A MANERA DE PRÓLOGO: APUNTES A RICTUS CAÓTICO

Escrito por  Abr 14, 2013

Conozco a Oscar Pino por esas casualidades felices que da la vida ya que coincidimos en Tarija, yo en mi último año en la bella y entrañable tierra tarijeña, y él, en su primer año de migrante venido de muchas partes. Inicialmente yo me enteré de que era matemático, una rareza para mí, pero pronto la amistad surgió derrumbando prejuicios porque detrás del matemático – mejor, “dentro”- vive también un poeta.

La poesía ha sido, como la matemática, otra de las almas con las que Oscar devela lo que la razón no puede responder, ni la ciencia, sino sólo la intuición, algo de locura, melancolía y asombro. No es extraño entonces que este su último libro transite por temas universales como el amor, el tiempo, el olvido; por zonas más inquietantes y lejanas: si hay un poeta detrás del poeta que vive en el espejo o si la infancia sobrevive en un inquieto niño/poeta desenredando palabras.
La poesía de “Rictus Caótico”, parte del mismo título del poemario que encierra en sí mismo dos palabras que se encuentran y desencuentran: el rictus tiene que ver con la muerte, el tiempo hacia ella y, a su vez, con lo que queda tieso, estático, como el cadáver que a todos nos espera; pero también, por otro lado, con el caos que encierra tal sentido de una aparente inmovilidad, que viene a ser todo lo contrario: movimiento y desorden, quizá puro azar, como el mismo universo, como la vida.
Está claro que Pino ha bebido y se ha identificado más que con las corrientes de vanguardia del verso libre, con aquellas que provienen de la gran tradición de la lengua castellana afincada en Quevedo, Lope, Becquer y otros más contemporáneos; debido a que el uso del lenguaje está más cerca del soneto y de la rima, y aunque muchos poemas son un mix de verso libre y rima, Pino busca que sus poemas tengan una clara musicalidad que viene justamente de aquella tradición. Ya en el primer poema puede “escucharse” esa respiración musical:
Amo ese amor... que nunca comprendiste
pues quebrando los besos que te di
y los que diste,
hiciste que yo parta y tú… partiste
Y así a lo largo de todo el libro, salvo excepciones, la poesía de Pino es vecina al soneto – si no es un soneto explícito – , sin desdeñar las opciones que da el verso libre como tal. Pero dado que el significante podría también ser significado, los sentimientos amorosos también son, digamos, románticos, pero que no dejan de buscar otro lado cercano a romper con los tradicionales poemas de amor:
Te amo de amor
dolido y lisonjero,
con mi escritura,
con mis colmillos,
con mi tajo, mi herida,
mi cortadura,
con la fauce temprana
que asoma a la ventana
de mis espejos
y que yo escondo
en los bordes lunares
de un mar redondo.
Es decir, a momentos abandona la contemplación (el “rictus”) y bucea en otras aguas del amor que no son “románticos”: “te amo … con mi escritura, con mis colmillos, con mi tajo, mi herida, mi cortadura…”. Es decir, se aproxima al caos que encierra, en realidad, todo amor profundo que a la vez es encuentro y desencuentro, no sólo con la mujer amada sino con uno mismo. En la misma línea encontramos otro ejemplo:
Moja el amor
La cal de mis tendones
Y diluye su mal
Dentro mis penas
O esta otra metáfora del tiempo y el amor:
Sólo te dejo
pasar lejana
mientras yo mido
la sal que tejo
cada mañana.
La sal, seguramente, del tiempo y el olvido, que inevitablemente tomarán la forma de una ausencia. Lo que, como vemos, siempre reflexionando en esto del significante y el significado, encuentro que Pino – quizá no lo sepa- tiene una tendencia también a recoger elementos de la poesía japonesa como es el hai ku. Veamos unos ejemplos:
Como sediento
del deseo y la idea
cruje el talento

Una mañana
nos hará la locura
trueno y campana.
Posiblemente es pura intuición del poeta que, en su búsqueda, encuentra melodías que le son familiares y suenan a esas canciones casi de cuna, que se repiten sin cesar pero que, a su vez, tienen un efecto casi total en su brevedad. Entonces abandona los temas clásicos y se va por otros senderos, como Alicia, cruza el espejo con – prácticamente- dos haikus puenteados por una “y”:
soy el coto
que encaja el firmamento
en la noche del ojo
y
del fuego de la risa
soy la calma que calla
en la ceniza
Y en el “Poema de la espina” vuelven los significantes que son significados en esa otra opción interior que es más de vanguardia y menos tradicional:
Como intento fallido
Más allá del dolor y la cordura
Muere la noche
Diluyendo su sombra en estampidos
Que no escucha

Pero antes imagina
Dentro la cuna
La sonrisa intangible de una luna
Y el dolor cavernoso de una espina
O también en su “Poema de la huella” donde se acerca a tradiciones vanguardistas donde aparece más bien una zona de oscuridades habitada por la melancolía y el dolor, por el silencio que provoca a la poesía:
Por el sendero dejo el cadáver de un fruto
que se sume en el polvo de la noche.
No dejo mis silencios porque tantos han sido
que hubimos, para oírlos todos,
necesidad del canto del algún pájaro herido.
Pero encontramos que cuando más serio se nos pone, Pino se da la vuelta y busca otro sendero: el del juego y la infancia, como un guiño a ese tiempo en el que sólo toma sentido cuando ya no se es niño. Y con los mismos temas como es el caso del silencio, sale al patio y juega:
Sé que el silencio tiene
patas de alambre
y una panza redonda
llena de hambre
Sin duda, Rictus Caótico nos entrega las visiones de un poeta que encuentra en tradiciones poéticas poco transitadas hoy en día, sus mejores momentos; momentos que son un puente entre la aparente rigidez de la tradición con el inquietante vacío que nos desordena y no deja de acosarnos entre las sombras cotidianas y el silencio, obsesión de todo poeta. Pero Pino además, como hemos escuchado, no ha perdido jamás ese otro puente entre la orilla del tiempo que pasa y la orilla de la infancia.

Cochabamba, noviembre 2012

* René C. Antezana Juárez es pintor, poeta, que hubo abandonado sus primeros amores con la arquitectura para dedicarse de lleno a la gestión cultural. Actualmente reside en Samaipata aunque sus actividades artísticas lo trasladan a ciudades y paisajes diversos.