La obligación de salir de la crisis

Mar 20, 2018

Tarija va a salir de la crisis. Esto es una realidad. Es una afirmación que va más allá de las propias teorías del capitalismo y de la coyuntura económica actual. El departamento de Tarija va a salir de la crisis más temprano que tarde y es necesario que ya se prepare el camino a seguir a partir de entonces.

La salida de la crisis tiene que ver con el nuevo cuadro macroeconómico, con la rendición de los magnates de las energías alternativas ante las evidencias de un mercado construido con el petróleo como epicentro. Los precios de los hidrocarburos tal vez no vuelvan nunca a los 100 dólares por barril, pero si se van a estabilizar entre los 55 y los 60 dólares, una cantidad suficiente para administrar un presupuesto holgado en los próximos años.
La salida de la crisis tiene también que ver con las medidas implementadas desde la Gobernación siempre polemizadas desde el contubernio político, pero que han recortado una buena parte del gasto corriente, han limpiado considerablemente la cartera de proyectos y han buscado recursos que sirvan para impulsar el crecimiento.
Como todo en la economía y en la política, las medidas implementadas pueden ser observadas y discutidas. Cuando se descubrió la profundidad del agujero dejado por la gestión de Lino Condori, que alegremente comprometió decenas de millones en proyectos pequeños convirtiendo a subgobernadores y alcaldes en auténticas máquinas de licitar y dejando de lado los proyectos de vertebración departamental, el entorno que acompañó en la gestión de Lino Condori, con Roberto Ruíz y Juan Luis Coronado a la cabeza, insistían en que la situación no era grave y que bastaba con pedir un crédito puente para subsanar lo que, por aquel entonces, se catalogaba como una situación transitoria.
El laureado Ministro de Economía de aquel entonces, Luis Arce Catacora, falló en todas sus previsiones sobre el retorno a los precios altos de los hidrocarburos y cuando reconoció que había tremendo agujero en las cuentas públicas de la Gobernación y que estaba por caer en la recesión, tampoco hizo nada.
2016 se fue con una pelea eterna por un Plan de Rescate negado. 2017 peleando un crédito privado que al final quedó reducido a algo más de 150 millones de bolivianos y algunos fideicomisos por el doble. En 2018, casi dos años después de que Arce Catacora reconociera la situación, se empiezan a atisbar los recursos del manido “crédito puente” con una salvedad. Los que entonces aseguraban que aquel era el camino, ahora lo critican.
Salir de la crisis es un mandato ineludible, una obligación a la que todos los agentes deberían contribuir. Tarija ha decrecido a ritmos superiores al 6 por ciento en los últimos tres años y es necesario frenar la sangría y volver a crecer, a generar empleos y a atraer riqueza. Pero no todos los actores están tomando decisiones inteligentes.
No parecen buenas señales las que desde el Ministerio de Hidrocarburos se bombardean últimamente, especulando con el fracking y con plantas de etanol cuyo mercado está en veremos a medida que tumba proyectos de la relevancia de la petroquímica de Yacuiba.
No parecen situaciones adecuada las de aquellos alcaldes que, desesperados por sus urgencias, clavan los dientes en los primeros recursos que se avizoran para boicotear cualquier proceso de recuperación global.
No parece una situación inteligente guardarse los proyectos de Ley en el cajón de cualquier comisión de la Asamblea para dejar correr el calendario, como si el tiempo no importara.
Tampoco parece un buen momento para abrir batallas generacionales, para confundir a la población, para juegos de prestidigitador, para medir egos. Es el tiempo de superar la crisis y sentar las bases de una recuperación de largo plazo que, necesariamente, debe contar con nuevas ideas diferentes a las que nos trajeron hasta aquí.

Archivo Nacional

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