El Ministro y su fracking van en serio

Mar 16, 2018

Los comentarios del ministro de Hidrocarburos Luis Alberto Sánchez sobre la potencialidad de Bolivia en materia de hidrocarburo no convencional no son gratuitos. Nunca lo fueron los anteriores globos sonda que periódicamente fueron lanzando para preparar a la opinión pública para una determinada decisión, como cuando se levantó la protección a las Reservas Naturales. Con mucha probabilidad el Gobierno de Evo Morales, el que se ha presentado al mundo como el Gobierno de la Madre Tierra, está a punto de dar vía libre a las técnicas de exploración más agresivas y peligrosas que se conocen en el planeta. El fracking llama a la puerta de Bolivia.

El Ministro de Hidrocarburos fue ratificado en su cargo el 21 de enero y suma su tercer año al hilo al frente de la cartera más importante del país. Tal como se ha demostrado con el último resfrío de precios y los impactos que ha causado en la economía, Bolivia sigue dependiendo de sus hidrocarburos para cuadrar sus cuentas. En este tiempo, Sánchez ha logrado tomar el poder de todo el aparato hasta el punto de forzar un cambio de Ley para convertirse en el presidente del Directorio de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), es decir, quien en última instancia define los temas importantes. Por el otro lado, Sánchez se ha caracterizado por hacer muchas promesas y anuncios. En ese aspecto, la sombra de su antecesor, el también tarijeño Juan José Sosa, que culminó la planta separadora del Chaco, la termoeléctrica del sur, la separadora de Río Grande y dejó muy avanzado Bulo Bulo, es alargada.
No parecía difícil el reto de Sánchez al asumir el cargo en 2015. Tenía por demás momentos para figurar. El plan estaba trazado: Culminar la planta de urea, licitar la petroquímica de propileno de Yacuiba, culminar la negociación de renovación de contrato con Brasil, mantener los niveles de producción y explorar… No debía salirse demasiado del guión. Él mismo planteó esos ejes como sus prioridades.
Sánchez acabó la planta de urea, aunque tardó mucho más de la cuenta en ponerla en producción. Al parecer había un problema con el volumen que iba a consumir y el incremento de exportación que se debía cumplir con Argentina. Con muchos retrasos entró en funcionamiento en 2017 y todavía sigue con problemas.
Sánchez debía velar por la licitación de la planta de polipropileno de Yacuiba, que con cierto retraso se elevó a pública con mucha expectación y acabó naufragando en medio del escándalo de la compra de los taladros en abril de 2017. Era abril del Bicentenario de Tarija y la licitación tenía informe de adjudicación pero nadie se atrevió a poner la firma en aquel informe redactado por toda la plana administrativa bajo sospecha. Este 2018 la planta se ha quedado sin presupuesto y nadie puede asegurar que vaya a tener en 2019.
Peores problemas ha tenido que lidiar con la producción, que en momentos ha llegado a estar en equilibrios con la exportación, llegando incluso a no cumplir lo previsto en algunos días de junio 2017, y con la exploración, que sigue sin dar frutos.
Sánchez, lejos de amilanarse se ha lanzado por la vía del medio. El proyecto de la petroquímica ha sido sustituido por la promesa de las plantas de etanol que acabará beneficiando al grupo amigo y que ya sirve para vender ideas y promesas. Como la de los 30.000 futuros empleos, probablemente de zafreros.
El órdago ha llegado con su nuevo objeto de deseo, el fracking, el no convencional. Sánchez no duda en insistir en que Bolivia tiene más reservas de ese tipo que Argentina. Resulta curioso que la insistencia aparezca justo cuando la empresa encargada de certificar las reservas convencionales está en pleno trabajo, luego de las demoras y las muchas llamadas al optimismo.
La apuesta es doblemente arriesgada. Morales se ha labrado una imagen de líder ecologista en el plano internacional y apostar por el fracking, una técnica que consume cantidades ingentes de agua y amenaza los acuíferos, es sin duda una de las grandes contradicciones del régimen. Hace tres años el Ministro Juan Ramón Quintana condenó la práctica y le dedicó todo tipo de calificativos demoníacos a esa técnica que, cuando menos, es poco respetuosa con los procesos naturales de la Madre Tierra. Las urgencias parecen mandar ahora en la agenda de los hidrocarburos, pero entre tanta “celebración”, apenas queda tiempo para recordar los cimientos.