(400 Años “Evangelizado La Paz” Desde Tarija) Cartas a los Amigos

Escrito por  Mar 17, 2013

(Segunda Parte)

Referencia: Festival de música en el convento y medalla “Moto Méndez” de la Prefectura a los Franciscanos de Tarija.

Estimados amigos,
Las pocas semanas de silencio con ustedes no han sido ociosas; al contrario, continuaron las expresiones de afecto para el convento de San Francisco de parte de las instituciones de la ciudad y de la región. Una más entre muchas. En Tarija existe la bella tradición, organizada por la Casa de la Cultura, de dedicar el mes de abril íntegro a actividades artísticas.

Lo hemos pasado realmente bien entre conciertos, teatro y exposiciones de pintura. Este año, con ocasión del IV Centenario, fueron realizados tres conciertos en nuestra basílica menor de San Francisco. Fue un excelente aporte para dar a la fiesta contornos musicales. Por otra parte, el acontecimiento no fue de pura casualidad sino un explícito reconocimiento a una parte de la historia misionera franciscana. Todos los pueblos del Chaco han tenido su banda de música. Fue así que las melodías tradicionales de los guaraníes, ejecutadas por sus hijos, comenzaron a guiar sus pasos en las procesiones y a dar un sentido nuevo a los antiguos sentimientos y estilos de vida.
Los conciertos de “Abril en Tarija” fueron tres: las noches del 9, del 16 y 20. El primero fue ofrecido por la orquesta de la ciudad. Se trata de un grupo que se formó hace diez años. Ejecutaron piezas de Vivaldi, con muy buena calidad. Lo que más atrajo mi atención fueron los arreglos de melodías populares para orquesta. El trabajo pertenece al músico Fernando Arduz Ruiz. Hablar de la música de Tarija es vivir siempre la alegría de la fiesta. Se siente que son melodías que se deslizan entre los pasos de las danzas. Se trata, por tanto, de ritmos que se expresan con los movimientos del cuerpo. Y otra sorpresa para ustedes: los bailes de aquí son siempre de grupo. Si no, se va a los solos cantados en pareja (contrapuntos) como propuestas y respuestas de insinuaciones amorosas entre hombre y mujer.
El segundo concierto correspondió al Coro de Niños “Ars Nova”. Un grupo de quince muchachas entre los 14 y los 18 años que vinieron desde Salta (Argentina). Es impresionante el currículum de sus presentaciones musicales en Canadá, China, Ciudad del Vaticano y Bolzano (Italia). Se acompañaban con un tamborcito como único instrumento, cuya presencia es general en todas las culturas. Las voces iban de los solos para componer una música de sociedad. Fue increíble la interpretación de la canción entre los bosques nevados de Canadá, que imitaba el aullido de los lobos, el movimiento de las hojas de los árboles y la invocación de los hombres. Fuimos de sorpresa en sorpresa también por la armonización. El final fue un retorno a tierras argentinas.
El tercer concierto fue del quinteto de viento de la “Fundación Cultural de la Patagonia”. Cinco profesores de conservatorios de música argentinos que se juntaron para hacernos gustar ejecuciones difíciles y novedosas. Fue sorprendente la modernidad de los arreglos de músicas populares argentinas y latinoamericanas que los presentes conocían. La música es siempre una evocación de la “memoria”, con la ventaja que se la puede identificar con el ritmo del tiempo y del espacio.
El 2 de mayo, nos reunimos nuevamente en el Centro Eclesial de Documentación, con la presencia del señor Prefecto del Departamento de Tarija. La gente llegaba con la sonrisa en los labios. Eran los amigos del convento y sabían por qué querían estar juntos. Fue una intuición del P. Lorenzo hacer resaltar un contorno pedagógico con el ingreso en el salón de un grupo de alumnos del Colegio “Tercera Orden”, de propiedad del Convento San Francisco. Lo antiguo y lo nuevo se juntaron y los escolares vivieron una página de sus libros de historia. En efecto, la reunión fue motivada por la otorgación de la medalla al mérito “Moto Méndez”, concedida al Convento por la Prefectura. El P. Angelo Donati, nuestro superior, estaba algo sorprendido; apenas llegado se encontró con cuatrocientos años de historia sobre las espaldas. El ambiente afectuoso que lo rodeaba lo mantuvo en sintonía con los sentimientos de todos. Afectuosos saludos.

