Ciudadanos no menos ilustres en Tarija

Escrito por  Mar 17, 2013

La Mananina

(Un alma atormentada y sufrida)

“Son seres especiales de capacidades excepcionales ocultas y/o disminuidas, por lo general incomprendidos y humillados por la sociedad que los rodea. Se expresan unas veces a punta de silencio; otras mediante estentóreos gritos con los que intentan denunciar o interpelar cuando se sienten incomprendidos o humillados; algunas otras mostrando actitudes raras o realizando actos tachados como inmorales cuando su incapacidad no les permite razonar como nosotros comunes mortales que vivimos aparentando una falsa ética y una muy pocas veces practicada e intachable moralidad”.

Era una mujer pobre cuyo nombre verdadero era Marcelina, el que pronunciaba ella misma como “Mananina" debido a problemas de dicción o a un retardo mental que sufría. Cargaba sobre sus espaldas un kepe o bulto donde guardaba todo objeto que le regalaban y, portaba siempre entre sus manos, una escoba con la que realizaba tareas de limpieza en las calles y que ocasionalmente usaba como arma para defenderse o atacar cuando se sentía insultada o humillada.
Vestía pollera, sombrero de Chapaca y nunca le faltó un mandil de vendedora de mercado de color blanco, el que portaba un bolsillo grande en la parte delantera que le servía para portar sus pertenencias e inclusive una que otra piedra que utilizaba para lanzar a quienes le hacían burla.
En otra faceta de su vida se refería a las personas masculinas como “mi novio” a las que perseguía, coqueteaba e incluso intentaba besarlas, luego de lo cual lanzaba una sonora risotada. Acto seguido estiraba sus manos, esperando que los interpelados le dejaran algún dinero.
Era petisa, lloraba y se quejaba de los insultos que le hacían los niños o jóvenes con la muletilla: “Mananina patas de gallina” con lo que lograban sacarla de quicio, luego de lo cual los corría hasta el cansancio luego de lo cual se apersonaba a la policía para denunciar a quienes la insultaban, sin obtener resultado alguno. Se solía verla parcialmente vendada en las manos y los pies, como cubriendo heridas en aquellas partes de su cuerpo.
Como casi todas las personas que cargaban con defectos físicos o limitaciones mentales, la Mananina vivía al desamparo del Estado, no tenía un sueldo o salario fijo, asistencia médica o social y sobrevivía únicamente de las limosnas y de algún dinerillo que se ganaba barriendo calles o negocios particulares. Como todos los desamparados, dedicaba la mayor parte de su tiempo a consumir bebidas alcohólicas, tabaco y masticar hojas de coca.
Dormía casi siempre en las puertas del Cine Gran Rex y sus días finales transcurrieron en el Manicomio Pacheco de la ciudad de Sucre, donde fue llevada por gestiones de un grupo de damas voluntarias y por pedido de vecinos y autoridades. En realidad la verdadera herida que laceraba su existencia, tiene que haberla cargado en el alma, ante tanto sufrimiento y desconsideración con la que la vida la trataba.
Nota: Fotos: Proporcionadas por “Churrasquería el Amigo”