El hombre de temple

Escrito por  Hno. Manuel Fariñas Pérez Mar 11, 2018

La vida se ha encargado de enseñarnos de lo definitivo que puede resultar alcanzar el punto ideal para poder responder adecuadamente a las exigencias extremas.
Y la vida también se encargó de poner ante nuestra mirada a esos hombres que logran esa “puesta a punto” perfecta.
El Hno. Felipe se “fraguó” en un ambiente familiar sin concesiones; esa era la síntesis que él repetía. Vivió la fuerte experiencia de Dios al optar por su vocación religiosa y tuvo que pasar por el crisol de la guerra civil española.
Tres fuerzas, tres crisoles, tres fraguas capaces de quebrar o constituir definitivamente al hombre. Y Felipe no se quebró.
Hombre de trinchera, de primera línea, de ataque; hombre acostumbrado al olor de la pólvora y al fragor del combate.

Le resultaba imposible pensar en retaguardia o intendencia. El estratega permanece siempre en los lugares de decisión. Esa fue su condena. Cuando su físico, explotado al máximo, ya no podía responder, se encontró con la realidad de que era imposible retirarse a una posición más tranquila. Hasta el último instante siguió buscando estar en lugares de decisión, de vanguardia o incluso de grupo infiltrado. Era seguir ahí o morir.
Hombre de Dios, sin dudas y sin regateos. Educador audaz y de una creatividad sin límites con una fe más allá de toda medida en el joven. Amigo fiel y de detalles increíbles, sorprendentes, con la perspicacia del adulto y el candor del niño.
Una vida intensa, inabarcable, radicalmente humana y entroncada en el plan de Dios.
Una vida envidiable e inolvidable para aquéllos que le conocimos y amamos.
A la hora de resaltar virtudes en quien experimentó de forma tan admirable la vida, me quedo con su “temple”. Jamás presentó fisura, y cuando la vida golpeó, y golpeó fuerte, se pudo escuchar su vibración limpia y entera. Solamente se alteraba la superficie del lago. En las aguas profundas de su ser seguía la paz; una paz y un sosiego contagiosos.
Incluso físicamente parecía obra del cincel con cortes precisos y definidos. En su alma logró combinar ambas realidades: la firmeza y la dulzura. Su mirada, fiel reflejo de su mundo interior, transmitía ambas: decisión y amor.
Qué temple.
Qué difícil resulta en la vida llegar a la síntesis de concesión y firmeza; de amor y de exigencia
Estoy seguro que por el contenido pedagógico de primera calidad y por su definitiva opción por el plan de Dios, el Hno. Felipe será el guía y el compañero fiel de los educadores y de los jóvenes tarijeños.

