Carta dirijida por Don Benjamín A. Dávalos al Sr. Guillermo Araoz, esplorador del Bermejo

Escrito por  Documento recopilado por Juan Ticlla Ene 14, 2018

Buenos Aires, Setiembre 10 de 1886
Señor D. Guillermo Araoz.
Pte.
Mi distinguido amigo.

Con el placer que ya debe V. suponer, recibí su atenta carta de 13 de Agosto, y con ella el ejemplar de su importante obra sobre la “Navegación del Bermejo”, que ha tenido V. la bondad de obsequiarme, pidiéndome mi opinión sobre ella.
¿Qué quiere V. que le diga al respecto, amigo Araoz, si desde las primeras páginas se conoce su importancia, y los servicios que está llamada á prestar á los navegantes de ese rio y á los pobladores de la región misteriosa del Chaco? Usted, como ningún otro viajero, ha descrito lo que es aquel rio en todo su curso, y aquel suelo en toda su estension, y lo que este puede dar en el porvenir, y aún en la actualidad, á la agricultura, á la ganadería y al comercio; de manera que hoy y después, tiene que ser su libro el guía indispensable de los futuros pobladores de aquel vasto territorio, de los navegantes del Bermejo, y aún de las autoridades Nacionales que gobiernan allí, por los importantes y curiosos datos que contiene.

