Kimba, de esclavo a Rey

Escrito por  Rafael Sagárnaga/El País eN Nov 03, 2014

Normalmente, dos de cada diez leones machos llegan a adultos y sólo algunos de estos logran reinar sobre su manada hasta viejos. La vida de este símbolo viviente del poder, el triunfo y la gloria es alterna constantemente entre el descanso y la guerra. En las selvas, mientras conviven en manada, cada jornada es un llamado a matar o morir, atacando, o a sobrevivir, tras ser atacado.

Sin duda, cuando los machos deben deambular como nómadas para formar su manada la batalla diaria resulta aún peor.   
Resistir para vencer les es una constante de principio a fin. Ya los cachorros de león tienen, primero, que luchar por no ser relegados en la disputa por la leche materna. Si van cediendo, suman cada vez más riesgos de debilitarse y en el transcurso de algunas semanas morir de hambre. Vencida esa prueba les toca aprender a refugiarse en el centro de la familia cuando hienas, águilas, búfalos, serpientes…y hasta otros leones quieren matarlos. Mientras tanto, sus madres libran feroces batallas para defenderlos. Eso en las selvas africanas. (1)
Con el tiempo a los leones les han surgido otro tipo de batallas y fieras que enfrentar: los cautiverios y las bestias que razonan. Así empezó la historia de Kimba, “el león chapaco”. Tal vez nació libre y, tras algún safari resultó raptado a manos de traficantes. Tal vez ya nació esclavo. Lo que está confirmado es que llegó a Tarija en un circo pobre alrededor del año 2000. Se estima que para entonces tenía 5 o 6 años de edad, entrando a la adultez.

De una tortura a otra
Los cirqueros los compran necesariamente pequeños. Por lo tanto, la lucha de Kimba tuvo que transcurrir, por lo menos, durante su adolescencia y juventud. Debió resistir los conocidos tratos que las grandes fieras reciben a manos de los domadores. “La rutina es el entrenamiento mediante golpes y amedrentamiento –describen los activistas de Personas por el Trato Ético de los Animales  (PETA)-. Se sirven de cuerdas, collares, bozales metálicos, mangos eléctricos, látigos y ganchos, que son herramientas típicas de un circo”. Más adelante añaden: “Algunos entrenadores, suelen decir que utilizan métodos positivos como el refuerzo y las recompensas. Pero muchas veces estos se dan bajo situaciones abusivas: premiar con comida sólo funciona en animales hambrientos.” (2).
Lo particular del caso Kimba es su entrega temprana al zoo tarijeño. Vale decir que los cirqueros se deshicieron de él en un momento normalmente muy favorable para su exhibición.
Tal vez, fuese por falta de pericia o por la propia reacción de Kimba que no lograron sus propósitos. “Los leones son los felinos más difíciles de adiestrar, 100 veces más que un tigre –ha señalado el responsable de Big Cat Rescue, Antle Bhagavan, un ex entrenador estrella (3). En incontables oportunidades han protagonizado feroces y hasta mortales reacciones contra sus entrenadores”. Como sea, un día del año 2000, Kimba dejó para siempre la estrechez de las jaulas con ruedas, las explanadas de aserrín y los latigazos de las exhibiciones y entrenamientos.   
Tenía la edad en la que sus pares libres en el Serengueti o el Massái Mara apuestan el pellejo por un reino. Curtidos por un sinfín de combates como jóvenes nómadas alejados en su madurez de la propia desafían al líder de alguna manada. El combate por el poder puede ser fatal. La victoria deriva en una vida social que no deja de sorprender a los zoólogos. Los leones son los felinos con los más desarrollados códigos de relación familiar y grupal.
 “Se comunican con un conjunto de expresiones faciales y posturas corporales que son gestos visuales. Se frotan y rozan la cabeza, reparten entre sí lametones sociales. Demuestran además un particular repertorio de sonidos que van desde el clásico rugido hasta maullidos, ladridos, respingos y toses. Han desarrollado estrategias de caza e incluso sus estilos de pelea responden a sorprendentes estrategias de fuerza y plasticidad”. (4) Como reyes de la manada embarcan a sus súbditos y reinas a nuevas guerras de territorio y supervivencia. Allá en las praderas africanas cruzadas por ríos y sobre singulares montículos de piedra los líderes de las manadas suelen divisar el horizonte infinito. Se muestran victoriosos, como gobernando desde un trono o, mejor dicho, desde el más conocido de los tronos.    

