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Un olvidado Literato Boliviano: Pablo Subieta

Escrito por  Juan Isidro Quesada E. Mar 11, 2018

La amabilidad de un amigo tarijeño me ha hecho conocer una publicación de este autor potosino. Impresa en La Paz en 2006 por Plural Editares, este libro, llamado “Caprichos Literarios” reúne un conjunto bien importante de artículos escritos por Subieta y que con el afán de hacerlos conocer movió a su descendiente actual Mario Araujo Subieta a publicarlos.
Ya en Tarija, donde murió en 1884 este ilustre potosino, Tomás O’Connor d’Arlach y luego su pariente Luis Subieta Sagárnaga, reconocieron sus altas dotes como escritor de lenguaje fluido y su alta cultura general. Así fue como recopilaron a poco de su muerte muchos de sus escritos dispersos en publicaciones. Esas ediciones son hoy en día bien raras.

Es de larga data en Bolivia la familia Subieta. Y en Potosí dieron fe de su bolivianidad varios de sus componentes, destacándose en la política como funcionarios en diversos cargos de la Prefectura, o también, como destacados escritores. Su genearca fue un español que eligió la ciudad de Oruro como inicio de su vida en América. Allí permaneció. Y aunque murió soltero para el resto de sus coetáneos españoles, a principios del siglo XVIII, tuvo hijos con una mujer originaria de la zona que inyectó sangre vernácula a la de Subieta. De allí, aún en pleno siglo XIX, fueran considerados mestizos. No por ello dejaran de destacarse en Potosí por sus capacidades intelectuales y políticas como lo atestiguan documentos que se encuentran en el Archivo de la Casa de la Moneda de esa ciudad. Es que Potosí, ya en el siglo XIX, se había convertido en una población mayoritariamente compleja que influía con certeza en la vida diaria. Esto no quiere decir que no hubiera reticencias en muchas familias que se consideraban blancas contra esas otras que estaban maculadas con sangre indígena. Lo comprueba un pleito entablado por una señora apellidada de la Baquera contra doña Josefa Gainza y Subieta en el que la primera se refiere desdeñosamente a doña Josefa, no obstante que por Gainza descendía de funcionarios de la Corona en Cochabamba y de la estirpe Paniagua de Loaisa fundadora de la Plata.
Pablo Subieta nació en Potosí en 1844. Era hijo de Eduardo Subieta y de doña María del Carmen Dávalos, casados en Potosí, en donde tuvieron a todos sus hijos. Eduardo Subieta nació probablemente en Cochabamba, ciudad en la que habían casado sus padres: Cayetano Subieta y María Espinosa. Hasta aquí llega la genealogía ascendente que conocemos de nuestro literato. Su familia debió darle una cuidada educación de la que tanto Pablo como su hermano Eduardo supieron sacar buen provecho, al ser ambos destacados literatos a fines del siglo XIX. Pero hoy en día sus nombres han quedado oscurecidos por el paso del tiempo indudablemente por otros escritores de prosa más moderna.
“Caprichos Literarios” revela a todas luces a un avezado escritor de extraordinarias cualidades intelectuales y un conocimiento poco común de autores tanto americanos como europeos y clásicos. La lectura de este libro ha provocado en quien esto escribe reflexiones admirativas de cuanto salió de la pluma de Pablo Subieta. Podemos pues advertir en estos artículos sus amplios conocimientos, pero, más que nada, una inteligencia ágil que causa admiración. Así supo hacerse conocer en todos los ámbitos en los que actuó, especialmente en el norte argentino y en Buenos Aires. En los años que actuó en esta ciudad (década de 1880) se convirtió en un foco de hombres destacados por su inteligencia. Y Pablo Subieta se movió en este ambiente con gran facilidad. Es que de inmediato reconocieron en él a un espíritu poco común, de gran espectro en lo intelectual y humano.