Á juicio mío, y de todos los que le conocen, era V. el llamado á escribir una obra de este género, no solo por la práctica adquirida en sus numerosos viajes por dicho rio, sino también por su carácter estudioso, observador y perseverante en esta clase de trabajos.
Esto mismo les decía hace pocos dias en la confiteria de París á Guillermo Ormacchea y Román Cross al hablar de Vd. antes de conocer su libro, y al dar también mi opinión sobre algunos trabajos mecánicos hechos por el último de dichos jóvenes.
A la verdad: yo creo que V. y Cross, á quien conozco desde muy niño, se han dedicado en la vida á aquello para lo que han nacido, como se dice vulgarmente; de manera que sus trabajos tienen que dar forzosamente resultado porque son la obra de la naturaleza íntima de cada uno de ustedes, sin esfuerzo ni violencia de ningún género. Cross combinando rodajes, muelles y resortes, y Y. viajando, esplorando y describiendo, se hallan en su elemento como el pez en el agua.
Por lo que hace relación á la parte geográfica de su obra, y á las reflexiones hechas al final de ella sobre el mapa que la acompaña por su hermano y mi amigo el Dr. D. Benjamín Araoz, voy á darle también mi opinión, leal, franca y sincera, pero concretándome solamente á los límites con Bolivia, y muy especialmente á la cuestión de Tarija, tan debatida antes de ahora por nuestros escritores y diplomáticos.
Según dicho mapa levantado por V. y las réflexiones hechas por su hermano, la rejion tarijeña debe hallarse incluida en el territorio que forma la Provincia de Salta, sin embargo de que en el mismo mapa, la línea de demarcación entre ambas Repúblicas, tomando por límite el Pilcomayo, llega solamente al grado 22.
Supongo que la razón que ha tenido V. para hacer esa corrección á los antiguos mapas, es la misma que espresa su hermano D. Benjamín al hablar de los límites con Bolivia por aquella parte, es decir la célebre Cédula real que trata de la incorporación de Tarija á la jurisdicción de Salta, comentada é interpretada de diferentes maneras por los escritores de ambos países.
Me voy a permitir una observación.
Esas razones, querido amigo, han sido ya espuestas estensamente en notas y protocolos diplomáticos, y á pesar de eso habrá visto V. que los mapas oficiales de esta República no avanzan una línea de los antiguos límites por esa parte, indudablemente por que otras razones de igual ó mayor importancia han pesado y pesan en el ánimo de los directores de la política nacional para no alterarlos.
Por otra parte, esos límites están demarcados, aunque provisoriamente, por una ley obligatoria á ambos Estados, cuales son los tratados vigentes, los que claramente disponen que se conserven y respeten las actuales fronteras por ambas partes hasta que, terminado el litigio, se vea á quien pertenece la región disputada. Mientras tanto, la posesión actual supone derecho perfecto en el poseedor.
Las observaciones que voy á hacer, no van á tener por base la tal Cédula real, cuyo sentido y validez han sido ya tan debatidos, y sobre la cual no queda por consiguiente nada que decir en pró ni en contra. Mis raciocinios van á tener otro carácter muy distinto; van á ser histórico-filosóficos, según su verdadera naturaleza, esperando que V. y los que llegen á conocerlos, les prestarán su atención y los juzgarán sin prevención ni preocupación de ningún género.
Esta cuestión de limites está entregada, como V. sabe, por nuestros respectivos Gobiernos á la acción diplomática, la que debe darle solución tarde ó temprano. Sin embargo, voy, como he dicho, á espresarle á V. mi opinión sobre ella del modo como yo la comprendo y del modo que, á mi entender, debe ser planteada para darle mas breve, mas fácil y sobre todo más justa solución.
Repito que hablo solamente con relación á la cuestión de Tarija.
Bien pues.
Esta cuestión, á mi ver, tiene dos faces distintas é importantes: la de hecho y la de derecho; ó mas bien dicho: después del derecho histórico, el derecho filosófico. De hecho, antes del año 10; de derecho después de dicho año en que se dió el grito de independencia, hasta el año 25 en que quedó ella resuelta y principió la vida de nuestras respectivas nacionalidades.
Durante ese periodo de la guerra de la independencia, no existían todavía compromisos ni pactos de los pueblos para pertenecer á tal ó cual nacionalidad; no había otra cosa que agrupamientos de hombres y de pueblos ocupados en luchar por la causa común, contra el común enemigo de nuestra libertad.
Después de ese largo período de guerras y combates, y cuando esas agrupaciones tomaron nueva vida y forma definida, fundando nacionalidades por voluntad propia, entonces recién existieron compromisos y obligaciones legales que cumplir, y derechos que reclamar y respetar.
El principio filosófico de libertad tiene el mismo valor y el mismo sentido ya se trate de los hombres aislados ó de los pueblos, que no son otra cosa que agrupaciones de hombres con idéntica naturaleza y con iguales derechos; siendo lo mismo respecto á las obligaciones y compromisos que contraen por voluntad propia, como hemos dicho, cuando pueden hacerlo.