Sobrevivir y
resistir
Para Kimba el tiempo de reinado no llegó en su debido momento. Le tocaba desafiar otras adversidades. A esa edad, en zoológico de Tarija, este león fue confinado en una jaula de menos de 30 metros cuadrados sobre una superficie de cemento. La superficie mínima recomendada por los zoólogos para un felino de esta especie son 2.000 metros cuadrados (5). Pero Kimba, en esa estrechez, pasó una década soportando que decenas de ignorantes, especialmente los fines de semana, intenten forzarlo a rugir. Recibía pedradas, puntillazos, gritos y silbidos de diversa intensidad.   
Sufría además por el ruido tormentoso de los camiones y buses que pasaban detrás de su cubil desde las 05.00 hasta las 23.00. Respiraba un aire impregnado por el esmog vertido por esos motorizados. Adicionalmente tenía una dieta pobre y aguantaba los penetrantes fríos del invierno chapaco, debido a las limitaciones económicas del zoológico tarijeño.
Así la guerra de este león se llamó sobrevivir y resistir. Sobrevivir devorando carroña y sobras, y caminando miles de leguas circulares sobre el duro cemento. Resistir buscando en el cubil el frágil sueño roto por el bramar de motores, agitando el enmallado metálico, rugiendo al infinito su solitaria tragedia.      
Diez años de lucha diaria frente a la civilización le fueron mermando las fuerzas y la salud. Ya había llegado del circo con infecciones crónicas en dientes y encías, debido a las barras de metal que les introducen los domadores (6). En el zoo éstas se agudizaron. También presentaba heridas no cicatrizadas en torno a las garras. A ello se sumó una catarata que le fue anulando paulatinamente las funciones de su ojo izquierdo. Había empezado a perder peso, a tener problemas hepáticos y a sufrir una incipiente artritis en sus extremidades (7).
Su muerte tortuosa parecía decidida, ya había sucedido algo similar en el zoológico de Oruro. Allí un león llamado Fido murió en su cubil el año 2006 con la mayoría de sus órganos en estado de descomposición. Los huesos, riñones e intestinos de Fido se fueron destrozando lenta y dolorosamente en vida por las condiciones a las que fue sometido. Pese a sostenidos reclamos de activistas e instituciones, el alcalde Édgar Bazán, concejales ediles y dos sindicatos de gremialistas impidieron cualquier posibilidad de traslado. La lucha por salvar a Fido fracasó en medio de las lágrimas de las activistas orureñas y la tozudez de Bazán. Aquel Alcalde llegó a decir que Fido era un “patrimonio similar al Carnaval de Oruro” y que no lo dejarían partir. Aseguró que era un “león andino”. Relató, incluso, que él iba a divertirse con sus hijos al zoo para ver a Fido” (8).
Pero esta vez la resistencia de Kimba empezó a sumar aliados, incluida la mayoría de las autoridades ediles. Voluntarios de organizaciones como la Sociedad Protectora de Animales de Tarija (SPAT), Animales SOS, Amor Por los Animales de Bolivia (APLAB), la Dirección General de Biodiversidad (DGB) y el periódico EL NACIONAL (9) empezaron a abogar por el gran felino prisionero. También se plantearon proyectos para enviarlo a un destino mínimamente digno.  
Surgió la posibilidad de remitirlo a un refugio en Brasil. Otras voces indagaban sobre santuarios de felinos en México. Alguna se resignaba a construirle un espacio con cierta holgura y silencio en las afueras de la ciudad. Y de pronto, cosas del destino, se supo que Kimba podría sumarse a una virtual manada que se había ido reuniendo en Santa Cruz.
Confluyeron diversos factores. El Gobierno boliviano había promulgado la Ley 4040, que prohíbe el funcionamiento de circos con animales en todo el territorio nacional. Los activistas de diversas organizaciones defensoras de animales habían intensificado sus denuncias sobre los maltratos. Y la fundación Animal Defenders International (ADI) había decidido aprovechar el nuevo marco legal para organizar el mayor rescate de felinos conocido hasta entonces: El Arca de los Leones.
Desde noviembre de 2010 hasta principios de febrero de 2011 ADI, los voluntarios y las autoridades bolivianas realizaron operativos para recuperar leones de circos. Se había rescatado desde diversas poblaciones de Beni y Santa Cruz a 12 machos (dos cachorros) y 12 hembras (una cachorra).  Fue cuando llegó la solicitud de Tarija.

