De papiros y papel al libro digital

Escrito por  Agustín Saavedra Weise* Mar 08, 2016

Antes de que Johannes Gutenberg inventara la imprenta los libros eran como joyas de enorme valor y se leían en grupos selectos. Ser analfabeto era común, lo raro era saber leer y escribir. Todo cambió cuando se pasó del papiro al papel. 

Al principio hubo resistencias ante este inédito tipo de “populismo”, una divulgación de conocimiento que menguaba los privilegios de élites tradicionales y brindaba acceso fácil a la lectura.  La rápida propagación de imprentas produjo libros al alcance de cualquiera. Este auge coadyuvó con la llegada del Renacimiento, era que barrió con el oscurantismo. En el medioevo era “peligroso” -o potencialmente herético- el conocer ciertas cosas de naturaleza religiosa o científica. El tiempo disipó temores y vino la gran ola democrática del libro. Ese fenómeno tuvo su auge el pasado siglo XX, incluyendo a las artes gráficas, tales como diarios, revistas, boletines, etc. Además, surgieron múltiples editoriales y ferias del libro.  
Cuando era universitario ahorré para poder comprarme una enciclopedia Collier y la contemplaba todos los días con renovado orgullo. Hoy ningún estudiante haría ese gasto, ahora es considerado “inútil”. Quienes más sufrieron el actual impacto de la era informática fueron  justamente enciclopedias y obras especializadas. Internet prácticamente las liquidó. Ya no tiene sentido comprar costoso material de consulta  si con un simple “click” puedo preguntar gratis en cualquier buscador y obtener pronta respuesta.
Llegó el libro digital y está aquí para quedarse, pero sigue la controversia. Algunos afirman “amar el papel” y que “no pueden vivir sin la sensación de tocar un libro”. Los aparatos de lectura digital son  excelentes pero hay gente reacia a aceptarlos, aunque tarde o temprano lo harán. Además, deberían probarlos antes de criticar. Un lector digital puede contener cientos de libros normales, lleva distintos tamaños de letras para leer con comodidad y hasta tiene espacio para anotaciones o citas. Es un instrumento formidable. Personalmente, desde hace años poseo un Kindle de Amazon; viajo  siempre con él llevando una biblioteca completa en lo que parece un simple cuadernillo. Eso sí que es revolución tecnológica.
Nuestra  obligación del momento es tratar de preservar la naturaleza. Recuérdese que cada libro tradicional implica árboles caídos. Es por eso que muchos formularios de gobiernos y empresas hoy en día son digitalizados, ya no impresos. Se trata de ahorrar papel para evitar mayores daños ecológicos. Por la acumulación de múltiples intereses económicos y por la costumbre popular -más de cinco siglos de imprenta- hoy existe una resistencia  mayor a la del pasado, cuando se cambiaron papiros por impresos. Al igual que entonces, al final la tecnología terminará imponiendo su presencia. De aquí en adelante, las fotos de intelectuales que posan orgullosos detrás de anaqueles colmados con libros ya no tendrán mucho sentido. Con presentar un Kindle al lado ya se podrá presumir que ahí el fotografiado tiene su biblioteca completa, sin necesidad de “mandarse la parte” con montañas repletas de papel a sus espaldas.  
El libro ha cambiado pero nunca morirá, sólo tendrá distinta forma. Así hay que entenderlo e irse  adaptando a las nuevas realidades. Poco a poco el libro digital irá siendo la norma y no la excepción. Son los inexorables e innegables tempos que vienen. Nadie puede  tapar el sol con un dedo.
 
*es economista y politólogo.