Hermano Felipe Palazon Delatre
Hno. David del Campo
Felipe Carlos-María Antonio Bienvenido Palazón Delatre nació en Zaragoza (España) el 3 de noviembre de 1915. Fueron sus padres Don Pascual Palazón, abogado, y Doña Pilar Delatre que tuvieron diez hijos, todos varones.
Felipe ingresó al Aspirantado La Salle de Cambrils, Tarragona (España) el 26-04-29
En la misma casa tomó el Hábito religioso el 18-03-32 e hizo el año de Noviciado Canónico, y el Escolástico 1933-1935).
Emitió los Primeros Votos el 20-03-33 y los Votos Perpetuos el año 1940.
Obtuvo el Título de Maestro en la Escuela Normal de Magisterio de Tarragona (como alumno libre) y el de Licenciado en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona tras cinco años de estudios (1940-1944). Simultáneamente, desde los años de Formación, se graduó en Teología Básica (Diploma de Catequesis) y Teología Ascética y Mística, siguiendo los Estudios Religiosos organizados en el Instituto de los Hermanos de las Escuelas Cristianas.
Su ITINERARIO PROFESIONAL-APOSTOLICO pasó por:
- Cambrils (Aspirantado), 08-11-35, donde se desempeñó como Profesor.
- Montblanch (Tarragona) y Blancafort. Allí fungió como maestro durante la Guerra Civil española de 1936;
- Córdoba (España), 1937 y 1938, al pasarse del “frente rojo” a los “nacionales”.
- Barcelona (Bonavova); desde el fin de la guerra en 1939 hasta 1946 fue Profesor y luego, hasta 1959, Prefecto del Colegio.
- Cambrils, de 1951 a 1955, como Director del Escolasticado y de la Escuela Normal de la Iglesia.
- Madrid (1955-1961): Director de Editorial Bruño y Visitador del Distrito Central de España.
- Irún (España), Subdirector del Escolasticado en 1962.
- Roma: Curso de Sociología en Roca di Papa e incardinación en el Movimiento por un Mundo Mejor, en 1962.
- Perú y Venezuela, con el Movimiento por un Mundo Mejor, desde fines de 1962 hasta mediados de 1966.
- Lima (Perú), 1966-1968, primero incardinado en la MISION DE LIMA y luego como Asesor de la JUNTA DE ASISTENCIA NACIONAL, presidida por la Primero Dama de la Nación, Sra. Lucía Belaúnde de Cruchaga (Hermana del Presidente del Perú, Fernando Belaúnde Terry).
- La Paz (Bolivia), en 1970, Director del Colegio Fiscal Rene Barrientos. Este año fue el autor del Plan Nacional de Alfabetización que puso en marcha el Gobierno en todo el país.
- Oruro (Bolivia), en 1971, Profesor del Colegio La Salle.
- Tarija (Bolivia), 1972-1976, Director del Colegio Antoniano propiedad de los PP. Franciscanos.
- Santa Cruz (Bolivia), Director del Orfanato “Instituto José Mercado Aguado” = “LOS HUERFANOS”, 1977 y parte de 1978.
- Cochabamba (Bolivia), 1978-1979, Profesor del Colegio La Salle y prolongada internación en una clínica.
- La Paz, 1980-1981: Comunidad de pertenencia del Colegio La Salle, y Asesor “full time” del Ministerio de Educación y Cultura, siendo Ministro Don Mariano Baptista Gumucio.
- Santa Cruz (Colegio La Salle): Profesor y Bibliotecario, de 1982 a marzo de 1989.
- Barcelona (España), desde el 1ro de abril de 1989 hasta el 19-01-90, día de su fallecimiento.
El tiempo que he conocido al Hno. Felipe Palazón se me ha manifestado siempre como un hombre de una fuerte personalidad bien definida: temperamento nervioso, voluntad férrea, inteligencia preclara, corazón de oro.
Religioso a carta cabal, encarnaba la espiritualidad lasallana haciendo del espíritu de fe y de celo el objeto y razón de su vivir.
Su profundo amor a la Iglesia se manifestaba por su veneración al Papa y a la Jerarquía y por su devoción a la Liturgia.
Su pasión por la Eucaristía y por la Santísima Virgen, eran en él proverbiales: los últimos años pasó en Santa Cruz, pese a haber sufrido varios infartos, acudía diariamente (a pie) a la primera misa de la iglesia de San Francisco, distante como kilómetro y medio de la casa, que empezaba a las 6:30, después de haber desempolvado muebles y enseres de la Capilla de la Comunidad y haber colocado en el altar, en un florerito, la flor más lozana del jardín.
