La deuda eterna, o cómo evitar una herencia ruinosa para el país

Jul 01, 2017

Siempre es útil no sólo estudiar la historia para no repetir errores del pasado. También lo es observar a los países vecinos -cercanos y lejanos- para aprender de sus errores y aciertos: copiar y adaptar lo bueno, evitar lo malo.

En esta ocasión urge llamar la atención sobre lo que debemos evitar copiar a como dé lugar: la llamada “deuda eterna”, que castigará sobre todo a futuras generaciones de argentinos.
Días atrás fue sonada la noticia de emisión de un bono a 100 años plazo por parte del gobierno de Mauricio Macri. Una operación financiera relámpago y secreta pactada a una tasa de interés altísima y a un plazo ultralargo, según informaron expertos del vecino país.
El principal autor de la insólita emisión no fue otro que el polémico Ministro de Finanzas Luis Caputo, ex Deutsche Bank y JP Morgan, quien concretó la operación financiera más rentable para los grandes fondos de inversión internacional, ganándose con ello el apodo de “Ministro de la Deuda”.
Y es que la tasa de interés es altísima, el plazo es extensísimo y la moneda de emisión del bono no es la propia. El interés: 7,125% anual. El monto: 2.750 millones de dólares. El plazo: 100 años. Con esta emisión, el gobierno de Macri suma una deuda por casi 100 mil millones de dólares en sus casi veinte meses de gestión.
El economista argentino Alfredo Zaiat advierte que con esto no sólo se ha iniciado “el tercer gran ciclo de endeudamiento argentino a un ritmo más veloz que el anterior que comenzó con la dictadura militar de 1976”, sino que además se ha ratificado “que la deuda será eterna”, tratándose así de una “transacción ruinosa para las finanzas del país”.
Ciertamente ruinosa, considerando que expertos en finanzas calcularon que si hoy Argentina se arrepintiera de la operación y decidiera retirar los 2.750 millones de bonos emitidos a 100 años, por las condiciones de emisión debería desembolsar 8.600 millones de dólares.
Un agravante: Argentina no recibió realmente 2.750 millones de dólares, sino que fueron 2.475 millones, porque los bonos fueron entregados con un descuento del 10%. Es decir que por cada lámina de 100 dólares, el inversor pagó 90. Si se considera esto, la tasa implícita de la operación para los financistas iniciales fue 7,91%, mientras que el cupón de tasa de interés es 7,125% anual.
La justificación de Macri fue el haber recibido una herencia fiscal desastrosa del gobierno de Cristina Fernandez. Algo que es contradicho por el propio documento (form 18-k) que Argentina presentó en la Securities and Exchange Commission (SEC, la comisión nacional de valores estadounidense), que integra el prospecto de oferta del bono.
Dicho documento precisa que el déficit fiscal primario fue 0,2% del PIB en 2012; 0,7% en 2013; 0,8% en 2014; 1,8% en 2015; y 2,2% en 2016, tras el primer año del gobierno de Macri.
Esperemos que esta ruinosa transacción sea un ejemplo de qué es lo que no hay que hacer en Bolivia, que en los últimos años se ha acostumbrado a emitir deuda pagando intereses altos (salvando las diferencias).
No se trata pues de hipotecar el futuro para maquillar -mediante obras, bonos, votos- el presente. Se trata de dejar un país viable y sano para quienes ocuparán nuestro lugar en unos pocos años o décadas.