LA ASUNCIÓN DE MARÍA

Escrito por  Ago 14, 2010

Nayú Alé de Leyton.

El 1ro de Noviembre de 1950 el papa Pio XII proclamó la asunción de la Virgen al cielo como dogma de fé, como verdad que se arraiga en la revelación.

En Oriente ya en el siglo VI encontramos la fiesta del Tránsito o de la Dormición de María, su celebración había sido fijada para el 15 de Agosto por un decreto particular del emperador Mauricio.

Estos títulos de la Dormición o Tránsito, nos revelan el cuidado de la iglesia en no usar otros términos que pudieran contener la idea de corrupción del cuerpo de Quién había dado un cuerpo al Verbo de Dios.

Después de unos años ya se hablaba de la Asunción, es decir de la plena exaltación de María, inmediatamente después de su muerte, en otras palabras de su plena inserción en la vida de Cristo resucitado.

Cuando el papa Pio XII proclamó el dogma de la Asunción de la Virgen María, no hizo otra cosa que recoger una tradición cristiana de más de 1500 años.

La fiesta de la Asunción más allá de toda explicación, entiende celebrar a María la primera de todos los creyentes, la más fiel discípula de su Hijo, es el destino que está reservado a cuantos escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica.

El papa Pablo VI ha resumido el concepto sobre la Asución en ( Marialis cultus 1974) “La solemnidad del 15 de Agosto celebra la gloriosa asunción de María al cielo, es la fiesta de su destino de plenitud y de beatitud, de la glorificación de su alma inmaculada, de su cuerpo virginal.”

Celebremos en María el comienzo de los nuevos tiempos, la aurora de la nueva creación, Ella está al lado del Rey de los siglos, resplandece como Reina e intercede como madre.

María es nuestra madre, su vida humanamente sencilla es un ejemplo que debemos seguir en su obediencia, en su fé, en su generosidad, en su humildad.

Ella es nuestra esperanza, por que la madre es la esperanza de los hijos, el apoyo, el refugio.

¿Por qué vamos en su busca al santuario de Chaguaya? Porque nos sentimos hijos, hijos necesitados de consuelo, de ayuda. A sus pies depositamos toda nuestra pobreza, nuestras necesidades, nuestras preocupaciones, allí vamos a confiarle nuestros secretos y a pedirle que interceda por nosotros.

Ella con su infinita bondad nos acoge a todos, sin hacer diferencias, aunque muchos la olvidamos durante todo el año y solo la recordamos una vez en su fiesta.

Sin embargo nos espera con infinita dulzura y nos dice como en las bodas de Caná “Hagan lo que El les diga” (Jn.2-5) ¿Y qué nos dice Jesús? ¡Ámense los unos a los otros!”

La pregunta que cabe ahora? es ¿Qué impacto puede tener esta reflexión sobre la Virgen en cada uno de nosotros? ¿No sería conveniente hacer un alto al ruido de nuestra vida, al ruido del mundo material, de preocupaciones y actividades?. Nuestro mundo está lleno de ruidos  de automóviles, de música, de voces, etc. ¿No será necesario disfrutar de unos momentos de silencio exterior y sobre todo de silencio interior, y así poder encontrarnos con nosotros mismos, con nuestra conciencia y sobre todo con Dios?