Situación de las mujeres que salieron busca de una mejor calidad de vida

Escrito por  Jun 21, 2010

El análisis de los flujos migratorios contemporáneos en Argentina requiere considerar las transformaciones ocurridas en los ámbitos social, económico, político y cultural, como consecuencia de la instrumentación de las políticas neoliberales en los últimos decenios del siglo XX, afirma María José Magliano en su publicación Migración de mujeres bolivianas: Cambios y continuidades en las relaciones de género.

Argumenta que la implementación de estas medidas, que significó la ejecución de reformas estructurales, impactó fuertemente en la calidad de vida de importantes sectores de las sociedades de los países de América Latina.

La adopción, mantenimiento y profundización de este modelo, que en los  noventa se había extendido prácticamente por toda la región, supuso la aplicación de políticas regresivas para la gran mayoría de la población, situación que se tradujo en un significativo aumento de los niveles de desempleo, un crecimiento de los índices de pobreza, una precarización del trabajo asalariado y una marcada desigualdad en la distribución del ingreso, agudizándose las diferencias sociales en buena parte de los países latinoamericanos.

La desmantelación del ya endeble sistema productivo boliviano, como consecuencia de la ejecución de las políticas neoliberales, profundizó la fragmentación y segmentación social existente en ese país.

En este contexto, la migración se convirtió en una alternativa para miles de personas hacia países que podían ofrecer una solución a estos problemas. Argentina ha sido, desde siempre, un destino atractivo para los bolivianos, sin embargo, en los últimos tiempos la orientación de este flujo se diversificó y algunos países de los denominados centrales, como Estados Unidos y España, se convirtieron en receptores de población migrante boliviana.

La escritora también sostiene que el impacto de las transformaciones ocurridas como consecuencia de la adopción del paradigma neoliberal se hizo sentir con fuerza en la realidad de miles de mujeres. Los cambios en el mundo del trabajo a partir de la década de los setenta y en especial luego de las medidas adoptadas en el marco del Consenso de Washington repercutieron en el trabajo femenino, aumentando las formas de explotación de las mujeres en los mercados de trabajo, muchas de las cuales debieron migrar internamente en sus países y luego al exterior en busca de mejores oportunidades.

El incremento de las mujeres, así como su mayor visibilidad dentro de las corrientes migratorias globales, se denominó “feminización de las migraciones”. El discurso de la feminización de las migraciones se explica no sólo por un aumento de la participación femenina en los movimientos poblacionales, sino también por una apertura conceptual a la figura de la mujer inmigrante, cuya presencia ya no puede ser negada y sale inevitablemente a la luz.

Esta feminización de las corrientes migratorias no ha significado necesariamente una mejora real en la calidad de vida de estas mujeres, por el contrario, como sugiere Balbuena (2003), ha pasado a ser sinónimo de la creciente precarización de la situación de las trabajadoras migrantes. La flexibilización del mercado laboral como parte del recetario neoliberal ha significado que el empleo, principalmente el empleo femenino, se torne más irregular y precario y que el empleo informal siga siendo la vía más socorrida para hacer frente a las necesidades de supervivencia. Esta situación se explica no sólo por los beneficios económicos que se derivan del ahorro salarial que ofrecen las mujeres frente a los hombres, sino en gran parte por los estereotipos sexistas y la perpetuación de la división sexual del trabajo.

Una de las características más sobresalientes de los procesos migratorios actuales es la participación de la mujer en una diversidad de flujos y tendencias migratorias. En relación a la migración boliviana hacia Argentina, pese al crecimiento en los últimos tiempos de mujeres que se movilizan solas, la gran mayoría continúan migrando en contextos familiares o por reunificación familiar, lo que no implica que simplemente sigan a sus maridos o que se desplacen en calidad de dependientes, su papel dentro del proceso es mucho más complejo, en la medida en que la migración forma parte de un proyecto familiar.