La ciudad de Tarija fué, pues, fundada por los hombres y con los recursos del Alto-Perú (hoy Bolivia), á donde estuvo unida por mas de dos siglos, hasta que fué agregada al Obispado de Salta en lo religioso, como aseguran los escritores bolivianos; ó si se quiere, á su gobierno en lo gubernativo y contencioso, como dicen los escritores argentinos, tres ó cuatro años antes de que esta parte de América diese el grito de independencia de la España.
Desde el año 10 en que se proclamó esa independencia desconociendo la autoridad del Rey de España como una autoridad tiránica y usurpadora, desde entonces, repito, quedaron libres los pueblos americanos, sin distinción de clases ni nacionalidades, para disponer de su suerte y para asociarse entre ellos según su voluntad, estableciendo nacionalidades bajo pactos nuevos, fundados en principios nuevos también, proclamados por la razón y la justicia, y sancionados y santificados por la sangre de los innumerables mártires de la independencia.
El hecho histórico, es decir el derecho de la fuerza, quedaba pues destruido por el derecho filosófico, tanto para los pueblos que formaban los Vireinatos, como para los que formaban las Intendencias y simple gobernaciones, pues el principio que sirvió de base al pensamiento de la independencia, si era bueno para el todo, debía serlo también para la parte.
De otro modo seria sostener una inconsecuencia con nuestros principios filosóficos y políticos, y caer en las pretensiones en que cayó un Capataz de una hacienda de. caña en la Costa del Perú, el que, habiéndose fugado con otros esclavos hácia la Sierra, y establecido allí un trabajo en comunidad, pretendía aquel tener sujetos á su voluntad y bajo su dependencia á todos sus compañeros, quienes, según su opinión, no debian mejorar de fortuna ni ser libres, y si solo cambiar de patrón.
Por otra parte: la Cédula real que se cita, no puede tener fuerza alguna como mandato, pues que ella emana de una autoridad cuya legitimidad se desconocía, y contra la cual acababan de sublevarse todos los pueblos. Es necesario que seamos consecuentes y lógicos con los principios que sirvieron de base á ese desconocimiento y á esa sublevación. Según este principio filosófico, el utiposidetis del año 10 es inaceptable en el derecho público americano, porque entonces no poseíamos nada por no tener personalidad jurídica. En vez de poseer nosotros, nos poseia la España, siendo contra esa posesión que tuvo lugar la gran revolución americana.
Admitir el uti-posidetis de dicho año, sería dar márgen para que, apoyándose en él, se trate de reconstruir el Vireinato, fundado también por otra Cédula real, y para creer á la vez pueblos rebeldes al Alto Perú, al Paraguay y á la Banda Oriental que lo formaban.
Vuelvo á repetirlo: del año 10 adelante hasta el año 30, no hubo todavía verdadera nacionalidad argentina, pues que todo era un caos, y la anarquía tenia divididos y separados á los pueblos y Provincias en absoluta independencia las unas de las otras. A mas, para establecer la unidad del Vireinato, sería menester principiar por poner al Virey á la cabeza de él á fin de guardar perfecta lógica con esa reconstrucción política.
El único principio equitativo y justo, según nuestros dogmas republicanos, es la soberana voluntad de los pueblos cuando son libres; y el único derecho el que resulta de las agrupaciones formadas después de la guerra de la independencia en virtud del querer y de esa libre y soberana voluntad de los pueblos, pues por eso y para eso habían luchado quince años heroicamente. Tarija estuvo solo en esa lucha, y por consiguiente conquistó su libertad con la sangre de sus hijos y sus propios recursos.
Los principios de derecho natural son unos y eternos, y no se puede prescindir de ellos ó aplicarlos según la lógica de las conveniencias particulares.
En una palabra, amigo Araoz, yo creo que en esta cuestión se debe dejar de registrar papeles para registrar y establecer principios. Los pueblos, según nuestras creencias y dogmas republicanos, no son cosas que se regalan, se dán ó se venden; ellos contraen compromisos por que tienen personalidad propia; pueden asociarse y formar pactos cuando son libres, y están en disposición de hacerlo, y mucho mas en el momento de romper los lazos de la esclavitud para tomar la autonomía natural y soberana que Dios les ha dado.
Tarija se halla, pues, en este caso. Ese pueblo fué fundado, como he dicho antes, por los esfuerzos y con los recursos del Alto Perú, habiendo sido separado repentinamente de allá, sin saber por qué ni para qué, por el Soberano de estas antiguas Colonias, para hacerla dependiente de otro Obispado, ó de otra gobernación suya, según se entienda la Cédula real. Era, pues, natural que sucediese lo que sucedió; es decir, que, aprovechando del levantamiento general contra la autoridad de ese Soberano, y poniendo en práctica los principios de libertad proclamados por la revolución Americana, dispusiese de su suerte volviendo á la familia á la que había pertenecido durante dos siglos enteros.
