En Memoria de Etiene de la Böetie

Escrito por  Omar J. Garay Casal Ene 14, 2018

El francés Etienne de la Böetie, fue un joven prodigio, un iluminado y adelantado para su época. Hace bastante tiempo atrás, con apenas 16-18 años de edad, escribió y nos legó un precioso y enjundioso discurso-ensayo titulado: “De la Servidumbre Voluntaria”.

Allí consideraba “una desgracia extrema estar sujeto a un amo” y se dolía “ver a un millón de millones de hombres servir miserablemente, teniendo el cuello bajo el yugo…sin más coacción que su única voluntad, lo que terminaba convirtiendo al manso rey o señor feudal en un brutal y despiadado tirano u opresor”.
Teniendo en cuenta la época que vivió, pletórica de reyes, reyezuelos, príncipes ruines y señores feudales, clasificó a los tiranos en tres: los que poseen su reino por elección, por la fuerza de las armas y por sucesión de estirpe. Si bien reconoció alguna diferencia entre estos, terminó afirmando que la forma de reinar de todos es casi la misma.
Recordó a algunos reyes y emperadores romanos y de otras partes: Claudio, Julio César, Tiberio, Nerón, Calígula, Trasón, Sila el dictador, a Dionisio I y Hierón reyes de Siracusa, Jerjes Rey de Persia y Pirro Rey de los epirotas, conocidos por su condición de opresores e inhumanos señores.
En contrapartida, elogió entre otros, a griegos y espartanos por su valentía y grandeza de no someterse a ningún tirano. Y a Hipócrates -conocido modernamente como el padre de la medicina- al que afablemente denominó “abuelo”, por expresarle al Gran Rey “que no serviría con su arte al que perseguía hacer esclava a Grecia”.
Afirmó que el hombre por naturaleza es libre y no entendía como era capaz de servir voluntariamente a otro. Decía “Hacéis tantas indignidades que las bestias mismas no aguantarían ni sufrirían”. Rematando con aquella famosa frase “Los bueyes mismos bajo el peso del yugo gimen, y los pájaros en la jaula lloran”.
Fue tal su furia que interpeló a los que gustan de los tiranos “si no hay uno que tenga la valentía de decirle lo que en un cuento, le dice el zorro al león, que se hacía el enfermo: Yo iría a verte de corazón a tu cubil, pero veo muchas huellas de animales que van hacia adelante, hacia donde tú estás, pero hacia atrás y de vuelta no veo ninguna”.
En lo fundamental, La Boetie repudió toda forma de dominio y sumisión, marcándonos el camino de la no obediencia ciega y voluntaria: “Podéis libraros si ensayáis no siquiera a libertaros, sino únicamente a querer ser libres”. A tiempo de fijar su postura pacifista que se resume en “estad resueltos a no servir más y seréis libres”. Eso bastaría para ver desmoronarse a los regímenes tiránicos.
Destacó otras perlitas: gobiernan a través de otro u otros “siempre ha habido cinco o seis…para hacerlos cómplices de sus crueldades, compañeros de sus placeres, alcahuetes de su voluptuosidad y participantes de los frutos de sus pillajes. Estos seis tienen seiscientos, estos tienen bajo ellos a seis mil, cien mil, millones, por esta cuerda se sostiene el tirano”.
Aquello de circo al pueblo le debemos también a él, reconocía que las distracciones y entretenimientos (el circo romano, la lucha de gladiadores entre sí y contra animales feroces, etc.) fueron instrumentos que tenían los tiranos para encantar a sus siervos y el precio que estos últimos tenían que pagar por su libertad.
Recordó asimismo que los amos fueron afectos a los simbolismos: “las presencias tardías en público y ausencias, atribuidas a los Reyes de Asiria y Media; el portar ramas de fuego sobre las cabezas los primeros reyes de Egipto; la mentira que el dedo gordo de un pie de Pirro, rey de los epirotas, hacia milagros; Vespasiano, aliviaba cojos, devolvía la vista a los ciegos y; hasta la superstición mandaba en su propia Francia”.
Y, que los halagos y complacencias, formaban parte del menú que los serviles ofrecían en bandeja al opresor.
Fue tal la difusión y aceptación del discurso de La Boetie, que sirvió para atizar las luchas libertarias en la Europa que transitaba del medioevo al renacimiento. Miles de jóvenes franceses encontraron en el pensamiento de su joven coterráneo, la luz que los guió más tarde en el triunfo de su revolución. Luego sus ideas cruzaron los océanos e iluminaron en el Nuevo Mundo, a los que encabezaron los sucesivos levantamientos contra la corona española.
Es considerado por muchos, el primer “anarquista” de la era pre-moderna.
