla, toma un sentido real de permanencia, en un tiempo que es limitado que casi muy poco nos permite a la reflexión, con temor o sin él entramos a una verdad que no se puede comprender y que es la muerte, incomprensible para la gente humana, pero poco aceptable con el destino inequívoco de su existencia.
Su presencia (la muerte) nos lleva a compartir inquietudes, o preocupaciones en lo espiritual de su naturaleza, un encuentro con ella en un tiempo concedido, que no es casual con una partida a un camino sin retorno, y entramos a la concepción de otra realidad de algo que no tiene existencia.
En un razonamiento humano a lo que se denomina vivencia, dentro de lo imaginario, nos preguntamos la realidad de nuestra existencia, a la que llegamos con nuestra inseparable compañera en un camino sin vuelta, esta llega inexorable, como una gloria por haberla enfrentado, para otros con valor y resignación, pero algunos con temor y cobardía porque orgullosos y engreídos se aferran a la vida, los enfermos la esperan como panacea para sus sufrimientos, otros, que sabiendo que en un cuerpo sin alma, vuelve a la tierra, al lugar de su nacimiento.
Es una presunción debemos esperarla sin temor, porque somos parte de ella, sin concebir el cielo o el infierno, porque todo ya lo vivimos y debemos comprender que el tiempo es vida que limita con la muerte, que traspasa los umbrales de la existencia, mora en nuestro cuerpo, que existe desde el principio de nuestra creación, porque la historia de la muerte tiene un certificado de nacimiento que no puede alterarlo credo ni religión.
En un análisis controvertido, la religión católica que analiza este aspecto, considera que la muerte es la paga o el castigo por el pecado cometido, y que Jesucristo destruía la muerte exclamando: “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mi aunque hubiese muerto vivirá, y todo aquel que vive y cree en mí no morirá para siempre”, una razón por la que en los tiempos históricos del cristianismo los fieles morían gozosamente, con la alegría sabiendo que al final de su viaje les aguarda la felicidad, donde nació su historia de legiones que cobraron el sinónimo de mártires.
Si analizamos un concepto de Irribaren en 1.965, concluye que los únicos capacitados para hablar de la muerte son los muertos, afirmación totalmente descalificada por falta de sustento, puesto que la misma entra en un letargo final, se acalla y se pierde con todos los sentidos, por lo que la muerte tampoco es un hecho casual, cuando la concebimos como algo natural parte de nuestra existencia, en lo que consideraríamos también el origen religioso que la acepta como parte de una nueva existencia, una constancia que nos conduce a Dios en el cielo.
Karl Jasper (1.883 – 1.969) analizaba la muerte a través de la historia y la cultura, inevitable a todo ser, ligada a su propia naturaleza.
Akan 1981, se refiere a culturas antepasadas que aseguran la continuidad del hilo social, es decir, descendencias que se siguen a través de las generaciones y que aseguran la continuidad del grupo social.
Como una significancia de muerte y castigo, fue considerada en la Edad Media, su presencia hace ese día noche y de la canción un plañido y pesa la muerte más que la vida en la balanza de las apreciaciones históricas, donde nace la concepción “no que muere viviendo, sino que vive muriendo”.
Para los judíos, a excepción de algunos, era y sigue siendo materialista, el premio o castigo de las buenas o malas acciones y para el pensamiento ortodoxo, deberíamos mirarla con sacrificio grato al todopoderoso, según esta reflexión es “la puerta de acceso a la inmortalidad, una relación muy estrecha y cercana con los cristianos, se considera como parte del ciclo de la vida, para celebrar la salvación del alma.
Ernest Hemigway en su juego con la muerte: “en la tarde se desprende que el hombre es, en la creación el único ser que sabe de antemano que ha de morir, tiene la facultad de pensar en ello en todo momento.
Cada ser pensante ha de sacar sus propias conclusiones, por lo que estimo que esta parte no científica, por cierto, tampoco puede estar exenta de la crítica, para lo que he tomado en cuenta, recopilando diferentes investigaciones y opiniones que quizá sirvan para el encuentro final con nuestra compañera sin tener miedo, susceptibilidades, como el dolor que acompaña a ésta para darle una calma eterna.
EL DOLOR DE LA AUSENCIA
PARTE II

Muchas cosas que suceden y traspasan la realidad con hechos y evidencias o causas paranormales o de un fenómeno inexplicable que puede deberse a fuerzas desconocidas o de naturaleza de origen psíquico (Percepción extra sensorial) puede representar un pasaje de vivencia, de una experiencia profunda, vivida intensamente por un individuo(a); esta introspección está descrita en el diccionario, donde no encontramos contradicción con relatos de la vida real, que en diferentes circunstancias solo tendrían cabida en la percepción, cuando se adquiere conocimiento de la realidad a través de los sentidos.
Es así que manifestamos un sentimiento en un estado afectivo, motivado por causas sensibles, en un razonamiento humano, que percibimos como una causa de análisis de situaciones determinadas, en este caso especial esta historia de la muerte que desde un principio cohabita con la vida, o en el tiempo en el que vive un ser que haya formado una familia, creando raíces profundas de amor, comprensión y entrega, es una de las razones por las que más apego tenemos a nuestra existencia en el tránsito hacia “el más allá”, a lo desconocido cuando intuimos que estamos cerca del final, es precisamente en este momento que comenzamos a sufrir “el dolor de la ausencia”, esta se manifiesta con gran elocuencia, con dolor y un temor permanente, que tiene su razón al tomar conciencia que dejara a sus seres queridos, sin vuelta, de los que se empieza a despedir a su viaje al mas allá.
“El dolor de la Ausencia” por el otro lado (familiares y seres queridos) los que han perdido a sus semejantes, los que sufren esa partida irremediable, con la privación y la falta de esta persona, sufran por un tiempo incalculable “el dolor de la Ausencia”.
Solo se puede experimentar este sentimiento, tomando en conciencia de acontecimientos que marcaron nuestro destino, muchos y en convivencia con la vida y la muerte despertando a la realidad en la que tiene sentido el ser como humano, dotado de sensibilidad, que en su imaginario espera un “milagro” de un encuentro en un espacio infinito y eterno que mitigue el “dolor de la Ausencia”.

EPILOGO
Solo podemos experimentar este sentimiento, más doloroso en el grupo familiar, tomando conciencia de acontecimientos que marcan nuestro destino, unidos y en convivencia despertando a la realidad en la que toma sentido el ser, la parte humana dotada de sensibilidad, que espera un milagro de un nuevo encuentro en un espacio infinito y eterno.