Potosí, un desafío

Escrito por  Ago 18, 2010

Por José Gramunt de Morgas, S.J.

Los 18 días de paro cívico total en Potosí han dado una nueva medida del tremendismo de la política nacional en este momento.

Mientras en la Villa Imperial los cívicos enfrentaban al Gobierno, el Sr. Presidente repetía su insistente acusación de todos los males los causa la derecha y los Estados Unidos. Cualquiera podría imaginar que un regimiento de “marines” había ocupado la ciudad y estaba saqueando el Cerro Rico y llevándose la plata que no pudieron sustraer los españoles. En realidad, la protesta numantina fue motivada porque el Gobierno dejó de de cumplir las promesas que les había hecho a los potosinos y por las que éstos habían votado por Don Evo.

Los tardíos intentos de negociación fracasaban sucesivamente porque ninguna de las partes estaba dispuesta a ceder. Los cívicos se mostraban irreductibles en sus seis exigencias. Al Gobierno le tomó de sorpresa y no sabiendo qué hacer, optó por esperar la solución por el cansancio de los huelguistas hambrientos pero rebeldes. Las llamadas fuerzas del orden tenían orden superior de no actuar, ni siquiera para dar auxilio a quienes lo necesitaban. Inevitablemente, se llegó a la violencia. Transportistas a quienes se habían bloqueado los caminos pelearon contra los bloqueadores mineros que iban armados de cachorros de dinamita. Hubo heridos. A un minero, la hazaña le costó una mano. ¿Valía la pena tal sacrificio?

La experiencia y la historia - que  son casi lo mismo - enseñan que, en el fragor de los conflictos,  los líderes realmente poderosos pueden permitirse el lujo de ceder algunos triunfos al adversario, sin que la cesión sea una pérdida de autoridad ni majestad. Por el contrario, aquellos que, encumbrados en un puesto de poder sin poseer, al mismo tiempo, la grandeza de ánimo que esto demanda, nunca aflojan porque temen perder cualquier migaja. La magnanimidad espléndida no coincide con la avara tacañería. Los más próximos colaboradores de los caudillos son quienes más temen perder sus prebendas.

Al fin de 18 días de duras tensiones y privaciones de la población y de los turistas que habían quedado atrapados, se halló la mágica solución de nombrar tantas comisiones como demandas. Las comisiones son una dudosa receta de la farmacopea socio-política barata: Valga el pareado: Cuando no encuentres solución, nombra una comisión. Ahora, las ovejas díscolas volverán a sus apriscos a esperar que el tiempo cumpla la tarea que no supieron llevar a cabo los que tenían por oficio sanar la enfermedad. O el problema pasará al olvido. Mientras la gente peleaba, y ahora mismo analiza este y otros casos de protesta, se oye al unísono una voz que repite. “Evo está tomando su propia medicina”. ¿Empacho de poder, por un lado y desengaño por el otro?  (Pues, aceite de ricino o de hígado de bacalao…). No nos hagamos ilusiones. Estos remedios tan antiguos como los usos y costumbres digestivos de la asendereada humanidad, pueden aliviar por un tiempo las molestias de algún tonto. Lo que ahora cuenta es que el Gobierno cumpla lo prometido en lugar de buscar enemigos imaginarios y que los valerosos potosinos hagan ejercicios prácticos de sentido común.