La caída de un Gobierno moralmente débil

Mar 23, 2018

Colapsó el Gobierno de Pedro Pablo Kuczinsky en Perú. El octogenario presidente del vecino país ha acabado siendo “víctima” de su dilatada carrera política, que lejos de aportarle la experiencia que decían hacía falta para pilotar Perú ha acabado por plagar de asuntos turbios la convulsa actividad política parlamentaria.

Kuczynski ha sido también víctima del fuego cruzado en la familia Fujimori, que han convertido la actividad política no solo en su modo de vida, sino en una especie de novela negra y rosa, con suspense, celos, crímenes y también, videos filtrados.
El presidente del Perú no iba a poder sobrevivir al segundo juicio parlamentario luego de haber logrado sortear el primero ofreciendo el “premio mayor”, el indulto a Alberto Fujimori, que calmó a todo el sector del partido opositor mayoritario en el Parlamento liderado por el hijo varón, Kenji Fujimori, y aparentemente enojó al sector de su hermana, Keiko Fujimori, la ya dos veces perdedora por los pelos en las Presidenciales y que preparaba un nuevo asalto al poder luego de la “inhabilitación moral” de Kuczynski. Todo lo relacionado a los Fujimori y sus movimientos intrafamiliares deben ser acompañados de un hipotético: supuestamente, aparentemente, etc, puesto que nadie salvo ellos saben lo que realmente pasa por su cabeza.
El colapso del Gobierno del Kuczynski ha sido como una muerte anunciada. El presidente fue investido luego de ganar por escaso margen en la segunda vuelta de otra turbulenta campaña en Perú. PPK recibió el apoyo no solo de la derecha tradicional sino que incluso la nueva izquierda congregada en el Frente Amplio de Veronika Mendoza tuvo que taparse la nariz y solicitar el voto para el consultor y evitar así lo que parecía una imparable victoria de Keiko.
La primogénita del ex dictador no es capaz de romper la barrera del 51 por ciento, de hecho volvió a quedar lejos en primera vuelta y no pudo vencer a la convergencia anti Fujimori. Ya tras la derrota de 2011 algunos de los poderosos del partido y la vieja guardia fujimorista advirtieron del techo de cristal. Tras la de 2016, su propio hermano se presentó como la alternativa. Keiko apostó a erosionar el Gobierno de PPK, hacerlo caer bruscamente para no dar tiempo a que su propio partido de generar la alternativa con su hermano. Con la jugada maestra, la de los videos que han forzado la renuncia de PPK, su propio hermano ha quedado debilitado.
Más allá de la coyuntura y de los motivos específicos, la caída del Gobierno de Kuczynski responde a la lógica de lucha por el poder voraz que se ha desatado en la región en los últimos años y a una debilidad institucional crónica, incapaz de sostener un proyecto político en el mediano plazo, peor en condiciones de crisis. Pero sobre todo se debe a la incapacidad moral de los líderes.
Perú, como Bolivia, vivió una demolición del viejo régimen de partidos. Pero a diferencia de Bolivia, no engendró un partido nacional hegemónico capaz de empezar una nueva historia. La dictadura populista de Fujimori dejó malparados a los políticos tradicionales, pero su caída fue traumática, y volvieron. Fue cuestión de tiempo que sus hijos, junto a sus leales, empezaran a construir una plataforma de continuidad, eso sí, modernizada y actualizada a los nuevos tiempos. Mientras tanto, los políticos tradicionales se apartaron primero y se fueron reciclando desde la segunda o tercera fila para volver al poder. Es el caso de Alan García y el propio Kuczynski, entre otros muchos apellidos de la política peruana que siguen vigentes tras casi un siglo. En lo único que todos convergieron fue en mantener proscrita a la izquierda, por sus escarceos programáticos históricos en lo que a revolución y nacionalismo con las guerrillas se refiere.
Las consecuencias de ese tormento político las paga ahora un Perú menos soberano, penetrado hasta el tuétano por roscas de poder y por grupos con muchos intereses.
Kuczynski no es que no haya sabido gobernar con minoría parlamentaria, es que no ha podido por la pesada carga que acarrea un político con medio siglo de actividad a sus espaldas. Es bueno que el Gobierno boliviano tome nota de los errores cometidos por su vecino. Las segundas oportunidades no siempre fueron buenas ideas.

Archivo Nacional

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