Tarija, 2 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm
Referencia: Herencias culturales de siglos y nuevos retos académicos.

Queridos amigos,

La cercanía del 18 de mayo, día del aniversario del IV Centenario, hace que el Centro Eclesial de Documentación sea un lugar en el que se observa un constante ir y venir de gente de la Prefectura, del Municipio y nuestra. Todo se reviste con expresiones de benevolencia para con los franciscanos. Pero se manifiesta también otro componente: el querer enmarcar la situación en función de los cuatrocientos años. Por su parte, la Prefectura ha otorgado al convento una apreciable suma de dinero y todos los gastos deberán ser registrados de tal manera que al final puedan ser objeto de una rendición de cuentas. Desde hace días los asistentes del CED han estado ocupados en la preparación de los eventos con entrevistas a la prensa, televisión y organizar definitivamente el museo. También en esto se portaron muy fecundos en imaginación. Aumentaron una sala para exposición y organizaron otra, aunque diferente a mis gustos. Parece que también la estética necesita espacios democráticos. Reconozco que mi formación clásica no está dispuesta a ceder frente a ciertas innovaciones de los jóvenes. En su actitud veo colores de propaganda que, aplicados a un concepto de invitación para ingresar al museo, finalmente justifico.
En cuanto al CED lo que más admiro es la secuencia expositiva de los cuadros y de todas las piezas en general. Favorecen un andar reflexivo. El más bello comentario lo escuché de mi amigo el P. Leonardo Niebler, sacerdote alemán, misionero que trabaja en Bolivia desde hace 40 años. Me dijo que le hubiera gustado encerrarse en el museo para hacer ejercicios espirituales y disponer al mismo tiempo de una habitación para dormir. Esta frase debe ser entendida en el sentido de que una parte del museo se prolonga por los antiguos corredores y celdas conventuales de la ex procuraduría de las misiones y de la enfermería. Por tanto, muchos cuadros y cosas han vuelto a ocupar su primitivo lugar, dándoles así un sabor de convento. Además, el arte pictórico de la Colonia tiene siempre carácter religioso, por lo que a un sacerdote le resulta más fácil reconocer en él las grandes tradiciones de fe de la Iglesia de Bolivia. Pero el P. Leonardo aún no ha visto todo, como el catecismo en verso del P. Antonio Comajuncosa. Es un documento de 1803 usado ya por los frailes de Tarija desde 1780. Se dice que en 1904 una niña logró recitarlo completo, por lo que ganó un premio.
Volviendo nuevamente al ajetreo que acabo de mencionar, pueden ustedes imaginar los timbrazos de los teléfonos. Haciendo recuentos y memoria post factum, entre esas llamadas tres venían de La Paz, del Dr. Jorge Siles Salinas, que pedía mi currículum vitae oficial. Pedí a Diego Oliva, el joven que me ayuda en la correspondencia, que se lo enviara por correo electrónico; pronto, por carta, llegó el aviso que lo había recibido. El membrete era de la Academia Boliviana de Historia. A los pocos días, otra carta más formal, por la que el Dr. Jorge Siles Salinas me comunicaba que se había presentado la propuesta de incluir mi nombre entre los miembros de la Academia. El 9 de mayo, ya al finalizar la tarde, mediante una llamada telefónica me hacía conocer la invitación de la Academia Boliviana de Historia para formar parte de ella. Se me comunicaba que estaban enviando una carta. En cuanto llegó a mis manos, respondí afirmativamente; por supuesto, mostrando mi reconocimiento.
Confieso que acepté con cierto “orgullo”, no tanto por mi persona sino por mis antiguos estudiantes (soy un jubilado universitario de Bolivia) que siempre me han demostrado mucho afecto, por los franciscanos en Bolivia y por el Centro Eclesial de Documentación. Para el mes de julio está prevista mi conferencia magistral en la sede de la Academia en La Paz. Prepararé una tipología de las misiones (reducciones) franciscanas en el Chaco, que comenzaron en 1758 y concluyeron en 1919. Tanta historia que ha enriquecido la mayor parte de la historia de cuatrocientos años del Convento de San Francisco en Tarija, que fue su promotor y defensor. Saludos.

