San Roque: El santo peregrino, patrono de Tarija

Escrito por  Redacción central/El País eN Sep 12, 2017

La Fiesta de San Roque, hoy conocida como Fiesta Grande de Tarija, es una de las manifestaciones más puras del saber popular por su tradición, fervor religioso y un excepcional colorido.

La fiesta empieza oficialmente el 16 de agosto de cada año. Sin embargo, la población en general y la comunidad religiosa de la ciudad recién viven la fiesta el primer domingo del mes de septiembre. Ésta sigue con la octava el segundo domingo de septiembre y termina con una multitudinaria procesión, un día como hoy, el día martes de Encierro.
San Roque es la fiesta más popular de Tarija, el santo llamado “Patrono San Roque” es el más reverenciado desde la colonia, para quién tiene el pueblo y el campesinado, una mística devoción. Esta tradición se mantiene y se mantendrá a través de los años, de generación a generación.
La celebración está engalanada con la participación de los “chunchos”, emblemática presencia de más de mil quinientos promesantes y peregrinos que, ataviados con su típica y colorida indumentaria y al son de su rítmica danza, acompañados por músicos populares representados por “cañeros”, “quenilleros”, “tamborilleros” y la guía de “alféreces”, cumplen su promesa a “San Roquito” y le acompañan los días programados hasta el “encierro” de la “Fiesta Grande de Tarija”.

El emotivo encierro
Se trata del momento más impactante: Los promesantes y peregrinos “chunchos” y miles de devotos a “San Roque” se despiden de su San Patrono con llanto y lágrimas y con expresiones de encendido y profundo sentimiento, le renovarán, con cantos y alabanzas su compromiso de cumplir la promesa el próximo año.
Una vez que “San Roque” retorna a la Iglesia del mismo nombre, se procede al “encierro” de la Fiesta. El Santo es ubicado al pie de las escalinatas y mira al pueblo. Los “chunchos” desarrollan, junto a la comunidad religiosa de Tarija, el más emocionante acto de la fiesta: cantan la alabanza a “San Roque” al son del “redoblante” y del “quenillero”.
Por otro lado, miles de personas emocionadas, se ubican frente a la Iglesia y saludan a “San Roquito” con pañuelos blancos. El fervor religioso del promesante “chuncho” y la creatividad artística popular han logrado que el 8 de septiembre de 1998 durante la gestión del Gobierno Constitucional de Hugo Bánzer Suárez, la Fiesta de “San Roque” haya sido declarada “Patrimonio Histórico Religioso y Cultural” de la ciudad de Tarija.
Hoy, por su simbolismo y carisma, la Fiesta atrae a más de 50.000 personas y despierta la nostalgia de miles de tarijeños dispersos en el mundo entero.

San Roque, el francés
peregrino
San Roque Nació en Montepellier; Francia el 16 de Agosto de 1295 en un hogar de próceres de la nobleza francesa, fueron sus padres; Don Juan de la Cruz y Doña Liberia; su nobleza descendía de los  cristianos Reyes de Francia.
Su padre era un acaudalado gobernador de la ciudad que heredó a su hijo toda su fortuna. A la muerte de sus padres distribuyó su riqueza a los pobres, tomó el hábito y el báculo del peregrino y viajó a Italia, en cuyo territorio la peste asolaba a sus habitantes.
San Roque se dedicó a los enfermos devolviéndoles la salud. Contrajo la peste en Plasencia, pueblo a orillas del río Po ocultándose en una choza.
Gothar, miembro de la nobleza, advirtiendo que su perro diariamente se perdía llevando una ración de pan, siguió los pasos del can y pudo comprobar que no sólo llevaba alimento, sino que lamía las llagas del francés.
Conmovido el joven aristócrata hizo curar a San Roque; una vez repuesto el enfermo, pudo regresar a su tierra natal; donde calumniado como espía murió en una celda carcelera a los 32 años de edad el 27 de agosto de 1327.
Durante la época colonial, cuya fecha no se conoce con precisión; una epidemia o peste (lepra) asoló a la ciudad de Tarija. Para calmar la angustia de este flagelo implacable, los pobladores  de la región, conocedores de las curaciones del francés, invocaron el auxilio de San Roque.
Relatan que la epidemia cesó entonces, el vecindario de la población entera agradecida por el visible milagro que hizo San Roque resolvió festejarlo todos los años durante el mes de septiembre como médico de los pobres.
La imagen de Santo Peregrino, lleva puesto un traje de acuerdo a su alto rango de nobleza y recorre las principales calles de la ciudad visitando los templos y hospitales citadinos acompañado de los promesantes “Chunchos”, quienes entonan cánticos de alabanza y despedida rogándole su intercesión ante Dios, hasta el próximo año.

