Caudillaje andino

Escrito por  Jul 28, 2010

Por José Gramunt de Moragas, S.J.

La febril actividad legislativa que aprueba y promulga leyes a toda velocidad, pero sin debate y sólo obedientes a la voz de su amo, nos va dando a conocer qué es y qué no es el régimen político que nos gobierna.

Por de pronto no es parlamentarismo porque al Presidente no lo eligen los compromisarios sino que se elige directamente por el voto directo de la ciudadanía. Tampoco es un régimen presidencialista, sino mucho más, pues, si bien al Jefe de Estado y de Gobierno (todo junto) lo eligen los ciudadanos, sin embargo, ejerce no sólo el Órgano Ejecutivo sino que ordena y manda discrecionalmente en el legislativo, en el judicial y cuanto se le ponga por delante. ¿Entonces en qué categoría se inscribe el gobierno de Bolivia? Adelanto que es un sistema original o estrafalario que no suelen mencionar los manuales de ciencias políticas al uso.

El actual sistema boliviano es una extravagante mermelada compuesta de caudillismo populista, autoritario, constitucionalizado al gusto del consumidor, racismo excluyente, socialista asociado al capital privado, laico-animista-sincrético y otras peculiaridades exóticas para el estudioso. Decía que el régimen es caudillista. El jefe del Estado y de Gobierno toma las decisiones por sí y ante sí, y no necesita rendir cuentas a nadie. Se trata asimismo de un caudillaje andino que desestima el pluralismo partidista, y que se apoya en los movimientos sociales, una suerte de milicias sindicales que ejercen el control social de todo lo habido y por haber. Ministros, jueces, fiscales, administradores y demás miembros de la maquinaria del Estado, así como políticos, periodistas y otros ciudadanos que todavía piensan y respiran, estarán bajo la observación atenta de los movimientos sociales. Alguno podría llamar a este sistema, un Estado policial.

De ninguna manera puede llamarse democracia representativa desde el momento en que consagra el voto comunitario, dirigido y vigilado. Y porque el Órgano Electoral, así como el órgano Judicial y el Tribunal Constitucional,  están formados por personas que no garantizan la independencia ni la imparcialidad de lo juzgadores. Tampoco es democrático ni representativo porque convalida el voto comunitario, vigilado y por consigna obligatoria. Ahora bien: nadie dijo que el MAS fuera democrático. Nadie dijo que el MAS creyera que el voto universal, libre y secreto, fuese el único sistema legítimo para elegir a los representantes del pueblo. El dedazo es otro método más expeditivo y practicado.

¿El régimen es centralista o autonómico? Lo de autonómico es un camuflaje que oculta el centralismo de siempre. En efecto, el Gobierno desaprueba los estatutos autonómicos elaborados por las regiones orientales en exitosos referendos. Y por el otro lado el mismo Gobierno multiplicó por 36 las autonomías de las naciones autóctonas. El objetivo de esta creación es contrapesar las autonomías del Oriente  Boliviano.

Llama la atención que habiéndose llamado este sistema socialista comunitario, no sólo se haya apropiado de todos los bienes de producción sino que se haya asociado a los principales. Extraña que no haya nacionalizado la banca. Esta última, en uno de los inviernos más crudos de la historia, entona la vieja cantinela “la primavera ha venido, nadie sabe cómo ha sido”.