Las predicciones que nos deja el genio Stephen Hawking

Escrito por  Redacción central/El País eN Mar 15, 2018

Ha muerto Stephen Hawking. A los 76 años y en la tranquilidad de su residencia en Cambridge. El físico más conocido y reconocido del mundo se fue sin avisar y en plena actividad profesional. Activo hasta el final, el heredero intelectual de Einstein no ha dejado, hasta hace apenas unos días, de participar en charlas, coloquios, entrevistas, seminarios y debates sobre todo tipo de cuestiones, desde el origen del Universo a los agujeros negros, las singularidades, la inteligencia artificial o la conveniencia, o no, de revelar nuestra presencia a hipotéticas civilizaciones extraterrestres.

Físico genial y superviviente. Diagnosticado de Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) a los 22 años, Hawking desarrolló toda su carrera científica bajo la sombra de esa terrible enfermedad. 54 largos años de supervivencia (otro récord más en su vida), durante los que poco a poco fue perdiendo la movilidad y las funciones musculares de un cuerpo cada vez más débil: primero fueron las piernas, después la voz, el uso de las manos, las funciones respiratorias, la posibilidad de alimentarse por sí mismo...
Combatió con tecnología a todas y cada una de sus carencias físicas. Su cerebro jamás dejó de trabajar, ni su agudo ingenio dejó tampoco de manifestarse cada vez que le era posible. A todo le sacaba punta, siempre tenía un comentario irónico en la punta de sus dedos, listo para dispararse en medio de cualquier entrevista o conferencia
Stephen Hawking trató de comprender el mundo a través de la física. Sin embargo, nunca fue demasiado optimista sobre el devenir de nuestra especie. Así imaginó nuestro futuro o más bien su fin...

La Tierra, una bola de fuego
Debido al consumo excesivo de recursos, la sobrepoblación y la forma en que actualmente consumimos energía, Hawking predijo en una audiencia en Beijing que en 600 años, la Tierra podría convertirse en una “bola de fuego chisporroteante”, probablemente una referencia ligeramente hiperbólica al cambio climático.
No se trata de una afirmación literal, por supuesto, sin embargo, los humanos somos bastante eficientes cuando se trata de alterar el clima. El científico solía comparar este futuro escenario terrestre con lo que hace miles de años pudo ocurrir en Venus, quizá en algún momento de la historia habitable, pero con una atmósfera y un efecto invernadero actual, que hace de la vida en su superficie una utopía.

Debemos buscar
un nuevo hogar
El incremento de constante de la población mundial y el abusivo consumo de recursos y energía al que en conjunto estamos sometiendo a nuestro planeta, hacen del mismo modo que la humanidad, si quiere sobrevivir como especie, está abocada a encontrar un segundo hogar. Nuestra supervivencia depende de ello. Hawking sostenía que nuestra mejor opción quizá, se encuentre en el sistema Rikel Centaurus, más conocido como Alfa Centauri, y el más próximo a nuestro sistema solar. El proyecto Breakthrough Starshot en el que estaba implicado el físico, busca precisamente el modo de alcanzar dicho sistema en 20 años a través del desarrollo de aviones capaces de viajar a la velocidad de la luz.

La gran pandemia
La relación entre virus y bacterias, y demás especies con las que interactúan tiene un matiz peculiar. Y es que su desarrollo a lo largo de la historia está ligado en un proceso que se conoce como co-evolución. A través de este proceso un virus puede afectar a sus hospedadores hasta el momento en que éstos, como especie, a causa de la selección natural, por ejemplo, desarrollan una resistencia natural a sus efectos.
Es entonces cuando, para medrar, el virus está obligado a mutar. De este modo, esta nueva mutación del virus, puede resultar extremadamente agresiva si los efectos del virus en cuestión son mortales, y el sistema inmunológico de sus hospedadores no está preparado para combatirlo. Es de este modo como se han producido las grande pandemias en la historia de la humanidad, diezmando en algunas ocasiones a la población. Hawking sostenía que uno de los posibles finales, y no muy lejano quizá, para nuestra especie, puede venir de la mano de un virus.

Inteligencia artificial
“La inteligencia artificial será lo mejor o lo peor que haya conocido la humanidad”. Pese a la afirmación, es cierto que el profesor de Cambridge siempre se ha mostrado escéptico ante los beneficios del desarrollo de la inteligencia artificial.
Así, tildando ésta como “crucial para el futuro de nuestra civilización y nuestra especie”, Hawking se venía posicionando desde hace algunos años a favor de la creación de un Instituto académico dedicado expresamente al estudio del devenir de esta tecnología. Los beneficios que la inteligencia artificial puede aportar a la humanidad son enormes, defiende, sin embargo, existe la posibilidad de que la creación por parte del ser humanos de entes tan o incluso más inteligentes que ellos mismos, puede devenir el sometimiento de la especie humana a estos.