Por otra parte, esta clase de cuestiones cuando se trata de pueblos de la época del Coloniage que tenían un mismo origen, formaban una sola familia, y dependían de un mismo Soberano, el que los ponía un dia bajo el mando de uno de sus Gobernadores, y al dia siguiente bajo el de otro, no pueden, ni deben ser verdaderas cuestiones de posesión y dominio, como si se tratase de dos Reinos distintos, ó de dos Estados soberanos é independientes. Después de nuestra emancipación es muy racional y lógico que arreglemos nuestras cuestiones de límites en familia, y como buenos hermanos que tienen que distribuirse la herencia común; haciendo presidir esos arreglos fraternales por la razón, la equidad y la justicia, mas que por lo que llamamos derecho.
Esta es mi humilde opinión respecto á la cuestión de Tarija.
Se la manifiesto con toda franqueza, por que no dudo que será aceptada por V. mismo y por los buenos argentinos que están en el deber de sostener en alto, como en efecto han sostenido hasta ahora, los grandes y gloriosos principios de la revolución de Mayo, por cuyo triunfo lucharon quince años y pelearon en cien combates sus inmortales antepasados. Vale pues mas para la honra de los pueblos americanos, sostener inmaculado un principio de esa naturaleza, que aumentar el suelo de la Patria con un pedazo mas de tierra dejando trás del hecho una levadura de resentimientos que, al fermentar, dividiría á dos pueblos hermanos.
En este sentido, justo es confesarlo, han seguido ustedes una política leal, y completamente opuesta á la que han observado otros vecinos nuestros que tanto mal nos han hecho sin causa ni razón, faltando á la lealtad á que están obligadas las naciones como los hombres, y despojándonos de lo que nos pertenecía de hecho y de derecho.
Mis raciocinios, y los principios eternos de libertad, igualdad y fraternidad para los pueblos que les sirven de base, no reconocen climas; no tienen fronteras como los Estados; líneas de división como los mapas; ni colores como las banderas de los partidos; ellos son universales como la luz, como el calórico, como el aire ó como la atracción que interesan y son necesarios á la vida de todos los seres; que mantienen el equilibrio universal en el mundo moral, como las fuerzas centrípeta y centrífuga entre los mundos del sistema planetario, y que fecundan las grandes ideas que hacen el progreso de la humanidad hasta llegar á formar una sola familia de toda ella.
Por lo que toca á los límites territoriales por la parte desierta del Gran Chaco, donde no habia, ni hay todavía, pueblos civilizados y con autonomía propia para disponer de su suerte, habrá que seguir la cuestión según lo que espresen los títulos de las antiguas gobernaciones coloniales de allá y de acá. Esa es una simple cuestión de deslinde. Lo único que debemos desear es que nuestra diplomacia dé una completa y pronta solución á este litigio, haciendo desaparecer lodo motivo de cuestión entre dos naciones que están llamadas por varios motivos de recíproca conveniencia, á vivir siempre unidas, estrechando cada dia más y más los lazos comerciales y políticos que las unen.
Habría querido entrar en mayores y mas largas consideraciones sobre este tema de la estrecha unión en que deben vivir Bolivia y la Confederación Argentina, pero no creo oportuno hacerlo, tanto por la índole de esta carta, cuanto por que ya debe V. comprender de que quiero hablar y á que me refiero, teniendo en vista las actuales relaciones políticas entre algunos Estados Sud-Americanos.
Me he extendido mas de lo que yo creí hacerlo al principiar esta comunicación, pero creo que V. me encontrará razón si tiene en cuenta que al darle mi pobre opinión sobre su obra, no podia hacer caso omiso del importante punto que se relaciona con la cuestión de Tarija, tanto por mi carácter de boliviano, cuanto por la posición oficial que ocupo como Cónsul de Bolivia en este país.
Por lo demás, creo inútil decirle á V., pues que me conoce mucho, que al tocar este punto solo lo he hecho obedeciendo á un sentimiento de justicia, según mis creencias y convicciones, pues también tengo profundas y fuertes afecciones de amistad y familia en este hermoso país, patria de mi esposa y de mis hijos.
Al darle las gracias por el obsequio de su obra y pedire disculpe mi larga peroración patriótica, me complasco en felicitarlo muy cordialmente por tan importante trabajo, deseando que él le dé honra y provecho en el porvenir.

Su amigo que lo quiere,
BENJAMÍN A. DAVALOS.

 

La carta que publicamos hoy dirijida por Don Benjamín A. Dávalos al Sr. Guillermo Araoz, esplorador del Bermejo, ha llegado por casualidad á nuestras manos.
Como en ella se toca la cuestión de límites con Bolivia, y sobre todo el punto que se relaciona con Tarija, bajo una nueva fáz, que es el espíritu filosófico en que se apoyó la libertad y emancipación de América, muy diferente á la que hasta hoy ha servido de base á las discusiones de nuestros escritores, hemos creído oportuno darle publicidad, recomendando la lectura de ella, por que creemos que este es el verdadero punto en el que debe tratarse esa cuestión.
UNOS BOLIVIANOS.
OBSERVACIONES:
SE MANTIENE LA ORTOGRAFIA DEL DOCUMENTO ORIGINAL