De San Bernardo
a San Roque
Pero hay también unos datos históricos que esbozan parte del origen de esta veneración en Tarija. Según el historiador Edwin Rivera Miranda, don Francisco de Toledo, que ordenó la fundación de Tarija, dispuso que llevaría el nombre de San Bernardo, por ser éste Santo, hidalgo abogado que encarna la pureza de las fantasías religiosas.
Más los pobladores, al decir de los oidores de la Audiencia de Charcas, no podían estar dentro de esas finalidades debiendo tener su “Santo” que los protegiese de los ataques de los salvajes. Así cuentan que designaron a tal finalidad a don Francisco de Chávez la elección del “Patrono” que debía ser el reflejo de sus afectos y alegrías y médico de sus dolencias.
Don Francisco Chávez era el más agudo pensador del Cabildo y el más ingenioso rimador de la frase. De esta manera, vino San Roque a ser el Santo del Cabildo, a cuyo nombre se elevaban al Señor, las preses para que extermine las pestes y los males de los pobladores, en esos tiempos la lepra.
Se dispuso los festejos en la forma más resonante. Los indígenas del partido de Canasmoro trajeron sus “Cañas”, que entonan la música lúgubre del dolor y que toca las fibras del recuerdo. Los de la Vitoria y Erquis, trajeron la “Caja” y el “Erque”, que evocan días de claro vivir, cuando los “Orejones” abatían a los chiriguanos, y los “Chunchos”  y los “Diablos” venían a engalanar los festejos.
Año a año la fiesta del Cabildo, crecía en fe, el comercio tomó como filón la “Feria”; y la Iglesia tonificaba su propaganda; incrustando en el “chapaco” la adoración a Dios. Días paganos, semanas de intercambio en la vida rural. Después…el comercio tonificaba sus arcas. La sociedad, se estrechaba, se comunicaba. Bailes y toros como en la vieja España.
“Transcurrieron los años, y las pretensiones de la civilización trató de borrar los ensueños de nuestros antepasados…Después, esas fiestas paganas, esas ferias de la conquista, esos días de bacanal, de explotación comercial y de profanación religiosas, fueron desapareciendo. El siglo las empujó”, dice Rivera.

 

La historia detrás del leprosario de Lazareto

Para completar la historia de esta tradición se debe hablar también del leprosario ubicado en la comunidad de Lazareto.
Más de un siglo después, los comunarios de la zona recuerdan aún los relatos de sus abuelos sobre la existencia del sanatorio construido por los franciscanos para destinar a las personas aquejadas con el “mal de San Lázaro”, la lepra.
“La construcción la hicieron los franciscanos, con ayuda de gente que han traído de otros lugares”, explica doña Benigna Gareca, cuya familia habita en la zona desde hace varias generaciones y quien oyó las historias de la voz de sus abuelos.
No quedan claras las razones por las que el sanatorio fue cerrado pero existe una leyenda  que hace referencia a que los enfermos de lepra fueron asesinados y el sanatorio incendiado.
Hoy sólo quedan las ruinas del sanatorio, el cementerio y la capilla que fue recientemente restaurada a iniciativa del municipio de Cercado.
El cementerio se ha convertido en el camposanto de las comunidades vecinas. En un lugar más cercano a la capilla se pueden aún ver las tumbas antiguas en las que se presume fueron enterrados los enfermos de lepra que fallecían en el lugar.
En una de ellas se puede leer 2 de enero de 1920, tallado toscamente en la piedra clavada en el suelo para marcar el lugar.
Diversos letreros van indicando cuáles fueron los ambientes de los que constaba el antiguo “lazareto”, un pabellón de mujeres con su respectivo patio, que según doña Benigna, quien nos guía por el lugar, debió ser un huerto.
También se ha señalizado el sendero que lleva a las aguas curativas que bajan del cerro y caen en pequeña cascada en primavera y que se dice que los enfermos utilizaban para lavar sus heridas que iban sanando gracias al poder de estas aguas.
Pero además se cuenta que San Roque apareció un mes de septiembre durante la colonia y curó las heridas de los enfermos. Los principales beneficiados del milagro habrían sido los guaraníes, quienes desde esa oportunidad fusionaron sus rituales contra la enfermedad a su deidad, Tumpa, con la devoción por San Roque.
Todos estos rastros históricos habrían dado origen a la celebración del Santo Curandero y aunque antiguamente había celebraciones de los otros patronos, San Bernardo y San Juan Evangelista, fue San Roque quien finalmente pasó a ser el patrono preferido de la región.
Aunque la lepra abandonó la ciudad y el antiguo hospital desapareció, la fe sigue intacta. Para demostrarlo, los chunchos representan a los enfermos de antaño, recordando la época en que estos hombres bajaban a la ciudad para pedir limosna, alimento y agua.