Hecatombe nuclear
El mismo dilema que nos encontramos con la inteligencia artificial, podemos encontrarlo en diversos campos del desarrollo de la ciencia y la tecnología, en ocasiones, varios pasos por delante de lo que como especie, estamos en disposición de controlar, y en ocasiones de entender. Así como el hombre podría ser capaz de, en un futuro, crear una inteligencia muy superior a la propia, ya ha logrado de hecho, en la actualidad, desarrollar una tecnología cuyo poder se le escapa de las manos: las armas nucleares. Existe pues en el mundo la suficiente capacidad armamentística para destruir nuestro planeta varios miles de veces. Por no habla de la posibilidad de que, tan solo unas cuantas bombas atómicas podrían hacer de la Tierra un páramo yermo e inhabitable - salvo para quizá tardígrados y las cucarachas- durante miles de años. Para el físico la posibilidad de una guerra nuclear es inminente; sobre todo con líderes mundiales como Kim Jong-uno, Donald Trump, este último considerado por el científico, también como una amenaza para la raza humana en su conjunto.

Invasión alienígena
Lo que tenga que opinar un estudioso de las leyes fundamentales del universo acerca de la posibilidad de la existencia de vida más allá de nuestro planeta es, al menos, digno de valorar. En este sentido Hawking llegó a afirmar que cree bastante probable que ahí fuera, en algún rincón del vasto universo, la vida haya podido medrar hasta dar como resultado seres, al igual que nosotros desarrollados e inteligentes.
Imaginando un escenario “universo-político” el científico ha valorado en más de una ocasión la posibilidad de que la escasez de recursos en el universo, haya llevado a una especie superior al ser humano a abandonar su mundo, en busca de prosperidad. El caso es que si una hipotética especie contara con la capacidad de cruzar el universo y hacernos una visita, la raza humana estaría abocada a su final.

Se fue la misma fecha en la que nació Einstein
La fecha de muerte Hawking no ha pasado desapercibida por cientos de personas en las redes sociales. Hace 139 años, el 14 de marzo de 1879, nacía uno de los físicos más conocidos de la historia en Ulm (Alemania). Albert Einstein, referente para el astrofísico inglés, puso las bases de la teoría de la relatividad que tomó como punto de partida, años más tarde, la investigación de Hawking. Unas aportaciones que le permitieron estudiar el cosmos, el origen del universo y los agujeros negros.

El epitafio que deseaba
Stephen Hawking aunque no sabía cuándo fallecería si sabía cómo deseaba que fuese su tumba. En 2002 afirmó que quería que su lápida llevase inscrita la fórmula de la entropía de los agujeros negros. Se trata de una ecuación que desarrolló junto con el físico israelí Jacob Bekenstein en los años 70, y que representa un aspecto clave de sus hallazgos sobre los agujeros negros.

Dios no existía para Stephen Hawking

“En el pasado, antes de que entendiéramos la ciencia, era lógico pensar que Dios creó el universo. Pero ahora la ciencia ofrece una explicación más convincente”, dijo el cosmólogo británico Stephen Hawking.
En su obra más famosa, Breve historia del tiempo, publicada en 1988, Hawking sugirió que el hombre solo conocería “la mente de Dios” cuando lograra entender la teoría de todas las cosas, que busca unificar de manera coherente las fuerzas que gobiernan el universo. Hasta entonces el astrofísico más célebre del mundo se consideraba agnóstico, pues aunque no podía demostrar científicamente la existencia de un ser superior, tampoco cerraba la puerta a esa posibilidad: el concepto de lo divino superaba su conocimiento.
En 2010, sin embargo, mandó esa idea al traste en el libro El gran diseño, donde declaró que el universo surgió de la nada, de forma espontánea, como consecuencia inevitable de las leyes de la física. En pocas palabras, Dios no es necesario para explicar el origen de todo. Ahora ha confirmado su postura radical: “Lo que quise decir cuando aseguré que conoceríamos ‘la mente de Dios’ era que comprenderíamos todo lo que Dios sería capaz de entender si acaso existiera. Pero no hay ningún Dios. Soy ateo. La religión cree en los milagros, pero estos no son compatibles con la ciencia”, concluye.
Esa sentencia no deja de ser paradójica, pues para muchos él mismo es la prueba de que los milagros existen.