Sánchez retira el proyecto de la petroquímica de sus planes

Escrito por  REDACCIÓN CENTRAL/EL PAÍS EN Mar 20, 2018

El ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez decidió acudir a las páginas del matutino cruceño El Deber para confirmar lo ya adelantado por este periódico hace dos semanas: la planta petroquímica de Yacuiba se ha quedado sin presupuesto para 2018 y probablemente no vuelva a aparecer en los planes de Gobierno. Sánchez habla de una decisión “empresarial” que es parte de la “reingeniería y el repensamiento empresarial privado que hay en YPFB, porque si bien es una empresa pública, el concepto es de eficiencia, de alto rendimiento y de tener utilidades”.

Sánchez no hace referencia a los casi 700 millones de dólares que se han gastado en la planta separadora del Gran Chaco y cuyo objetivo no era ni mucho menos abastecer de Gas Licuado de Petróleo el Paraguay, sino proveer la materia prima necesaria para la planta de polipropileno y la de polietileno, que nunca se llegó a confirmar salvo alguna promesa en campaña electoral.
Las autoridades del Gobierno departamental se declararon en emergencia ante la confirmación. El secretario de Coordinación, Waldemar Peralta, advirtió que el proyecto comprometido en etapa electoral por el Gobierno Nacional hablaba de una inversión de hasta 2.200 millones de dólares y se presentó como la oportunidad para convertir al Gran Chaco en un gran polo industrial.
Por su parte, las autoridades del Gran Chaco declinaron hacer valoraciones de esta decisión, como vienen haciendo desde que cayó la licitación en mayo de 2017. Cabe señalar que desde diferentes foros tanto regionales como departamentales se habían promovido estudios y alianzas para invertir en el sector a raíz del proyecto de la petroquímica, proyectos que finalmente son perjudicados.

Fracaso
Sánchez, quien es también el presidente del Directorio de YPFB, ha identificado dos circunstancias que le habrían obligado a tomar la decisión de abandonar el proyecto de la petroquímica. El primero sería la existencia de una tecnología más eficiente, que no sería la propuesta por la empresa que hizo los estudios, Tecnimont, y que, casualmente, se adjudicó la construcción del proyecto en 2017, aunque finalmente se anuló la licitación. El segundo sería la falta de mercados apropiados para la venta. Sánchez además utilizó una técnica de comparación poco habitual: “Mire, hemos construido la gran planta de urea y amoniaco. Hoy me cuestionan por qué no venden o venden mucho, por qué no almacenan – dijo Sánchez - Seríamos irresponsables de empezar a construir la planta sin obtener el último gramo de certeza de que el proyecto será viable al 100%”.

Un proyecto trabado
La discusión sobre la idoneidad de la petroquímica a partir del gas natural frente a la más desarrollada industria del plástico a partir del petróleo, y el cuestionamiento sobre la viabilidad del mercado al no tener acceso al mar se instalaron desde el inicio del proyecto de industrialización.
El MAS tomó la bandera de la industrialización desde 2003 y una vez en el poder, con Andrés Soliz Rada como Ministro de Hidrocarburos, se sentaron las bases para desarrollarla: primero con la nacionalización de los hidrocarburos, luego fijando las condiciones de exportación tanto con Brasil como con la Argentina. Brasil concedió en el anexo VII del GSA liberar una sexta parte del gas rico fijado en contrato para que este fuera tratado en la futura planta separadora de Río Grande. Por su parte Argentina aceptó no elevar los volúmenes de gas de exportación iniciales hasta que no se construyera la planta separadora del Gran Chaco que permitiría mandar el gas seco, como estipulaba el contrato. Argentina se comprometió a través de Enarsa a financiar este proyecto.
Soliz Rada se apartó del ejecutivo cuando las decisiones se empezaron a desnaturalizar respecto al decreto de nacionalización, prácticamente diluido con la renegociación de los contratos en septiembre, cuando ya no era Ministro.
La construcción de la separadora de Río Grande se estrelló con el escándalo Catler en 2008, que la frenó durante un lustro y mandó al congelador la de Gran Chaco. Hasta 2014 no se pusieron en marcha ya con todas las condiciones pactadas renegociadas.
En 2017 la planta de urea, con materia prima de Río Grande, empezó a funcionar, pero no faltaron los problemas. Como con el caso Catler, el escándalo de la compra de los taladros, que acabó por descabezar a todo el aparato administrativo de YPFB, acabó perjudicando a la planta petroquímica que ayer, el Ministro, citando la experiencia de Bulo Bulo, dio por eliminada.

 

el
apunte

Más silencios
para la
Comisión de
Hidrocarburos

La Comisión de Hidrocarburos de la Asamblea Legislativa Departamental de Tarija tiene hasta seis respuestas pendientes de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), a quien se le ha consultado entre otras cosas por el plan de la petroquímica del Gran Chaco, que de acuerdo a la información brindada por el Ministro al diario cruceño El Deber, es historia hasta que se resuelvan los asuntos tecnológicos y de mercado.
La Comisión deberá plantear ahora cual será el futuro de la planta Separadora de Líquidos que costó casi 700 millones de dólares y cuales las intenciones de vender la materia prima a través de ductos a la Argentina.