Profesor Antonio Remiro Brótons. Profesor Antonio Remiro Brótons. Foto/tuis evoespueblo

Brótons pone en evidencia promesas de Chile para una negociación marítima

Escrito por  Erbol Mar 20, 2018

“El mensaje de Chile a Bolivia fue construido en base de lo que podía ser un doble pilar, incluso antes de la firma del Tratado de 1094. El mensaje era: ustedes los bolivianos abandonen toda esperanza de recuperar su rico departamento del Litoral, pero ustedes los bolivianos, no serán condenados al dolor o al infierno de la mediterraneidad o al enclaustramiento”.

Con esa cita, abrió su intervención el abogado de la misión boliviana, Antonio Remiro Brótons, en la segunda jornada de alegatos orales ante la Corte Internacional de Justicia de La Haya, instalada la madrugada de este martes a horas 05:00 hora boliviana, y 10:00 de la  mañana en Holanda.

Dijo que de esa manera la cuestión del acceso soberano de Bolivia a las costas del Pacífico ha marcado de manera imborrable las relaciones bilaterales desde hace más de un siglo y como cualquier cuestión compleja ha reconocido momentos altos y bajos y también momentos de contradicciones.

Sostuvo que hay una sucesión continúa de acuerdos y promesas provenientes de Chile destinados a responder a esta aspiración mediante una negociación bilateral que podría satisfacer los intereses de ambos países.

Dijo que hay distintas fuentes de obligación que pesan sobre Chile desde el siglo XIX, a partir de la ocupación de la costa boliviana y de la firma del Pacto de Tregua.

Indicó que el primer acuerdo bilateral se concretiza en el Acta Protocolizada del 10 de enero de 1920, cuyo origen se encuentra en el memorándum de 9 de diciembre de  1919 cuando el embajador de Chile en La Paz, escribió al Ministro de  Relaciones Exteriores, a quien le dijo que “Chile acepta negociar nuevas gestiones encaminadas a satisfacer la aspiración del país amigo, subordinado al triunfo de Chile en el plebiscito”.

El entonces embajador Emilio Bello Codesido, luego fue ministro de Relaciones Exteriores de Chile, quien recomendó las ventajas que representaría para Chile la satisfacción de la aspiración boliviana. Cuatro meses más tarde el acta retoma los mismos términos planteados por el ministro.

El ministro de Relaciones Exteriores boliviano, Carlos Gutiérrez, reconoce el espíritu de las actas y asegura que no habrá una pretensión de adquirir una costa marítima sino se apegará a sus sagrados preceptos. 

El Tratado del de 3 de julio 1919 entre Perú y Chile titulado “Tacna para Perú y Arica para Chile” contrarió en el corto plazo las expectativas de Bolivia que protestó la conclusión de ese Tratado, aunque luego un protocolo complementario pone “la cláusula del candado” lo cual significa que hay una puerta que algún día pueda abrirse.

En 1946, el presidente chileno Gabriel Gonzales Videla quien el día mismo de su investidura indicó al ministro al Ministerio de Relaciones Exteriores de Bolivia su voluntad de llegar a una solución de la mediterraneidad de boliviana, independientemente del Tratado de 1904.

Sostuvo que hay una intención de buscar una fórmula negociada que es fruto de los contractos diplomáticos y continuos entre hombres de Estado. Detrás de esto hay una voluntad política y con la negociación se trata de satisfacer los objetivos políticos, puesto que los actores son políticos.

En 1950 Chile se mostró dispuesto a negociar aceptando el criterio boliviano que las mismas no sean con compensación territorial. En 1963 el ministro boliviano Fellman Velarde, resaltaba el compromiso formal entre Bolivia y Chile por una negociación sobre un enclave para Bolivia.

El 8 de febrero de 1975 se durante el gobierno de Hugo Banzer, se concreta la oferta de diálogo sobre la mediterraneidad de Bolivia y pese a retomar las relaciones diplomáticas para materializar la declaraciones conjuntas, estas no se llegan a concretar.

Aseguró que la obligación de negociar existe porque la promesa de negociar ha sido validada por Chile y la prueba es el proceso de Charaña que si bien no prosiguió por la ruptura de las relaciones diplomáticas, el presidente Banzer pidió el 23 de marzo de 1978, el respeto a la “palabra dada”.