Mujeres de la noche disfrazan de brillo su tristeza para satisfacer a sus clientes

Escrito por  GUSTAVO MÁRQUEZ / EL PAÍS EN Mar 20, 2015

Esta es una de las historias que se esconden tras el perfume de la noche, que impregna el ambiente entremezclado con la música y los tragos. Andrea es una mujer que mediante un “representante”, se dedica a ejercer el trabajo sexual de una forma “segura”, generando buenos ingresos económicos que hasta ahora no la ayudan a alcanzar la felicidad.

Mientras se habla con Andrea, su nombre de pila, nadie se podría imaginar que se dedica a “alquilar” su cuerpo para satisfacer los instintos sexuales del género masculino, ya que pasa desapercibida durante el día, cuando viste atuendos casuales.
Ella tiene 25 años. Por su cama han pasado deportistas, ejecutivos, hombres casados, y otros, pero después de haberse enamorado y haber sido víctima de una traición, Andrea jamás volvió a sentirse llena, por lo que dice que no vive feliz pese al ingreso económico cuantioso que percibe por sus servicios, que consisten en salidas a hoteles y atenciones en ambientes que ella alquila.
“Desde que me dedico a esto no he tenido pareja estable. No quiero tenerla, de momento, pero si se diera el caso, es difícil asunto. No tengo familia cercana, mi madre murió a poco de mi nacimiento y mi padre falleció en un accidente de tráfico cuando yo era una adolescente. Soy hija única y no tengo mucha relación con mis familiares lejanos, así que no saben nada de mi profesión”, relata.
Andrea cuenta que optó por este oficio por casualidad. “Tenía una amiga de la universidad que era amante de un señor casado y él le ayudaba económicamente. Ella disfrutaba con aquel hombre y pensé que yo podría hacer algo parecido, pero en plan profesional. Me gusta mucho el sexo y tengo un físico que me permite tener clientes de alto poder económico. Lo probé y decidí libremente que esa sería mi profesión, mientras mi cuerpo siga atrayendo a los hombres, claro, porque tarde o temprano voy a envejecer”, comenta.
En un buen día, según comenta, se puede generar mucho dinero, ya que el precio que los hombres pagan por una hermosa mujer es de 300 hasta 500 bolivianos, siendo la clave saber elegir bien al cliente. “Cuando salgo a algún local, evito a los hombres ebrios o a los jóvenes. Soy amable con los que demuestran buena posibilidad económica, todo depende, si una hace salidas hay mayor ingreso de dinero, pero si una se queda en los ambientes del local, entonces debe dar una comisión, lo mismo pasa si se tiene representante”, explica.

Camuflaje
Gracias a sus encantos Andrea gana mucho dinero, sin embargo, admite que en este oficio muchas veces una mujer tiene que camuflar de algún modo su ánimo, especialmente en aquellos días en los que no están de buen humor por problemas personales, cuando sonreír cuesta, pero es la llave que les permite ser escogidas por un potencial cliente.
“Si mi cliente no manifiesta ninguna preferencia, voy vestida y arreglada con discreción. Me pongo como me gusta verme. En la sociedad se habla de una mujer despectivamente cuando es coqueta o se viste provocativamente, pero no es mi caso, aunque entiendo que la gente se forme una imagen idealizada por lo que ve en la calle o en las películas”, manifiesta.

Riesgos
Explica que en este oficio se puede trabajar de dos formas: con un representante o de manera libre; en el primer caso, se precisa de una persona que se encarga de entablar los contactos y además que vele por la integridad de la mujer, mientras que en el segundo, es ella quien se maneja mediante sus propias reglas y contactos. Después de algunas experiencias difíciles, “Andrea” optó por tener un representante.
Este oficio implica peligros, Andrea cuenta que en una ocasión, cuando se manejaba sola, realizó una salida a una habitación de hotel, donde el cliente pagó por una hora, pero al cumplirse este acuerdo él le impedía abandonar el cuarto. En ese entonces, ella no tenía un representante, por lo que con engaños logró escapar con algunos moretones provocados por el forcejeo y golpes recibidos. “Por ello prefiero tener alguien que me cuide y me facilite las cosas, ya que además puedo contar con él para diversas cosas”, sostiene.

Futuro
Pese a los prejuicios que existen en la sociedad sobre su oficio, ella asegura que no lo hace por una extrema necesidad. “Hay muchas trabajadoras sexuales que son explotadas. Otras son esclavas de una adicción o de una necesidad económica, creo que no se debe estigmatizarnos y respetar lo que se ha elegido ser”, opina Andrea mientras relata experiencias de algunas conocidas que realmente pasan malos momentos.
Ella aclara que no piensa dedicarse toda su vida a satisfacer a los hombres por dinero, por ahora lo hace para pagarse su carrera universitaria, ya que asegura que cada vez que se mira al espejo ve cómo los años acechan, y de la experiencia sabe que cuando una mujer envejece en esta profesión, llegan las más jóvenes para suplantarlas.