Como hemos indicado, la lectura de los artículos publicados en “Caprichos Literarios”, mueven al lector a reflexiones interesantes sobre la personalidad del autor. Es indudable que para las leras argentinas fue Pablo Subieta el gran descubridor de uno de los hitos de la literatura de ese país cual fue el “Martín Fierro” de José Hernández, al realzar en largo comentario la importancia sociológica e histórica de ese largo poema, hecho incontestable en la actualidad y que ha elevado a su autor en un pedestal indiscutible de la literatura americana. No ocurrió así con el autor de ese artículo que en ese momento fue el descubridor de ese poema ante el mundo intelectual americano. Por ello este libro viene a poner en evidencia las cualidades intelectuales de Pablo Subieta.
Era hábil cuentista, de inteligencia sutil, algo irónica su prosa. Ésta es polifacética, pues va desde la seriedad a la sonrisa picaresca con lenguaje florido y rico. Este lenguaje, poco común en su época, es atrapante; armoniza con ingenio los vocablos de nuestro idioma. Al mismo tiempo, es admirable la versatilidad con que maneja los temas. En todos ellos da prueba de una cultura poco común. En música es un crítico punzante. Amigo de Olegario Andrade, en sus escritos nos hace conocer su gran admiración por este poeta reconocido en el mundo hispano parlante. Fue partidario de la educación popular, cuidando especialmente la de la población rural. Para ésta ponía hincapié que se educase con el “Martín Fierro” de Hernández, bien comprensible para ellos.
Habiendo adoptado la ciudad de Tarija como su último hogar, y no obstante la buena relación que mantuvo siempre con sus habitantes, no dejó por ello de manifestar las falencias de quienes en ella vivían como sus virtudes. Y así decía en uno de sus artículos: “Es de presumir que en Tarija, los hombres son austeros en sus costumbres, rectos en su juicio, enérgicos en su resolución, seguros en las especulaciones, orgullosos de su conciencia y honrados en sus tratos, pero no muy apasionados por las bellas artes. La posición geográfica de Tarija, alejada con relación a otras regiones más sensibles a la cultura, perjudica, sin duda, a la expansión de dichas cualidades y dificulta las grandes empresas.” El tiempo revertiría esta aserción con tarijeños que harían honor a esa ciudad como Tomás O’Connor d’Arlach y Navajas.
Hombre de su siglo, que era liberal y agnóstico, no siguió Pablo Subieta ese ejemplo tan común en la gente a fines del siglo XIX. En muchos de sus escritos hace profesión cabal de su fe religiosa, sin duda adquirida en su hogar potosino y nunca olvidada. Enseñanzas en las que habría influido sin duda su abuela de quien nos habla con melancolía y simpatía en dos de sus artículos.
Se cierra “Caprichos Literarios” con dos anexos que se refieren al autor. Son dos biografías escritas una a poco de la muerte de Subieta por su amigo argentino Pablo Lascano. En ese artículo, publicado en 1889, nos hace conocer su autor aspectos íntimos de su amigo. El otro es una biografía bastante extensa escrita por el boliviano Edgar Oblitas Fernández quien trata a su biografiado en profundidad, como descubridor del “Martín Fierro”, y como excelso escritor. Sus palabras enaltecen el recuerdo de esta figura de las letras bolivianas, al decir: “¿Qué ha ocurrido con Pablo Subieta para que se lo haya desterrado también de las letras bolivianas, siendo así que por la calidad de sus trabajos merece estar al lado de los grandes estilistas bolivianos de todos los tiempos? Es extraño; ningún tratado de literatura por elemental que sea, lo nombra.” Oblitas hace a este respecto una larga lista de sus escritos, pero especialmente, recuerda con amplitud de citas de diversos autores argentinos y bolivianos la importancia del escrito de Subieta sobre el “Martín Fierro”.
“Caprichos Literarios” de Pablo Subieta es una publicación bien oportuna que reivindica a una figura histórica que hace honor a la literatura boliviana. Su descendiente, Mario Araujo Subieta, ha realizado con ella justo homenaje a una figura destacable y que merece ser así conocida.