Frecuentemente pagaba, de su “peculio”, la intención de la misa, tengo a la vista dos recibos que dicen: “Para que no haya cisma” (18-06-88); Por las vocaciones sacerdotales y religiosas” (29-12-88).
Para el Hno Felipe no existían los términos medios, ni las ambigüedades, ni los ambages a la hora de decir o de hacer. Eran las convicciones, hondamente arraigadas en su ser de Hermano de La Salle, las que le hacían desplegar una actividad prodigiosa, sin importarle mucho comprometer hasta la propia salud. Tenía unos ideales, y él y los que le rodeaban, especialmente si estaban con él en relación de dependencia, debían dar todo de sí para acercarse lo más posible de la meta inalcanzable.
En aquellos años inmediatamente postconciliares (y también después) en que no se veía muy claro cómo tenía que ser “la vuelta de los orígenes o a las fuentes”, y en que muchos religiosos, a falta de hechos, reducían a discursos la “opción por los pobres”, Jamás le oí a él nombrarlos. Pero, desde Caracas a Tarija, sin perdonar ni una etapa de su largo itinerario, los buscaba, los encontraba, los amaba, los ayudaba y los evangelizaba por doquier.
Su privilegiada inteligencia le hizo ver el efecto multiplicador que podía tener su acción a través de las organizaciones, fueran o no estatales, de promoción social, y fue así motivado por el celo apostólico y amparado por su preparación y don de gentes, como tuvo acceso y se desempeñó a cabalidad como Asesor de la Junta de Asistencia Nacional, en el Perú, y del Ministerio de Educación, así como de la Junta Nacional de Acción Social, en Bolivia.
La nota interesante de su activísima y proficua participación en estos organismos es, precisamente, que no se hacía notar. De modo muy natural para él quedaba siempre en la penumbra lejos de toda figuración.
Suman muchos miles las páginas escritas en esos años por el Hno. Felipe y que no llevan rúbrica. Le he visto componer discursos de circunstancia para todo tipo de autoridades religiosas, políticas, civiles y militares con la temática más variada. Son centenares los “proyectos” ideados, elaborados y muchos realizados que le deben su paternidad... Desde luego, que él no buscaba, en modo alguno, que resonara su nombre, sino que se hiciera el bien, y allí donde se requería acción estaba él para arrimar el hombro.
Donde quedó plasmada su genio pedagógico fue en Tarija, pequeña y pintoresca ciudad en el extremo sur de Bolivia, bañada por el río Guadalquivir.
Con un historial de más de 70 años funcionaba allí el Colegio Antoniano, hoy La Salle, a cargo de los PP Franciscanos, que no estaban muy contentos con la marcha del mismo. Por eso insistieron durante varios años para que los Hermanos de La Salle les colaboraran en la Dirección del mismo. Fue así como el Hno José Carrillo, Visitador entonces del Distrito de Bolivia, encomendó esta misión al Hno, Felipe, que tuvo que batirse en una empresa muy difícil. “Más, para él no había tarea tan ardua que no pudiera emprender. Y empezó a protagonizar con los Profesores, Alumnos, Padres de Familia, Autoridades,...la ciudad educativa”; antes de que Edgar Faure acuñara el término de “polis educativa”, en su informe a la UNESCO “Aprender a Ser”. Fue para Tarija una verdadera “revolución Pedagógica”, basada en una “cosmovisión” encuadrada en las nueve áreas” (que hicieron época en Bolivia) y proyectada hacia la sociedad por una interesante dinámica de grupos con una Metodología de Proyectos.
Nada raro, pues, que cuando se trató de cambiarle de residencia el pueblo entero se movió para lograr su arraigo en Tarija.
A lo largo de su estancia en Bolivia el Hno. Felipe fue distinguido con las condecoraciones “Pro Ecclessia et Pontifice”, la “Orden de Isabel la Católica”, la “Orden Boliviana de la Educación” y, sobre todo, con la gratitud y el cariño de todos los que le conocieron.