Tarija, 15 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm

Referencia: Revivir el comienzo: el 10 de marzo de 1606, la ciudad pedía la presencia de un convento franciscano; el 4 de mayo, día de la Ascensión del Señor, se firmó un listado de bienhechores con respectivas donaciones para la construcción conventual; el 18 del mismo mes, se iniciaron los trabajos.
El día 16 de mayo 2006, los amigos del convento San Francisco de Tarija otorgaron una placa de reconocimiento a los franciscanos. Fue descubierta por el P. Quirino Sampoli.

Queridos amigos,

Ya les informé que el 18 de mayo es el día aniversario del IV Centenario de Fundación del Convento de San Francisco. Para preparar el acontecimiento el Centro Eclesial de Documentación ha trabajado desde 1994 con un trío bien integrado de frailes: P. Lorenzo Calzavarini, P. Gerardo Maldini y P. Pedro de Anasagasti. Los dos últimos ya pasaron a mejor vida y que el Señor los recompense de sus fatigas. Ahora nos movemos en sus cercanías temporales. El 16, llegaron los primeros Hermanos que no tenían posibilidades de transporte aéreo. Su temprana llegada se justifica también por la huelga de autobuses y por los posibles bloqueos de carreteras. La prudencia nunca es demasiada si también a veces insuficiente. Los frailes de Potosí, llegados a las faldas de Sama (la cordillera montañosa que logra los 3.000 metros de altitud) quedaron bloqueados. A las 12:30 de la noche partimos del convento para auxiliarlos, quizás con un posible trasbordo de vehículos. Pero nada de esto fue necesario porque las víctimas entraron al convento antes que los socorristas. Habían arribado al lugar del bloqueo a las 11, después de ocho horas de jeep y, para suerte suya, a las 12 de la noche se había suspendido el bloqueo por un cuarto de hora.
Los bloqueadores eran los comerciantes de ropa usada. Una triste imagen de nuestra Bolivia, que está enfrentando problemas imprevisibles. El gobierno quiere imponerles un impuesto por concepto de importación, que ellos rechazan. Por el hecho de que se trata de personas a su vez “utilizadas”, no creo que el gobierno tenga que actuar con mano de hierro. En realidad, transmito el sentimiento que puedo leer en el rostro de Mons. Bernardino Rivera (que también estaba entre los bloqueados), persona muy sensata y simpática, aunque de pocas palabras. Siendo él originario de Potosí, comenzó su vida franciscana en Tarija. Llegó con una carga de vino que él fabrica personalmente a 4.000 metros de altura. La bella sorpresa resultará más sabrosa en el almuerzo de mañana. Su vino tiene renombre entre los frailes entendidos en la materia.
En el convento han proseguido los preparativos. Fr. José Uriburu organizó el refectorio (comedor) según la usanza tradicional, las mesas colocadas en forma paralela dejando espacios libres al centro. Sentí algo de nostalgia del pasado, pero la nueva disposición era necesaria dada la cantidad de frailes que habían de estar presentes. Los comentarios de los Hermanos eran muy favorables, pero las voces más insistentes estaban dirigidas hacia mi persona, porque el diario “El País” había dado la noticia de mi nombramiento como miembro de número de la Academia Boliviana de Historia. La información había sido de la misma Prefectura, que se sentía honrada por contar con uno de sus conciudadanos en una situación académica semejante.