Sin embargo La Boetie - quién estaba convencido del triunfo de la racionalidad sobre la bestialidad- no imaginó jamás, después de transcurridos más de cuatrocientos años desde que su obra vio la luz, que los regímenes totalitarios lamentablemente persistieran alrededor del planeta. En pleno siglo XXI déspotas, maniáticos, sátrapas, y delirantes, tanto o más repudiables que los absolutistas de la edad media, están a la cabeza de estados, países, naciones y corporaciones. Con grandes diferencias: poseen armas más letales que las que poseían los menguados ejércitos de la Edad Media, son aterradoramente represivos, altamente sanguinarios, cuentan con inmensos recursos económicos para comprar conciencias, están dispuestos a todo con tal de mantenerse en el poder y conquistar no ya otros reinos sino a otras naciones.
Pero también poseen similitudes. Como ayer, muchos súbditos hoy, alucinan con pertenecer al círculo íntimo del déspota. De allí las cortes de bufones y payasos para alegrar al Dictador. Las cortes de correvediles que le juran lealtad perruna y eterna, para congraciarse con él. Los judas, expertos en el oficio de la delación, convertidos en preferidos del amo y denominados modernamente informantes, buchones, soplones o tiras. Existen los que les ofrecen su propia vida y hasta son capaces de entregarles lo más preciado -hermanas, esposas e hijas- con tal de pertenecer a la corte del bárbaro.
Al final de cuentas, en todos los tiempos se comportan del mismo modo. Lo que cambia, son las formas u obsequios, con los que retribuyen el favor recibido o por recibir. Mientras más costoso, mayor la probabilidad que el dictador lo recompense con una canonjía, con la que recupere con creces lo invertido.
De ensalzar en la era actual ¡ni que se diga¡ Hay titulados en el arte de la lisonja. Mientras mejor el halago, mayor el gozo que siente el opresor. Jefe, Jefecito, Generalísimo, Excelencia, Excelentísimo, Eminencia, Benefactor, Salvador, Restaurador, Doctor o Padre de la Patria son algunos de los ostentosos títulos conferidos para complacerlos. En casos se postran ante su sola presencia, llegando al extremo de rotular a la esposa del dictador: “La excelsa dama y matrona de la Nación”.
Características, todas estas, que infelizmente se reproducen en distintos niveles del poder público, dentro de un país o nación cualquiera; inclusive en el ámbito privado en el que hasta un simple y feroz capataz, actúa despóticamente sobre empleados, obreros o dependientes. En resumidas cuentas el uno manda al dos, el dos al tres, el tres al cuatro y así sucesivamente, hasta que todos se convierten en vasallos del primero.
Lo peor, es que tampoco faltan los que bajo la fachada de gobiernos democráticos, considerados la panacea del mundo occidental al sustituir a las monarquías absolutistas, gobiernan despóticamente, desconociendo los más elementales derechos humanos e ingresando los últimos tiempos, en un terreno harto peligroso al adueñarse por la fuerza estos regímenes del poder. En fin, en lugar de evolucionar, pareciera que estamos retrocediendo.
Volviendo a La Boetie, dicen los entendidos que su obra no sólo es un brillante y sobresaliente ensayo, analizado y estudiado hasta el cansancio; sino una verdadera joya de la oratoria, más allá de ciertos purismos ortográficos y gramaticales que las normas modernas exigen. Es en definitiva un discurso al estilo de las antiguas alocuciones griegas o romanas. Una pieza discursiva, a la altura de los épicos discursos de Cicerón.
Al presente es obra de consulta de estudiantes, docentes y profesionales. Es un texto de análisis obligado de la teoría política moderna. Se discutió y debatió en talleres, foros, congresos, mesas redondas y todo tipo de reuniones. Es tema de estudio en ámbitos de la sicología moderna y del sicoanálisis; además de consulta obligada de sociólogos, politólogos y políticos, que leen y lo releen, del derecho y al revés.
Su difusión, le debemos a su gran amigo Michel de Montaigne, quien a manera de una corta introducción personalmente advierte: “Lector: me debes lo que disfrutas del que fue Etienne de la Boetie…. A Dios, en París, a diez de agosto de 1570”.
En definitiva, por sobre cualquier otra consideración, la obra de Etienne De La Boetie trata de ¡una preciosa y extraordinaria oda a la libertad! Vigente antes y con mayor razón en nuestros días. Que sólo una mente prodigiosa y sensible a cualquier forma de sumisión o esclavitud pudo concebir, el momento exacto que las monarquías absolutistas alcanzaron su cenit en Europa y, se instituía, en el recientemente descubierto y conquistado Nuevo Mundo la oprobiosa esclavitud de indios y negros, usados como máquinas excavadoras y bestias de carga en socavones de oro y plata horadados en nuestros suelos. Cuando a fuerza de sables, trabucos y pólvora se mataba o perseguía, expulsaba y les arrebataban tierras y riquezas, además de proscribir su lengua y su religión a los nativos que las poblaron

Enero de 2018.