Felipe Palazon, el hermano de todos
Carlos Ávila Claure
Felipe Palazón Delatre es el hombre al que mi esposa, mis hijos y yo nunca podremos olvidar porque su amistad y su ternura se impregnaron de manera profunda en nuestros corazones y en el recuerdo constante de esa su actitud humana que nos ayudó siempre en el intento de mirar y comprender a la vida y sus hechos con la sola dignidad que se enmarca en el decoro y la humildad.
Luego de haber arribado a Tarija para iniciar aquella su gestión educativa que fue tan extraordinaria, un día ya de tardecita llego a mi domicilio acompañado de mis hijos mayores -de diez y once años de edad en aquel a época- a quiénes se había acercado cuando, acomodados en un banco de la plaza Sucre, departían con algunos compañeros de escuela sus sueños y sus ansias de niños.
Quería conocer a los niños de Tarija, le gustó la tímida sencillez y seriedad de los míos, ellos se acercaron a él con la misma seguridad con que todos los de su edad intuyen la bondad y, luego, la concertada decisión de visitar nuestra casa para que nos conociera.
Así tuve mi primer contacto personal con el Hno. Felipe. Lo tengo siempre presente en mi memoria porque fue la primera y espontánea demostración del gran educador que primero enseñaba con el ejemplo de su actitud humana ante los demás y luego, recién, la elevaba y enaltecía con sus amplios y sólidos conocimientos. A partir de ese primer encuentro y durante ese largo transcurso en el que él distinguiera a mi familia con su amistad y su afecto, creo con plena certeza que todos mis hijos aprendieron vivencialmente la mejor lección para los hombres profesionales que hoy son.
Ellos supieron después, a través de él, que el respeto que buscamos no debe ser el de otros sino de uno mismo, enmarcado en la humildad, que cada uno de ellos sería digno en la medida en que fuese desinteresado, altruista, compasivo y ame a todas las personas que le rodean en la familia y en el lugar donde vivan y que nunca lograrían alcanzar el nivel ético que justifique sus vidas si se entregaban al egoísmo, a la codicia y a la agresividad.
Todos estos trascendentes fundamentos de la educación que hoy muchas veces los olvidamos al referirla solamente a la entrega de instrumentos de utilidad, eran las metas que el Hno. Felipe buscaba esencialmente para que los niños y los jóvenes comprendan la significación y el fin de la vida y descubran por sí mismos la manera correcta de vivir.
Así como mis hijos, toda la juventud tarijeña que lo tuvo como profesor y Director en el Colegio “La Salle” y en todas las instituciones públicas y privadas en las que colaboró sin tasa ni medida, tuvieron en el Hno. Felipe primero el ejemplo trascendente de su vida, de sus actos diarios en el aula, en el colegio o fuera de ellos como amigo y consejero, y después como el pedagogo extraordinariamente preparado y talentoso que supo darle a la educación tarijeña una nueva visión.
Ahora él ya no está con nosotros; su mirada tan cálidamente bondadosa se apagó en España. Pese a ello el recuerdo de sus hondos y sustantivos valores como persona y pedagogo sigue y ha de seguir nítido y latente en Tarija.
Los que fueron sus alumnos rememorarán sus exhortaciones emocionadas y fervorosas, las asambleas que realizaban y ministerios que ejercían bajo su control, los proyectos que proponían para mejorar la estructura social y urbana de la ciudad y la calidad humana de su entrega total; los educadores recordarán el planeamiento que hizo del programa alfabetizador boliviano de 1970, el inicio de la dinámica de grupos, la autogestión organizativa de los estudiantes, a las “juventudes promotoras” y el “banco del libro”; la Universidad quizá recuerde que fue el promotor del propósito de hacer de Tarija una ciudad universitaria.
Yo, mi esposa y mis hijos, como todos los tarijeños que lo conocieron, lo tendremos siempre en nuestra memoria ocupando el sitial más íntimo y profundo de nuestros afectos porque fue un hombre, un amigo y un educador que nos supo mostrar sin retáceos, a través del ejemplo de su vida y acción, todos los valores éticos y estéticos que pueden empujar la condición humana de nuestra pequeña Tarija, del país y del mundo, por senderos más dignos y nobles.
Por ello, el Hno. Felipe, era el hermano de todos.

