Los Presbíteros José Mariano y Sebastián Ruyloba

Escrito por  Mar 17, 2013

I
Notables en el sacerdocio y en la política han sido estos dos hermanos, a quienes vemos figurar a un tiempo mismo en la cátedra sagrada y en la tribuna política, desplegando en ambas gran talento y extraordinaria elocuencia.

Hijos legítimos de don Sebastián Ruyloba y de doña Romualda Morales, nacieron en esta ciudad de Tarija, en el último tercio del siglo XVIII, y figuraron notablemente tanto en los últimos días del coloniaje como en los primeros de la república.
II
Don José Mariano Ruyloba vino al mundo en el mes de septiembre de 1771, y el 26 de noviembre del mismo, recibió el agua del bautismo de manos del venerable religioso Fr. Agustín Grita, prior del convento de Santo Domingo de esta ciudad, sirviéndole de padrinos el señor don Francisco Gutiérrez y la señora doña Micaela Gorostiza.
Hizo sus estudios en Chuquisaca, donde permaneció hasta terminarlos, y una vez sacerdote regresó a Tarija, siendo más tarde nombrado Cura de la Matriz, Vicario Foráneo y Juez Eclesiástico de la provincia, cargo que desempeñó muchos años, distinguiéndose por su piedad, ilustración, talento y caridad evangélica, la que llevó al punto de no cobrar jamás derechos de entierro ni de matrimonio sino a las personas de reconocidas comodidades.
Era tal el brillo de su palabra en el púlpito, que nadie faltaba a sus sermones; sin embargo, en elocuencia le aventajaba en mucho su hermano Don Sebastián.
Hombre rico y verdaderamente caritativo como hemos dicho, su fortuna servía para socorrer diariamente a muchos menesterosos, para aliviar muchas necesidades entre sus feligreses que le miraban como a verdadero padre.
Patriota acérrimo, mantuvo correspondencia con Bolívar, a quien amaba entrañablemente y cuyo nombre parecía electrizarle.
Sus padres habían tenido gran número de esclavos; el primer paso de D. José Mariano y D. Sebastián, a su regreso de Chuquisaca, fue dar carta de libertad a todos ellos. “No quiero cerca de mí, sino hombres libres dijo don José Mariano.
III
El 20 de septiembre de 1825, el libertador Bolívar salió de La Paz con dirección a Potosí.
El cura Ruyloba sabiendo esto, a Pesar de hallarse gravemente enfermo de hidropesía, era tanto su amor a nuestro Libertador y su deseo de conocerle personalmente, que a fines del mismo mes, en medio de la consternación de sus feligreses, se puso en marcha hacia Potosí. Con la esperanza de ver cumplidos su deseos y estrechar entre sus brazos al Padre de la Patria. Mas la enfermedad que le aquejaba, no se lo permitió
El 5 de octubre Bolívar hacia su entrada triunfal en Potosí, donde supo, con gran pesar, que el cura Ruyloba había llegado hasta allí en su alcance y hacían tres o cuatro días que había fallecido. Entonces el Libertador quiso hacer desenterrar sus restos, diciendo: “Deseo conocer siquiera en muerto a ese gran Patriota, ya que no he tenido el placer de conocerle en vivo.”
IV
Don Sebastián, a quien tanto en Tarija como en Chuquisaca llamaban el pico de oro, por su extraordinaria elocuencia, fue nombrado párroco de uno de los pueblos del departamento de La Paz.
Era, como su hermano, partidario acérrimo de la independencia, por cuya causa padeció bastante, habiendo sacrificado su fortuna por ella.
Si su palabra era admirable y encantadora en el pálpito, no lo era menos en la tribuna de los comicios populares. desde donde arrebataba al pueblo, enalteciendo la causa de su emancipación política, de la que era un corifeo tan ardiente como sabio y perseverante.
Don Sebastián nació en Tarija el 20 de enero de 1777; lo bautizó el cura de la Matriz don Agustín Torres, y fueron sus padrinos don Melchor Morales y Doña Juana de Ichaso.
En las disposiciones de los patriotas en Tarija, Don Sebastián era el consejero obligado y el obligado orador cuya fácil y brillante palabra electrizaba a su auditorio.
Muy sensible fue para los tarijeños. cuando este eminente sacerdote dejó su país natal para trasladarse a La Paz.
Cuando el Libertador entró en aquella capital, (18 de agosto de 1525,) el presbítero Ruyloba le dirigió un brillante discurso en griego, que mereció los mayores elogios y los más entusiastas aplausos de Bolívar, quien manifestó que este era uno de los sacerdotes más ilustrados y más eruditos que había conocido, y que tenía la resolución de conseguir su elevación precisamente a una sede episcopal.
Sin embargo, los buenos deseos de nuestro ilustre y magnánimo libertador no se cumplieron: pues antes que él regresara a Colombia, murió don Sebastián en su curato en el departamento de La Paz.
Así se apagaron estas dos lumbreras de la iglesia alto-peruana, don José Mariano y don Sebastián Ruyloba, cuyos talentos dieron gloria y honor a su país, mereciendo figurar en primera línea entre los más notables ciudadanos que ha tenido Tarija,
V
Según datos que hemos recogido de respetables personas que conocieron en su época a los dos hermanos Ruyloba, sabemos que don José Mariano era alto, repartido y robusto, notándose en su apostura y maneras un aire de distinguida aristocracia que muchos, en veces, pretendían traducir por cierto espíritu de soberbia, que en realidad no existía en aquel respetable sacerdote.
Don Sebastián era delgado y de mediana estatura, más bajo que alto, de carácter más abierto y expansivo, de palabra más fácil y más brillante, de entonación más robusta, de lenguaje más poético.
Ambos hermanos eran verdaderamente notables por su talento, su erudición, su distinguida posición social, sus admirables dotes oratorias, su valor civil y los importantes servicios que prestaron a la causa de nuestra emancipación política, cualidades que muy justamente les colocan en primera línea entre las notabilidades de nuestro país.

Del Libro “Tarijeños Notables"
de Tomás O’Connor d’Arlach.
Imprenta “La Estrella de Tarija” Tarija-Bolivia. 1888