Pero esa tarde se dio otro hecho. Los amigos del Convento, por puro sentimiento de gratitud, quisieron dejar una señal tangible de su afecto. En el Centro Eclesial de Documentación se añadió otra placa recordatoria de los cuatrocientos años. Los discursos resultaron todos simpáticos porque ya estaban fuera del control social de la prensa y de las autoridades. Usaron de la palabra el Dr. Mario Calabi, el Ing. Mario Valverde, el P. Angelo Donati y el Obispo Mons. Antonio Reimann, del Vicariato de Ñuflo de Chávez. Debemos reconocer que nosotros somos ciudadanos urbanizados que vivimos en una concentración de privilegios y comodidades. No sucede lo mismo con los ciudadanos que viven esparcidos en el área rural, donde se percibe una mínima, casi imperceptible, presencia del Estado. Es algo parecido a cuanto sucedía hace cuatrocientos años, cuando la Iglesia tenía que asumir la solución de muchas necesidades de orden social. Otra característica es que los pueblos originarios tienen consistencia sobre todo en aquellos espacios de los que se habla mucho, se les usa mucho pero se los asiste poco. Mons. Antonio presentó el mensaje franciscano de Paz y Bien sin pronunciarlo expresamente. Para él actuar “en el nombre del Señor” significa abrazar al leproso, ponerse al servicio de los pobres y, más aún, de los olvidados. Es una síntesis de lo que significa vivir “al estilo del Santo Evangelio” (San Francisco).
Llegó el momento de descubrir la placa. Los amigos gritaron el nombre del P. Quirino Sampoli e inmediatamente después explotaron los vivas por los cuatrocientos años y los aplausos de respeto por el antiguo misionero. Los amigos del Convento lo aprecian por la exquisitez de su carácter y por su chispeante estilo cuando cuenta tantos episodios de 30 años de vida misionera en el Parapetí, que ocupa la parte norte del Chaco. Sus viajes por el territorio de sus parroquias los realizaba en dos meses; partía de la casa central de San Antonio del Parapetí durante el invierno, que son meses sin lluvia, llevando un caballo para sí, otro para el guía y algún otro de reserva con las frazadas, el altar portátil y una escopeta con sus respectivos cartuchos; en la alforja llevaba medicinas, el breviario y una cámara fotográfica. Hay que tener en cuenta que en su parroquia no solamente se contaba a los “fieles”, sino también a los “infieles” que no conocían el mensaje evangélico, por lo que su pedagogía era la de no ser carga para nadie.
El cielo abierto, con su lejano manto de estrellas, cobijaba muchas veces sus sueños y sus insomnios por los animales salvajes de la zona. Sus enemigos eran los tigres, las víboras, los tábanos y las arañas. El antídoto inmediato contra las picaduras venenosas era un remedio de tradición misionera, preparado con grasa de víboras. Por cierto, la curiosidad de los oyentes que escuchaban las narraciones del viejo misionero, no se restringía sólo al conocimiento de esos aspectos de su vida personal, sino que se proyectaba también hacia el descubrimiento de las lejanas dimensiones del inmenso territorio de Bolivia.
Este mismo es el interés que tengo cuando hablo con el P. Quirino. Hace unos días me entregó un mapa de la región por donde hacía sus viajes, elaborado en base a su experiencia. La ocasión surgió del análisis de un mapa de 1916, no exhaustivo, por supuesto, y otro mapa que se encuentra en un libro reciente. Según él, ambos muestran algo desconocido porque ninguno de los autores expresan cómo son las cosas. Hace un año, por mi preocupación de contar con imágenes históricas de esa región, vencida la personal reticencia, me entregó dos fotografías tomadas por él. Las hemos de publicar en los próximos cuatro volúmenes, de los siete programados (de los cuales ya han salido tres), que constituyen una antología de los documentos del archivo conventual. El mapa del P. Quirino es el último documento que ha ingresado al archivo de los cuatrocientos años de vida misionera. De esta manera se ha venido construyendo nuestro archivo en base a narraciones acerca de los avatares entre gente jamás antes vista, costumbres desconocidas, costo de los viajes, caminos hallados con dificultad, sorpresas en los encuentros, que son toda una cronohistoria de Bolivia, cuyo sabor emerge del poder de la palabra escrita de puño y letra. Afectuosos saludos.

Tarija, 17 de mayo de 2006.

Fray Lorenzo Calzavarini ofm