Nueva vida y esperanza de Kimba, el león chapaco

 Y la vida de Kimba dio un nuevo giro el 4 de febrero. Técnicos y veterinarios temían, como pasó en otros casos, dificultades para hacer que el león ingrese al contenedor especial, pero éste subió majestuosa y serenamente por la rampa. Luego fue trasladado hacia Santa Cruz antes de su destino final.
Sobre la partida de Tarija los responsables del Arca de los leones guardan un especial recuerdo. “Recuerdo a una multitud de gente aglomerada para despedir cariñosamente a Kimba –dice Tim Phillips, vicepresidente de  ADI-. Todos ellos celebraron al ver a Kimba partiendo en el vehículo. Cuando nos dirigíamos al aeropuerto la gente en las calles aplaudía y saludaba. Quedamos muy conmovidos, parecía que todos en Tarija querían una nueva vida para ese viejo león. En general tuvimos un gran apoyo para el proyecto en toda Bolivia, pero en Tarija fue algo muy especial y emocionante”.  
Juan Pablo Olmos, de ADI, relató que la reacción de Kimba al unirse al resto de los felinos en Santa Cruz  fue muy particular. Probablemente nunca estuvo en contacto con otros leones. Tan pronto llegó entró en ansiedad y curiosidad. “Olfateaba todo y rugía a cada instante. Tener compañía de otros como él cambió su actitud, porque él rugía y los otros machos también le contestaban”. Kimba, el león mayor del arca, ahora tenía quién le respondiese.
La madrugada del 16 de febrero de 2011, un avión DC 10 de la Fuerza Aérea Boliviana trasladó a Kimba. Viajó junto a los otros 24 felinos, hasta Denver, Colorado EEUU.
Tras unas semanas de cuarentena y adaptación, Kimba fue ubicado en el refugio “The Wild Animal Sanctuary” (Santuario del Animal Salvaje), en un área de 18 hectáreas.  
“El paisaje es muy parecido a la savanna rocosa del África – describe Phillips-. Durante el verano cuando los pastos están altos y llenos de flores, los leones desaparecen completamente de la vista”.
Es la nueva y final etapa del “león chapaco”. “Él es ahora un anciano de aproximadamente 18 años, posiblemente más. Se ha vuelto mucho más lento. Este año ha sido el primero en que Kimba se ha empezado a mostrar mucho mayor –dice Jan Creamer, presidenta de ADI. (…) Pero a pesar de sus años, ¡aún ama rugir hacia sus vecinos de la casa de los leones para recordarles de que él es aún el jefe!”.
Sobre los pastos de la pradera desde 2011 Kimba también ha compartido su espacio eventualmente con India, una joven leona, también criada en solitario. Ella se ha convertido en su más cercana compañía, con sus particulares códigos. Los responsables de ADI relatan que la diferencia de vitalidad y edades a veces los alejan. Kimba suele entonces optar por aislarse para aún contemplar el horizonte, como un rey. ¡Qué viva el Rey!

REFERENCIAS

(1) Macdonald, David (1984). The Encyclopedia ofoff Mammals. Nueva York: Facts donde Hilo. p. 31. ISBN 0-87196-871-1. (Citado por wikipedia)
(2) Citado en http://www.animanaturalis.org/p/1372
(3) http://animalsversesanimals.yuku.com/topic/4632/TIGERS-question-about-Dr-Antle#.VFZZTlf6LFw
(4) Schaller, Simpson, J., Weiner, E. (eds), ed. (1989), «Lion», Oxford English Dictionary (Citado por Wikipedia)
(5) Cuidados para los leones en cautiverio - http://www.americatv.com.pe/noticias/actualidad/que-cuidados-deben-tener-leones-cautiverio-n149633
(6) Entrevista a Tim Phillips de El País eN
(7) Entrevista a Tim Phillips de El País eN y Nota de EL NACIONAL del 17-02-11
(8) La Prensa (publicaciones de Julio de 2005 a octubre de 2006.
(9) El diario EL NACIONAL se fusionó con El País en septiembre de este año.