Aquella tarde
Carlos Ávila Claure

Cuántos recuerdos
se amontonaron
hondos
después de aquella tarde
en la que te sentí
alejarte
de a poquito
hacia la última ausencia

Hermano, amigo y maestro
de mirada límpida,
fervor trepado al cielo,
en la vida mordida
por las cuitas
trajinadas
del egoísmo.

Te encuentro muchas veces
Felipe
en la intimidad
de mis silencios
con tu mano posada
en los sueños
de cabecitas desgreñadas
o entretejiendo
con decoro y dignidad
los ideales jóvenes,
desconcertados,
ya enfrentados a la vida.

Te encuentro
siempre
musitando
aquella tarde
con dulzura empecinada
los ideales nuevos
de tu viejo corazón.

Parecías estar rezando
el himno todo de tu vida
que entregaste
a los niños
a los jóvenes
y a los hombres de mi tierra.
Tu palabra
acosada de olvidos y silencios
-presagio de tu ausencia sin tiempos-
cuajó en mis ojos
una lágrima
y el nombre de un poema
de amor y humanidad
en mi ternura.

Tal vez un día
pueda compartir con todos
aquella tarde
con la mano tuya
posada en la mía
y en la de todos
los hombres.

El hermano Felipe
Prof. Teresa Castellanos de Ávila

Quiero dejar a la emoción que siento sea la que arranque de mi algunas palabras sobre el Hno. Felipe Palazón, un educador como pocos y que - siempre lo he creído- estaba entre los escogidos por Dios.
En el tiempo de su paso por Tarija tuve la suerte que distinguiera a mi familia con su amistad y también la oportunidad que me brindó para trabajar en el Colegio La Salle y así poder enriquecerme de experiencias maravillosas, porque el Hno. Felipe tenía una visión tan amplia sobre educación, junto a una energía y más que todo, una voluntad a toda prueba.
A pesar de su salud tan quebrantada él no tenía horarios de trabajo; día y noche ponía toda su capacidad al servicio de la juventud; cada jornada nos sorprendía al comenzar las clases con unas palabras dirigidas a los jóvenes con un profundo contenido moral y social para luego ingresar a las aulas entonando canciones que él mismo las enseño y que nos tocaban las fibras más íntimas de nuestro espíritu. Ello hacía que entráramos a clases con alegría y muchas ganas de trabajar.
Era un hombre sencillo, humano, sin egoísmos. Ponía toda su capacidad e iniciativas al servicio de toda la educación de nuestro pueblo. Estaba en contacto con todos los colegios, así lo veíamos dando charlas en el Liceo “Tarija” unas veces dirigidas a las alumnas, otras guiándonos en nuestro actuar de maestros y cada vez nos sorprendía con su capacidad y por los consejos que nos daba para resolver los problemas de los jóvenes con un profundo sentido de amor.
Él fue un innovador de la educación tarijeña al proponer y lograr cambios educativos basados en el respeto incondicional a la personalidad de cada uno de nuestros alumnos. A ellos les daba autoridad puesto que tenían asignados sus propios deberes para el funcionamiento del colegio, así -por ejemplo- los alumnos tenían la responsabilidad de tocar la campana, seleccionaban y difundían la música en los descansos, organizaban los paseos y nos atendía a los profesores en todos los requerimientos del aula. A través de esas cosas simples los iba formando integralmente.
No puedo olvidar sus clases de oratoria de los días sábado; cómo era capaz de mantener la atención de todos los alumnos con tanto interés, cómo les iba dando confianza y despertando el deseo de poder hablar, hasta a los más pequeños, de temas variados y en el campo de sus propios intereses.
Otro aspecto al que dio mucha importancia era el hecho de que hacía que la escuela no sea algo cerrado en sí misma, sino veía la necesidad de abrirla al servicio de la colectividad, especialmente a los barrios marginales que latían constantemente en su preocupación, su angustia y búsqueda de soluciones para el problema del analfabetismo y por la carencia de posibilidades para superar las necesidades básicas. Así, inculcaba a los alumnos a sensibilizarse por las necesidades de los demás.
Por todo ello y mucho más que él hizo y dejó en nuestra ciudad, recordaré constantemente al Hno. Felipe, en el que siempre encontré primero al amigo y siempre al gran educador.

