El Brexit y el miedo dan una victoria rotunda (pero insuficiente) al PP en España

Escrito por  Jun 26, 2016

Ni las encuestas más favorables, ni siquiera las propias, otorgaban una victoria tan holgada al Partido Popular en las elecciones de este 26-J. Mariano Rajoy mejora sus resultados respecto a las del 20 de diciembre con 137 escaños y lo acerca a su intención de revalidar la presidencia, aunque para ello deberá encontrar socios en el parlamento que le acerquen a los 176 necesarios. De lo contrario, esta volverá a ser una legislatura fallida.

El triunfo del PP, que ha sumado 14 escaños más que en diciembre y ha ganado en todas las comunidades autónomas salvo Cataluña y País Vasco no ha sido la única sorpresa, y es que una vez más se demuestran que las encuestas pre electorales sirven más a los intereses de los grandes medios de comunicación que a la clarificación de la situación política. Desde el mismo día que se convocaron las elecciones los sondeos de todos los grupos mediáticos, incluso el público del Centro de Investigaciones (CIS) aseguraron que Unidos Podemos, la coalición de Izquierda Unida y el partido de Pablo Iglesias que se aupó a la tercera posición en las elecciones de diciembre, con 2 y 69 escaños respectivamente y casi seis millones de votos, superarían al Partido Socialista de Pedro Sánchez, que salvó los muebles en diciembre con 90 diputados.

Nada de esto ha sucedido. El PSOE ha perdido votos y escaños (se queda en 85), pero está todavía lejos de los 71 que ha vuelto a sumar Unidos Podemos. Como si no hubiera pasado nada.

En marzo, Sánchez, crecido por su segundo lugar, por la mayoría de izquierdas que sumaba en el parlamento y por la negativa de Rajoy a intentar la investidura por su incapacidad de sumar acuerdos, decidió dar un paso adelante y apoyado en Ciudadanos de Albert Rivera y sus 40 diputados se sometió a las Cortes para intentar formar gobierno. Evidentemente no llegó a nada puesto que lo mínimo es 176 diputados o más Síes que Noes. Sánchez ha pagado en las urnas la osadía, pero también Rivera, un liberal ortodoxo que se presentaba tirando de juventud y carisma pero a quien sus propios votantes situaban cerca del PP por su proximidad ideológica con las recetas de la derecha. Rivera ha pagado en esta ocasión su osadía y sus votantes, la mayoría trasvasados desde el PP han decidido volver a la matriz apelando al voto útil. Con todo, los 32 escaños de Ciudadanos pueden volver a ser decisivos, esta vez de la mano de Mariano Rajoy.

El sistema parlamentario español no permite sacar rápidas conclusiones, más después de una campaña tensa y polarizada, continuidad de la de diciembre que no fue menor y en la que los líderes se han dicho de todo. Lo cierto es que se requieren 176 escaños y que el PP junto a Ciudadanos, del centro derecha liberal – conservador, suman 169 y que los siete escaños que faltan pueden salir carísimos, pues deberían apelar a los nacionalismos a los que permanentemente durante cuatro años han criminalizado. Solo Coalición Canaria, con 1, parece proclive a apoyar. Más difícil es lo del Partido Nacionalista Vasco (PNV) con 5 y elecciones autonómicas a la vuelta de la esquina. Imposible es con los nacionalismos independentistas de Esquerra Republicana de Cataluña (9), Convergencia Democrática de Cataluña (8) o Bildu (2).

Todos estos últimos han anunciado que votarán NO al Partido Popular, al igual que Unidos Podemos y al igual que el PSOE. Sin embargo, la posibilidad de este otro bloque de intentar una coalición se antoja también imposible.

La sensación en el PSOE, pese a salvar los muebles, es de derrota. 85 diputados para el partido que más años ha gobernado España desde el retorno de la democracia son demasiados pocos. Además la izquierda ha bajado en votos. Sánchez no intentará esta vez ninguna aventura y solo es posible que salve su cargo al frente del partido por otra derrota más sonada, la de su rival en el partido y líder de Andalucía, Susana Díaz.

Pablo Iglesias por su parte ha asumido la derrota sin aspavientos, reconociendo que esperaban mejores resultados y argumentando sobre la velocidad con la que ha crecido su fuerza política, que hace solo dos años no existía. Su discurso ha sonado a que ocuparán discretamente su lugar en la oposición y no forzarán unas terceras elecciones, porque no contemplan la abstención para facilitar el gobierno de Rajoy pero tampoco el de apoyar un gobierno de PSOE – Ciudadanos.

El Partido Popular de Mariano Rajoy ha vuelto a demostrar musculatura en unas elecciones realizadas en mitad del verano español que ha disparado la abstención quedando como principal beneficiario. El partido que en los últimos años ha acumulado un escándalo semanal de corrupción ha demostrado que las prioridades de los españoles son otras, o eso parece. El Partido de los recortes y la austeridad, de las subidas de impuestos a los más pobres, de las amnistías fiscales para los más ricos, y que ha mantenido el índice de desempleo por encima del 20 por ciento está más cerca de renovar su mandato. El Partido Popular vuelve a ser el valor refugio de la España conservadora y aburguesada, la que se creyó lo del miedo a Podemos que el lobby mediático situó en sus encuestas como segunda fuerza y la que prefiere tener un malo conocido para pilotar a España en la desmembración de la UE que augura el Brexit.

Esta vez Mariano si saltó en el balcón de la calle Génova, ese cuya reforma pagó en dinero negro según el Tribunal Supremo. Sus planes le han salido bien, pero ojo, porque la aritmética es tozuda, y de momento, no suma.