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En Tarija, un hogar acoge a 22 menores abusadas y a sus bebés

Escrito por  Sep 16, 2014

JOSUE HEBER ACEBEY C./EL PAÍS eN
En la ciudad de Tarija un total de 22 niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años de edad conviven dentro de un albergue que sólo acoge a menores. Todas son madres de familia, no porque ellas lo quisieron, sino porque sus padres, padrastros, hermanos, tíos y primos en algunos casos, abusaron de ellas y las dejaron embarazadas.
El lugar donde ellas habitan es un Centro Integral de víctimas de violencia sexual. Este albergue está a cargo de  la institución Mujeres en Acción que recibe apoyo desde Holanda. Las menores, por lo general, llegan a este lugar en etapa de gestación hasta que dan la luz. Luego continúan internas, recibiendo terapias psicológicas y de ayuda para salir adelante juntos a sus hijos.
La responsable de la institución, Lourdes Aguilar Ibáñez, indicó que de las 22 menores abusadas sexualmente, el 90 por ciento entró embarazada. Solo el 10 por ciento fue víctima de violación sin consecuencia de gestación. El 80 por ciento proviene del área rural y llegan de las diferentes provincias de Tarija. En algunos casos son derivadas desde Tupiza y Camargo e Incahuasi.
“Lo que tratamos de crear es un grupo familiar con todas ellas, puesto que no hay nadie quien se haga cargo y lo que hacemos aquí es apoyarlas y orientarlas. La menor que tuvimos era de 10 años que llegó embarazada desde la provincia Gran Chaco —indicó Aguilar--. Aunque no debemos dejar de lado que albergamos a madres cuyas edades van desde los 12 hasta 17 años”.

Las terapias alternativas de recuperación
Entre las alternativas que ofrece el centro a las menores se halla la capacitación en diferentes áreas técnicas. Eso les permite aprender bisutería, manualidades con papel para hacer bolsos, además de la elaboración de panes y repostería.

En cada una de las áreas de especialización, las menores ponen a la venta sus productos y con ello  generan ingresos para ellas mismas.
“Existe una terapia individual, grupal y de elaboración de materiales y alimentos que hacen en el albergue. Aunque hay casos especiales en el que las menores, por lo general ya mayores de los 15 años, salen a trabajar afuera—añadió--. Estas personas hacen labores de limpieza o apoyan también en repostería. Son asalariadas y ganan su propio dinero”.

Los traumas de la violación
La trabajadora social y encargada del albergue, Marlene Fernández, explicó que los traumas son difíciles de superar, pero no imposibles. Las víctimas menores por lo general sufren pesadillas, algunas tienen un carácter violento, otras prefieren mantenerse escondidas y en el anonimato. En algunos casos se levantan gritando y eso es por el trauma sufrido por la agresión sexual.
“Son diferentes situaciones que atraviesan estas niñas y adolescentes, y eso se debe a la violación sufrida. Podemos decir que los principales abusos se cometieron por los mismos padres de familia, le siguen los hermanos  y después están los abuelitos—indicó--. Aunque también fueron abusadas  por el vecino o el dueño de casa. En algunos casos eso llevó a que puedan ellas ocultar su identidad para no pasar por ello otra vez”.
Añadió que en algunos casos existen menores que fueron abusadas, pero no quedaron embarazadas. En esos casos el silencio por las amenazadas constantes del agresor les impedía denunciar.

Las menores deben soportar prejuicios sociales
Cuando algunas de las menores asisten a sus controles prenatales son víctimas de los prejuicios de la sociedad. “¡Eso le pasó por salir a fiestas!” “¡Seguro por vestirse provocativa!” “¡Por no hacer casos a sus padres!”, son algunos de los términos que, según recuerdan las afectadas, deben soportar constantemente.
También sufren a costa de expresiones inhumanas del personal de salud. En el caso de algunos médicos o enfermeras del hospital, las víctimas recuerdan que estos se dirigen a ellas con términos que dañan su integridad tales como: “¡Como ya has probado, ahora ya sabes cómo es y debes poner candado a eso!” o “¡Vos eres una niña, que te andas metiendo en cosas de mayores!” o “¡¿No sabes qué son los condones y los anticonceptivos acaso?!”.
“Así les tratan a las menores y sin duda ello hace que no salgan o tengan  vergüenza de ir a sus controles—añadió--. Muchas veces juzgamos a las menores sin saber que en un momento se hicieron madres porque abusaron de ellas y no porque ellas quisieron”.

Las 50 denuncias de 2014 corresponden a allegados

 En la Fuerza Especial de Lucha Contra la Violencia (FELCV) de la Policía Boliviana se denunciaron en la presente gestión cerca de 50 casos de agresión sexual que involucran a menores de edad.
En algunas ocasiones se logró capturar a los denunciados y en otras se dieron a la fuga. Existen casos donde los padres de las víctimas declinaron de la denuncia, dejando sin efecto el proceso.
La mayor Marcela Vargas, de la FELCV, indicó que todos los casos la violación el responsable fue algún familiar o un conocido. Las víctimas, en algunas situaciones quedaron embarazadas.