Una presencia invalorable
Prof. Ana Vázquez de Calabi

El halagador comentario difundido con entusiasmo en el ámbito nuestro, por la presencia en Tarija del Hno, Felipe Palazón, configuraba ya su extraordinaria personalidad aunque su carta de presentación oculta bajo el signo de su proverbial modestia y sencillez, no logró contrarrestar la expectativa que en los círculos educativos en especial se hizo evidente con el convencimiento de que el renovador mensaje del gran maestro, señalaría un cambio necesario en la formación y orientación de los educandos frente a los desafíos de la época en una sociedad también cambiante.
Pronto aquel mensaje hecho realidad cobró impulso con positivos alcances según opinión de sus protagonistas en esas singulares experiencias educativas, quiénes serán los que con autoridad podrán emitir un fiel testimonio de la labor cumplida por el Hno. Palazón en ese campo.
El impulso de su capacidad y sensibilidad lo llevó a compenetrarse de los latentes y agudos problemas sociales de nuestra comunidad, a la que sirvió empeñosamente sin tregua a sus fatigas, en un franco desafío al tiempo que parecía ser su único obstáculo, pues en ritmo acelerado se lo veía unas veces preparando grupos de jóvenes para la práctica de diferentes actividades, otras llevando a los hogares su sabiduría en la orientación familiar y otras también volcando su sinceridad en el consejo al amigo y a los enfermos prodigándoles el aliento espiritual, entre otras acciones que las practicaba generosamente.
Toda conceptualización de su obra que se pretendiera hacer no sería cabal en su valoración, empero con la intención de mantener incólume su presencia y vigentes los elevados principios que él sustentó, nos vemos comprometidos con la plausible iniciativa de sus seguidores colegas lasallistas de Tarija, de patentizar en veraces testimonios las vivencias compartidas con él.
Me tocó pues, el privilegio de encontrar a Felipe desempeñando las delicadas funciones de Vocal del Tribunal Tutelar cuando asumí el cargo de Directora Regional del Menor.
En ese campo social tan amplio y complejo por abarcar la problemática de la minoridad, constituyó para él un nuevo incentivo a sus aspiraciones siempre insatisfechas de servicio y ayuda a la colectividad. Así uniendo su talento y espíritu al de los otros dos destacados profesionales que conformaban el calificado Tribunal Tutelar del Menor de entonces, Doctores Carlos Avila Claure y Enrique Castellanos Vázquez, trabajó denodadamente identificándose con ellos en lograr la aplicación de la mejor metodología en el tratamiento de los casos de menores que sin vulnerar le legislación vigente, prevaleciera el aspecto humano antes que cualquier norma legal. Bajo esa mística de profundo humanismo extendió su benéfica labor a todos los departamentos de DIRME, orientando al personal, guiando a los menores internos en las prácticas de convivencia con otros niños y jóvenes, comenzando con los propios alumnos del Colegio La Salle que dirigía, como una experiencia más y mejor planificada a las similares que se practicaban por el Departamento social de la entidad, con el común objetivo de liberarlos en parte del ambiente de marginación de los internados.
Así deseo mostrar al Hno. Palazón a su paso por aquel importante organismo social tal vez pensando que su total entrega al servicio de los demás, nunca estuvo en función del tiempo, de ahí que bastó esa breve permanencia para que sus ideas y acciones contribuyeran a caracterizar un periodo de prestigio para la institución.
Puedo afirmar que su presencia en el Tribunal además de su valioso aporte intelectual, afianzó el respeto y confianza en cuantas personas acudían a esos servicios, destacando que su condición de religioso influyo positivamente en el trabajo del Tribunal, razón por la que se procuró mantener esa característica con la presencia de otros capaces sacerdotes que lo sucedieron sentando, en esta forma un principio que pudo haber cambiado la estructura de los tribunales a nivel nacional, al contarse con el criterio favorable de las autoridades superiores de aquella gestión.
Consciente pues de la riquísima siembra que nos dejó el Hno. Palazón, deseo unir mi pensamiento al de muchos, para que ella, no sólo quede en la ponderación de su recuerdo y sea más bien la cosecha madurada en los principios orientadores para la formación de las generaciones de hoy.