El racismo contra latinos en España

Escrito por  Omar J. Garay Casal Dic 31, 2017

Hace poco, apareció en el diario El País de Madrid, una nota referida al racismo imperante en España, direccionada principalmente contra inmigrantes de origen sudamericano que estudian en diversas escuelas y colegios.
El artículo inicia mencionando que “España no se da cuenta de lo racista que es” y describe distintas formas con que se encubre la discriminación hacia los latinos, al extremo que en los últimos tiempos se ha popularizado y extendido el término “microrracismo”, un tipo de rechazo de baja intensidad, definido como pequeños gestos que se dan en el día a día y suponen agresiones no muy graves, pero sí desagradables.

Conductas que -según puntualiza el autor- se venían visibilizando bajo otras denominaciones: “racismo de cañita y terraza”, “racismo buen rollero” y el “racismo aversivo”, término este último, acuñado en 1986 por los psicólogos sociales Gaertner y Dovidio, que refiere un tipo de racismo de quienes no se consideran racistas con el clásico “no soy racista pero… y también incluye a los que hacen bromas racistas como si no tuvieran consecuencias”.
En este marco, se pidió a cuatro jóvenes latinos compartan sus experiencias, para conocer el grado y cotidianidad con que son objeto de discriminación por parte de sus compañeros de estudio y amigos. La ecuatoriana Carina Uvidia que estudió periodismo y llegó a España en 2008, denunció que se vio impedida de poner su voz en off a los trabajos de clase, debido a su acento latinoamericano que aún conserva. Yessenia Tituaña, otra ecuatoriana de 21 años de edad, que llegó a España con apenas cuatro años, recordó que tuvo que soportar de sus amigos españoles los calificativos “panchito” y “panchitadas” por sus gustos musicales. El peruano Diego Villacorta, radicado desde 2009, refirió que debido a su piel pálida, no ha dejado de escuchar la frase “pero si no pareces latino” al presuponer que los latinos son todos iguales, y, el español Aarón Moya se quejó que cuando afirma ser español, recibe como respuesta “español, ¿pero de dónde?”
Asimismo, relataron episodios de racismo grave de los que fueron y son víctimas en diferentes circunstancias y tiempos, confirmando rotundamente aquello que se temía: la discriminación contra los latinos impera y se campea en la península ibérica. Prácticas que según los entrevistados “levantan una barrera invisible que les impide sentirse plenamente integrados en la sociedad española”.
Pese a existir medios dedicados a denunciar este tipo de conductas, tal el caso de “Afroféminas”, un medio de comunicación que está contribuyendo a dar visibilidad al microrracismo, lo mismo que “Sos Racismo Madrid”, una plataforma de denuncia y visibilización de microrracismos cotidianos.
Sin embargo, llama poderosamente la atención, que la sociedad española o para ser más justos, parte de esa sociedad -considerada desarrollada y desprejuiciada en ciertos aspectos- recaiga en prácticas segregacionistas y propias de mentes enfermas, contra jóvenes latinos y hasta con personas nacidas en la propia península, por el único pecado de lucir una piel parecida a la de los inmigrantes. Indigna que insistan en exteriorizar su xenofobia y seudo nacionalismo rayanos en el fascismo, al considerar a estos, indeseables, cuando no delincuentes y enemigos.
Uno pregunta si habrá tenido que ver en ello, una historia plagada de reyezuelos y príncipes ruines, una rancia tradición inquisitorial, el conservadurismo religioso y épocas tiránicas como la del dictador Franco, cuando, la sola diferenciación de la orientación sexual respecto a la mayoría heterosexual, importaba el destierro, la muerte civil y hasta la muerte física; imperaba la persecución política, la tortura, la censura feroz y castradora, contra aquel que pensaba u opinaba distinto y contra todo atisbo de arte y cultura contestataria al régimen.
Ni qué decir de la inmisericorde e incesante persecución ejercida durante siglos, contra el desplazamiento de pueblos árabes, como los asentados en la región andaluza, a los que se ha convertido en ciudadanos de segunda clase y a quienes los fascistas españoles no se cansan de adjudicarles un sinfín de defectos.
Similar recelo surge si retrocedemos al momento de la conquista, cuando la crueldad, racismo, persecución, tortura y muerte, ejecutados de manera sistemática y desvergonzada, tenía como único objetivo saquear nuestras riquezas y apoderarse de nuestros territorios.
Y hay quienes borran de su memoria que los latinos, a diferencia de lo acontecido en el pasado, cuando llegan a España, lo hacen pacíficamente y nunca en afán de venganza o para apropiarse de sus riquezas. Obligados en muchos casos a abandonar sus países por crisis económicas, peleas internas, calamidades o en búsqueda de trabajo que los propios españoles, en determinados casos, rehúsan ejecutar.
Lo peor, es que la discriminación no se direcciona únicamente contra extranjeros, hace bastante tiempo giró en el interior de la propia España. Sino preguntémosles a los catalanes, a quienes hoy se impide separarse de la madre patria.
¿Por qué decidieron independizarse? La respuesta la dio el mismísimo presidente de la Generalitat Catalán Carles Puigdemont, al mencionar que se sienten discriminados histórica y económicamente por el Estado Español. Recordó que doscientos años atrás las tropas borbónicas suprimieron las instituciones catalanas y prohibieron su idioma, algo que cruelmente se repitió durante el régimen de Francisco Franco. Seguidamente mencionó razones económicas, acusando al estado español de redistribuir inequitativamente la riqueza que cada región aporta -consideran los catalanes que aportan más dinero del que reciben- sin dejar de apuntar a problemas político-administrativos, la diferencia de lengua, cultura y un montón de otras cuestiones más.
Además habría que consultar a los de Cataluña si la frase poco feliz: “el castellano es la lengua oficial del Estado Español” inserta en la constitución de 1978 ¿no les resultaba una forma de desprecio a su lengua originaria?.
Pensamiento del que tampoco se apartan demasiado vascos y gallegos, aunque todavía no dieron el gran salto que los catalanes se atrevieron a dar, poniendo en jaque al gobierno y al estado español actual.
En este contexto los latinos volvemos a indagar ¿Qué sentirán ahora los nacionalistas españoles, cuando una parte de lo que hasta ayer fue suyo y le perteneció con vanidad (Cataluña), ya no quiere serlo ahora ni pertenecer? ¿Que sintieron los españoles en tiempos pasados, cuando eran vistos con otros ojos por los demás europeos? ¿Estarán dispuestos a no mostrar su lado oscuro que a veces los convierte en una sociedad clasista, xenófoba, intolerante, conservadora, nacionalista y prejuiciosa; distinta de aquella otra heredada de Cervantes, Picasso, García Lorca, Lope de Vega, Calderón de la Barca, Ortega y Gasset, Unamuno y tantos otros genios que elevaron a niveles supremos el arte y la cultura española?.
Ojalá, un día no muy lejano, algunos malos españoles, abandonen definitivamente hábitos primitivos y discriminatorios. Para bien de España y de los que circunstancial o definitivamente eligieron vivir allí, particularmente niños y jóvenes del tercer mundo, que buscan mejores oportunidades y no merecen el rechazo de absolutamente nadie que se precie de ser civilizado.

Diciembre de 2017